Iniciativa Debate Público

 


Soldados derrotados de una causa invencible

Posted: 30 Aug 2013 09:34 AM PDT

Iniciativa Debate Público

Alberto Arce | El Diario | 30/08/2013

(I) Fósforo blanco.

Fue el 14 de enero de 2009 mientras hacíamos la digestión tras engullir unas cuantas chocolatinas de emergencia cuando una llamada telefónica nos avisó de que el almacén central de las Naciones Unidas en la Franja de Gaza se quemaba tras el supuesto impacto de pastillas de fósforo blanco. Tardamos menos de 15 minutos en llegar a un recinto envuelto en llamas y calor. Media docena de trabajadores identificados con sus respectivos chalecos gritaban impotentes.

”Es fósforo, es fósforo, toda la harina y los medicamentos se han ido, es fósforo, esto es un gran crimen, no nos queda nada, esta es la ayuda humanitaria que la comunidad internacional nos había hecho llegar para alimentar a un millón y medio de personas”.

En una esquina, mirando la escena en silencio, John Ging, máximo responsable de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados vio que me acercaba cámara en mano y me preguntó.

“¿Quieres que te diga algo?”.

“No sé”, respondí, “lo que quiera”.

“Este es el resultado de un ataque directo sobre nuestras instalaciones. Y miles de toneladas de ayuda se han ido, por no hablar de los daños, esto es un desastre y una muestra de por qué este conflicto tenía que haber terminado incluso antes de comenzar”.

No era la primera vez que me encontraba con el fósforo, pero sí la primera en que podía grabarlo correctamente. Corrí a enviar las imágenes por satélite a un canal de televisión en España. Al mismo tiempo que el fósforo blanco caía sobre el almacén de alimentos, el secretario general de las Naciones Unidas llegaba a una capital vecina para anunciar un alto el fuego junto a una de las partes implicadas en el conflicto.

Pensé que documentar el uso de fósforo blanco contra un almacén de ayuda humanitaria de las Naciones Unidas abriría noticieros en todo el mundo. Me equivoqué. La rueda de prensa -y no el bombardeo- fue la noticia aquel día.

El fósforo blanco es un componente químico utilizado en teoría para cubrir movimientos de tropas en campo abierto. Atraviesa paredes, provoca horribles quemaduras, un humo tremendamente tóxico y provoca llamas durante días al contacto con el aire. Ni el agua ni la arena lo apagan. Su uso está prohibido no solo contra civiles, sino sobre zonas pobladas, imagínense si hablamos de los recintos de las Naciones Unidas.

Una foto que mostraba los fuegos artificiales mientras destruían una escuela ganó meses después el World Press Photo.

Se abrió una investigación que duró 9 meses. Se publicó un informe. No sucedió nada más.

El gas puede ser obsceno, como lo llaman estos días. El fósforo, amor romántico o vapor para una fiesta, me imagino, porque entonces, casi nadie se escandalizó.

(II) Intervención humanitaria.

Dos años más tarde, en mayo de 2011 me pasé tres días varado a varias millas de la costa libia. Tratábamos de entrar en la ciudad de Misrata. Rompíamos el tedio entre vomitona y vomitona escuchando a través de la radio del barco las conversaciones entre los rebeldes que defendían la ciudad de Misrata del asedio al que el ejército libio la sometía y un barco de la OTAN que decía ayudarles. Los rebeldes señalaban lugares desde donde la artillería pesada del ejército libio les bombardeaba. Los militares españoles y franceses respondían “recibido” y los rebeldes se quejaban porque pasaban días antes de que los aviones extranjeros atacasen o, porque cuando lo hacían, ya era tarde.

Pasé tiempo en las trincheras. Comí kilos de macarrones con pasta, dormí con ellos al aire libre y les escuché. Ni una palabra de elogio o respeto hacia esos extranjeros que teóricamente les ayudaban. “¿Por qué no nos ayudan, por qué se pasean por el aire pero no hacen lo que les pedimos, por qué no bombardean las posiciones que les damos para que podamos avanzar?.

La impresión que me llevé de la opinión de los rebeldes sobre la intervención extranjera fue: “Nos están utilizando. Antes ayudaban a Gadafi, ahora dicen que nos ayudan a nosotros, ¿quién puede confiar en ellos?”.

Corriendo por campo abierto y bajo fuego enemigo la sensación no es de Síndrome de Estocolmo sino de “quealguiensuelteunpepinoquehagaquedejendedisparardeunavezportodas” sin importar quien lo haga, por qué o contra quien. Decenas de reporteros empotrados en el bando rebelde hicieron, hicimos, lo que pudimos. Ya que el ejército gadafista no permitía la presencia de periodistas e incluso los asesinaba o detenía, nuestra posición en esa guerra civil era la de acompañar a quienes nos permitían acompañarles.

Empatía humana mediante aprendimos que si Alí, que era estudiante de filología inglesa, se convierte de un día para otro en miliciano que lucha por la libertad contra un dictador lisérgico, muestra valor y encima es de quien depende que no te peguen un tiro, la reacción está servida: por Alí, que al abusón sólo se le paraba golpeándole.

Omran fue nuestro traductor en Libia. Un tipo sensible, bueno y pacífico que nunca había disparado un arma, que se preocupaba por mí mientras tomaba notas y vigilaba que no me pusiese por error en la mira de ningún francotirador. El día que me despedí de él, le pasé los contactos de otros periodistas para que siguiese traduciendo y guiando extranjeros por la guerra que había decidido no combatir a tiros. Pero el ejército mató a su hermano y se enfadó. Pasó a formar parte de los tigres de Misrata y fue uno de los rebeldes que rodeó a Gadafi, a aquellas alturas un pobre viejo herido e indefenso y le torturó hasta matarlo.

Poco después de dejar Libia, una de tantas misiones de Médicos Sin Fronteras que tantas vidas salvó y tantos miembros amputó limpiamente evitando muertes o gangrenas durante el cerco de la ciudad, anunció que se retiraba de Misrata porque los rebeldes recurrían a los cooperantes extranjeros para que les ayudasen a reanimar a prisioneros gadafistas torturados con el objetivo de seguir torturándolos. La víctima convertida en verdugo.

Triste, decidí desconectar.

(III) Periodistas.

Dos años más tarde, cuando parece que quedan pocos días para que aviones y barcos occidentales bombardeen Siria en represalia por el uso -“obsceno”, dicen- de armas químicas y entren así aunque sea sin quererlo y como opción, dicen, menos mala, a apoyar a uno de los bandos enfrentados en una guerra civil, escucho en Managua una entrevista con Ernesto Cardenal.

El poeta, citando al obispo Pedro Casaldáliga, afirma que los miembros de la teología de la liberación son “soldados derrotados de una causa invencible” y me paro a pensar.

¿Cuál es para mí ahora, como periodista que creyó en tantas causas, la causa invencible que no implique teologías ni liberaciones por las que yo no esté dispuesto a luchar?

La de llegar, ver y narrar. La de los hechos. Ya sólo me queda esa.

Me han pedido que escriba sobre Siria, un país en el que sólo estuve años antes de que estallase la guerra y en el que me limité a constatar la existencia de un régimen que no permitía a los periodistas extranjeros trabajar con libertad.

Me han pedido también que trate de valorar lo que ha sucedido en Libia tras la intervención extranjera, cuando no he pisado Libia ni hablado con ningún libio en más de dos años.

Quizás, que trate de recordar mi experiencia en Irak y Afganistán, por si existiera algún paralelismo. Sólo alcanzo a pensar que hace pocos días, y una década después de una intervención extrajera en Irak, una cadena de coches bomba volvió a llevarse por delante a docenas de civiles iraquíes que compraban en algún mercado.

Cada vez que escucho esa noticia, demasiado a menudo, recuerdo a mi amigo Zaid, que por allí sigue, esquivando a la muerte.

Pero como periodista que ya solo cree en una causa, la de los hechos, y está convencido de que opinar es ciencia para expertos o tertulianos sin vergüenza, solo sé contestar que para escribir la pieza que me han pedido debería, primero, viajar  a Libia, luego a Siria, quizás también preguntarles a mis amigos en Bagdad cómo se sienten en 2013 y luego pedir al menos 20 páginas y un mes de reflexión para escribir antes de responder.

Un periodista que escribe sin eso es un periodista derrotado al que solo le quedan la primera persona y las emociones para responder a casi todas las preguntas. Eso soy, porque, derrotado, escribo en lugar de callar y respondo a la única pregunta que no me han hecho en esta ocasión.

¿Qué hay bajo una bomba, bajo cualquier bomba, qué había debajo de todas las bombas que he visto caer?

Bajo una bomba estaba, por ejemplo, Lama Hamdan, de 11 años, reventada por una hemorragia interna masiva. Nunca, bajo una bomba, he encontrado la solución a un problema, acaso uno multiplicado y enturbiado, lanzado sus tentáculos hacia delante en el tiempo. Sí he visto, en cambio, muchas vidas destrozadas que ningún reportero ha podido salvar y cuya certera narración, cuando no un trauma, ha generado premios y aplausos para el testigo.

Por eso creo que ante la próxima guerra, ni la nuestra, la causa de los hechos, es ya una causa invencible.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Soldados-derrotados-causa-invencible_6_169793031.html

Soldados derrotados de una causa invencible

El SAT expropia diez carros de material escolar en un centro comercial de Sevilla

Posted: 30 Aug 2013 05:59 AM PDT

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Pablo Elorduy | Diagonal | 30/8/2013

A las 11 de la mañana del 30 de agosto, un grupo de dos centenares de militantes del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) han llevado a cabo una expropiación de material escolar en una plataforma comercial del grupo Carrefour en Sevilla. Libretas, lápices, bolígrafos, sacapuntas y gomas de borrar, diccionarios o compases, han sido algunos de los pertrechos expropiados por este sindicato, que pretende con esta acción llamar la atención sobre las más de dos millones de personas que viven en Andalucía en situación de pobreza, y las más de 400.000 familias que no reciben ningún tipo de ayuda ni prestación. “Empieza el curso escolar y cada familia recibe un listado con el material que necesitan que cuesta de 100 a 140 euros de coste para cada niño”, explica a DIAGONAL Mari García, portavoz del SAT, “esto supone gastos que no se pueden afrontar, en familias con dos o más niños supone echarlos del sistema educativo”.

La acción, que ha transcurrido pacíficamente, ha consistido en la expropiación de entre ocho y diez carros con el material exigido por la Junta para el nuevo curso. El objetivo era denunciar los recortes en educación y sanidad, así como reclamar el impago de la deuda, “que obliga a los recortes” como solución a la crisis. La acción ha transcurrido sin incidentes, de forma pacífica, y al finalizar la misma, el secretario general del SAT, Diego Cañamero, ha discutido con el responsable de la superficie comercial, quien ha explicado que la multinacional tiene un programa de donación de alimentos; en ese momento, según explica Mari García, Cañamero ha contestado que la empresa apunte en su cuenta de donaciones el material tomado. A pesar de la normalidad con que ha transcurrido la acción, García asume que llegarán multas y se abrirán nuevos procesos contra personas de este sindicato, pero “no podemos estar de brazos cruzados”, recuerda esta sindicalista.

García refiere que se ha elegido esta cadena por que es una multinacional “que está ganando mucho dinero, que termina con pequeños comercios”. La portavoz del SAT explica que en los próximos días, el sindicato llevará a cabo un acto en un colegio de la provincia para repartir el material entre hogares necesitados y explicar el sentido político de la acción. Además, el 1 de septiembre tendrá lugar la Asamblea Nacional del sindicato en Osuna, y a partir de ahí se difundirá una agenda con nuevas acciones.

Fuente: diagonalperiodico.net

El SAT expropia diez carros de material escolar en un centro comercial de Sevilla

La pobreza consume las capacidades mentales

Posted: 30 Aug 2013 12:32 AM PDT

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Alicia Rivera | El País | 29/08/2013

Diferentes estudios parecen indicar que entre las personas con escasos recursos económicos es más habitual desenvolverse peor en la vida que entre aquellos que no tiene problemas de dinero. Posibles explicaciones las hay para todos los gustos: que una persona en dificultades financieras tiene menos margen de error y que las consecuencias de equivocarse pueden ahondar el problema, que los bajos niveles educativos pueden provocar malentendidos en documentos y contratos… Así presentan el espinoso problema de la correlación entre pobreza y recursos mentales unos investigadores del Reino Unido, Canadá y Estados Unidos que han intentado arrojar alguna luz al respecto. Y su conclusión es que la pobreza en sí misma, al margen de la alimentación, el estrés o la influencia del entorno sociocultural, consume recursos mentales del individuo y reduce sus capacidades cognitivas. Es decir, que al estar inmerso en la preocupación económica que afecta directamente a su vida, la persona tiene mermados sus capacidades mentales tal y como se miden en los test de inteligencia.

“La gente pobre, a menudo actúa, con menos capacidad, lo que puede perpetuar la pobreza”, señalan Anandi Mani (Universidad de Warwick, Reino Unido) y sus colegas, en el artículo en la revista Science en que presentan sus experimentos y sus conclusiones. “El sistema cognitivo humano tiene capacidad limitada y las preocupaciones monetarias dejan menos recursos cognitivos disponibles para guiar acciones y decisiones”, señalan los investigadores. Igual que un controlador aéreo concentrado en una situación de potencial colisión en el aire es más fácil que descuide el seguimiento de otros aviones en vuelo, dicen, la persona pobre, cuando está pendiente de agobios de dinero, pierde capacidad para dedicar a otros problemas toda su consideración. “La situación de pobreza bloquea los recursos mentales”, resume Kathleen D. Vohs, profesora de la Universidad de Minnesota, en su comentario en Science acerca del asunto.

Los científicos se han centrado en el efecto inmediato del contexto adverso

Mani y sus colaboradores diseñaron dos tipos de experimentos y los realizaron en EE UU (para comprobar su hipótesis de que los retos económicos de magnitud similar pueden tener impacto cognitivo muy diferente entre gente rica y gente pobre) y en una zona rural de India (para medir el efecto de los altibajos económicos que sufren las personas).

De antemano exponen su definición amplia de pobreza: la distancia entre las necesidades de un individuo y los recursos de que dispone para satisfacerlos. Como se trata de necesidades subjetivas, la definición sirve en un país desarrollado y en uno en desarrollo, al igual que en situaciones de deficiencia económica transitoria, como puede ser el desempleo. Y puntualizan que ellos se centran en el efecto inmediato de la pobreza en las capacidades cognitivas, quedando abiertas, por tanto, otras cuestiones de suma importancia: el desarrollo mental infantil deficiente asociado a la pobreza (que puede condicionar las capacidades mentales en el adulto) o si tiene efecto a largo plazo la merma de recursos cognitivos provocados por la incertidumbre económica.

El primer experimento se realizó con un centenar de voluntarios reclutados en un centro comercial de Nueva Jersey, de 35 años de edad media, 65 de los cuales eran mujeres, y con una distribución de nivel económico personal representativa de la población de EE UU, atendiendo a los ingresos y tamaño de la vivienda de cada uno. En las pruebas, se les presentaba un dilema: cómo afrontar una factura imprevista de reparación del coche. Mientras pensaban al respecto, se les hacían dos test de funciones cognitivas habituales en las pruebas de cociente de inteligencia, uno de fluidez mental y otro de control cognitivo. En diferentes fases se varió, por ejemplo, el precio de la hipotética factura, y la conclusión es que las personas adineradas sacaron mejor puntuación en los test de inteligencia que aquellos con escasos recursos.

Inteligencia antes y después de la cosecha

Los campesinos de Tamil Nadu (sur de India) que se dedican al cultivo de la caña de azúcar reúnen, al parecer, características especialmente idóneas para los experimentos de Anandi Mani y sus colegas sobre pobreza y rendimiento mental. Tienen una cosecha anual, pero no todos al mismo tiempo porque la recolección está repartida a lo largo de cuatro o cinco meses para que la caña llegue escalonadamente a los molinos. Esto evita en los experimentos efectos que pudieran alterar los resultados, como la influencia de festividades locales o las condiciones meteorológicas, explican los investigadores en Science. Los campesinos afrontan mayor preocupación económica antes que después de la cosecha, pero no todos al tiempo.

En total participaron 464 cultivadores de caña de 54 pueblos en el estudio y la puntuación media obtenida en uno de los test fue 5.45 después de la cosecha frente a 4.35 antes. Cabría pensar que el esfuerzo físico de recoger la caña influye negativamente en el rendimiento mental, pero los investigadores puntualizan que, en muchos casos, los agricultores contratan a peones para el trabajo y, además, en la mayor parte de los casos tuvieron el cuidado de hacer los test después de la fase de recogida de la caña, pero antes de recibir el pago por la cosecha.

Otra posible interferencia sería que, al hacer las pruebas por segunda vez —después de la cosecha— los agricultores estuvieran más entrenados. Para descartar este efecto, Mani y sus colegas incorporaron a un centenar de personas a los test postcosecha que no los hicieron antes. Y el resultado general fue el mismo, luego no es achacable a la familiaridad adquirida con las pruebas.

Tal vez la mejor nutrición después de cobrar la caña tenga algo que ver. Tampoco. Un estudio previo realizado por este equipo, en 2009, mostró que los agricultores de caña no comían menos antes que después de la cosecha. Una vez eliminados los factores principales que podrían afectar el resultado, la respuesta de los investigadores es que la pobreza en sí misma resta capacidad mental.

Claro que es posible, por ejemplo, que los ricos tengan preocupaciones económicas a otro nivel pero que provoquen la misma sobrecarga mental que en los pobres la factura inesperada del coche. Para aclarar los resultados, Mani y sus colegas diseñaron el segundo experimento. Un total de 464 pequeños agricultores de caña de azúcar en el sur de India participaron en el estudio. Se les hicieron dos test, uno de fluidez mental y otro de control cognitivo (una versión numérica apropiada para personal de escasa alfabetización) antes y después de la cosecha anual, es decir, cuando su mayor preocupación es la perspectiva económica y cuando esta se ha despejado. Tras la cosecha, los resultados de estas dos pruebas de inteligencia fueron claramente superiores. Lo que mejor explica la caída del rendimiento cognitivo es el mecanismo de atención secuestrada por el problema económico.

No ignoran Mani y sus colaboradores las implicaciones sociopolíticas de su investigación. “Los datos que presentamos sugieren una perspectiva diferente sobre la pobreza: ser pobre significa no solo afrontar escasez de dinero, sino también escasez de recursos cognitivos”, escriben. “Los pobres, con esta perspectiva, son menos capaces no debido a rasgos heredados sino porque el mismo contexto de la pobreza impone una carga y obstruye las capacidades cognitivas”.

Como conclusión, sugieren los investigadores algunas medidas políticas que pueden aliviar el efecto que han estudiado. Lo primero sería evitar lo que ellos llaman los “impuestos cognitivos”, como rellenar cuestionarios largos y complejos, preparar entrevistas de trabajo o descifrar nuevas reglas laborales, en las que las personas con preocupaciones económicas pueden estar en desventaja frente a quienes no las padecen. O, al menos, prestar ayuda institucional a las primeras. Otra idea, más centrada en el caso de los cultivadores de caña de azúcar indios, pero no limitado a estos, sería sincronizar las actuaciones y programas —por ejemplo, de formación— con las fases cíclicas de las cosechas para desarrollarlas en los períodos en que esa población sea más receptiva mentalmente y esté mejor capacitada para aprovechar la información.

“Las estimaciones recientes muestran que aproximadamente un 20% de la población mundial vive en la pobreza”, recuerda Vohs. Para muchos economistas, añade, cuanta más gente haya, mejor, pues mayor cantidad de buenas ideas habrá para solucionar los grandes retos como curar el cáncer, encontrar formas de energía renovables o alcanzar la paz mundial. “Pero este argumento se basa en la idea de que todo el mundo tiene capacidad mental adecuada, una premisa ahora cuestionada por Mani y sus colegas para una quinta parte de la población mundial”, añade.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/08/29/actualidad/1377801701_416816.html

La pobreza consume las capacidades mentales

La Ley de Protección de Datos impedía borrar los discos duros de Bárcenas en plena investigación policial

Posted: 29 Aug 2013 10:48 AM PDT

Iniciativa Debate Público

El Boletín | 29/8/2013

El Partido Popular ha vuelto a echar hoy mano de la Ley de Protección de Datos para ‘esconder’ información al juez Pablo Ruz. Pero los expertos creen que en este caso se ha equivocado. Según ha asegurado Ofelia Tejerina, abogada de la Asociación de Internautas a Europa Press no sólo no obliga a formatear un ordenador cada vez que un empleado se va de una empresa –como argumenta Génova- sino que impide expresamente borrar cualquier información que pueda ser necesaria para una investigación en curso.

Esta experta en protección de datos asegura que ante una investigación criminal esa información tiene que quedar guardada en la empresa a disposición de las autoridades. “La empresa está obligada a guardar por ley la información que pueda tener en ese ordenador, no se puede entregar a otro empleado”, ha explicado a la agencia.

En este sentido, ha señalado que “una cosa es destruir información y otra cosa es bloquear información”. “El bloqueo de información significa que como empresario no la puedo utilizar, pero que la tengo que tener ahí guardada, a efectos legales o a efectos administrativo”, ha indicado.

No es solo la Ley de Protección de Datos, hay otras normas que exigen conservar esta información. Ofelia Tejerina afirma que el trabajo de Bárcenas tiene que estar a disposición de Hacienda durante cinco años, del mismo modo que el PP debería guardar la información contenida en su ordenador a efectos de la rendición de cuentas frente al Tribunal de Cuentas.

“Es una actividad demasiado específica como para permitirse el lujo de aplicar la Ley de Protección de Datos con esa libre interpretación. Una cosa es la destrucción y otra es el bloqueo de la información”, ha subrayado Tejerina, quien ha opinado que el argumento del PP “no tiene ningún sentido”.

Asimismo, la experta ha comentado que ni siquiera es el procedimiento que normalmente se lleva a cabo. Así, ha indicado que, en caso de despido, “lo normal” es que se “elimine la información personal que este señor crea que le pueda afectar y que quiera eliminar”, pero que se haga “una copia de seguridad de la información empresarial como tal”, antes de “resetear el ordenador”.

Fuente: elboletin.com

La Ley de Protección de Datos impedía borrar los discos duros de Bárcenas en plena investigación policial

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