La ‘democracia’ según nuestros políticos

 

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Paco Bello | Iniciativa Debate | 18/07/2013

Como sociedad, entendemos tan escasamente lo que es una democracia, que solo en momentos como el actual percibimos por evidencia lo que no lo es. Llamar estabilidad política, como hace el caudillo Rajoy, a la utilización del poder omnímodo que se confiere en el régimen español a las mayorías absolutas es, además de un inmaculado ejercicio de cinismo: una burla, un insulto.

Que la propia ciudadanía no pueda rechazar o derogar leyes, o legislar (como sí se puede hacer en otros países), ya debería hacer que el común de los ciudadanos se riera cuando algún virrey (político) hablase de democracia, intentando hacer pasar esta broma de mal gusto que “nos hemos dado” por algo tan deseable como el “gobierno del pueblo”. Pero que no podamos destituir desde la ciudadanía a los mandatarios, hagan lo que hagan, y tengamos que esperar a que otros señores feudales (políticos de oposición) decidan ponerse en harina para intentarlo, debería hacernos empezar a hablar de dictadura. En realidad debería haber hecho que hablásemos de dictadura hace mucho tiempo, y que repudiáramos a cualquiera que no lo haga (oposición pesebrera incluida).

La debilidad del sistema solo se muestra cuando hay conflictos de intereses en las alturas “políticas”. Si supieran guardar turno, ofrecerían una mejor impresión, y no se despertaría del letargo a una mayoría que vive en un universo paralelo. Pero la política de alto interés no es más que el reflejo de un sistema basado en egoísmos, codicias, jerarquías e impedimentos que solo son permeables a la conspiración. Así que ni tan siquiera tenemos que agradecerles que se peleen destapando cajas de Pandora, porque está en su naturaleza hacerlo.

Si existiera el periodismo, a la vista de los últimos acontecimientos, habría que preguntar a todos los grupos políticos y en aras de conocer su postura sobre la soberanía popular, y en último término para aclarar su grado democrático; si es pertinente promover, además de todos los cauces que permitan al pueblo tomar partido de forma constante y vinculante en las decisiones de un Estado que es suyo, si deberían establecerse mecanismos para la revocatoria de un mandato, como existen por ejemplo, en Venezuela (esa terrible dictadura según muchos medios de comunicación del capital), Ecuador y Bolivia, o en regiones, cantones o estados de Canadá, Suiza, EEUU, Argentina, y algún otro lugar.

Aprovechamos para hacer la pregunta desde aquí, ya que sabemos que alguna gente con acceso a líderes políticos nos lee, y seguro que pueden trasladarles la cuestión a esas personas (cuestión que podría beneficiarles).

Pero no esperemos a que decidan por buena voluntad restarse poder, y menos en un país que según el barómetro del CIS del mes de junio, y en respuesta espontánea, considera con su habitual coherencia y cultura social que lo que le afecta directamente es cualquier cosa menos la política.

Según este sondeo, a la mitad de los españoles les afecta directamente el paro. A un tercio la situación económica y solo a una décima parte le parece que el origen de sus problemas y lo que les afecta directamente es “el problema” político. Nueve de cada diez sigue sin entender ni percibir que esos otros problemas que tanto le afectan son consecuencia de aquel que ni valoran.

Lo dicho: que la casta política actual se moje, es nuestra responsabilidad. Es responsabilidad de ese 10% que sabemos que el primer problema que nos afecta directamente al 100% es el modelo político y de Estado. Y tendremos que ponernos muy pesados para que se empiece a hablar de la realidad, y cale con la suficiente profundidad como para que se vean obligados a tratar el tema.

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