¡Lo que vamos a ahorrar en insecticidas!

 


Iniciativa Debate Público

Paco Bello | Iniciativa Debate | 14/05/2013

Vamos a tomárnoslo un poco a cachondeo y un poco a mala leche, porque las asnadas ocurrencias de los ideólogos de la política no tienen fin. Lo más triste es que estos son los presuntos expertos que legislan y determinan nuestro modelo social.

Por no remontarnos a los tiempos de Maricastaña, y hacer borrón en algún momento, digamos que ya vivimos nuestras primeras experiencias surrealistas cuando el Estado se gastó casi 100 millones de euros de nuestro dinero para regalarnos una bombilla de alta producción bajo consumo (las famosas bombillas de Sebastián). Resultó un fracaso, dicen, porque no llegó a todo el mundo, aunque lo fue en realidad, y esto no se dice, porque si se hacía por ecologismo o para suavizar la crisis energética, alguien dejó de calcular en aquella ecuación cuestiones muy importantes.

Sin extenderme, porque no es ahora el caso, no hay nada menos ecológico que esas bombillas¹. Y en cuanto al ahorro de energía, solo es creíble si calculamos como niños. Si calculamos como adultos veremos que son mucho peores que las antiguas bombillas incandescentes², y eso sin necesidad de entrar en cálculos de costes de producción, transporte, devastación medioambiental, ni abusos laborales y humanos para producirlas (eso sería pedir pensar en global, y ya es demasiado).

Volviendo a nuestros jocosos gobernantes y sin quitarnos la corbata.

Recuperamos tiempo después del “iluminado” Sebas y para no perder la perspectiva irracional, a aquel que nos quería meter un plan hidrológico “por cojones” (sic). Aunque sabiendo que es un personaje que se ducha con agua fría y come yogures caducados y chuletones de vaca loca, no es de extrañar que diga ciertas cosas. Lo fastidiado del amigo Cañete (supongo que será amigo de alguien), es que nos quiera forzar a seguir su ejemplo.

El caso es que esto debe ser contagioso, y ahora viene la FAO a decirnos que las moscas tienen más proteínas que los chuletones de Cañete, y que una dieta a base de grillos, orugas y saltamontes, nos va a poner hechos unos toros, y a tope de hierro. Y que si somos aprensivos, pues que hagamos piensos con estos pequeños animalitos (a los que podemos alimentar con desechos) y se los demos de comer a los que después nos comeremos nosotros (aunque esto seguramente es más saludable que lo que comen hoy día).

En el informe que han publicado comienzan con una pregunta: ¿Por qué comer insectos? A lo que ellos mismos se responden…

Por:

• Salud:

– Los insectos son saludables, son alternativas nutritivas a los alimentos básicos tradicionales como el pollo, la carne de cerdo, la carne de res y hasta el pescado.

– Muchos insectos son ricos en proteínas y grasas buenas y contienen calcio, hierro y zinc.

– Los insectos forman ya una parte tradicional de muchas dietas regionales y nacionales.

• Medio Ambiente:

– Insectos promovidos como alimento emiten muchos menos gases de efecto invernadero (GEI) que la mayoría del ganado (el metano, por ejemplo, es producido por sólo unos pocos grupos de insectos, tales como las termitas y cucarachas).

– La cría de insectos no es necesariamente una actividad basada en la tierra y no requiere deforestación para ampliar la producción. RSS es el principal requisito para la tierra.

– Las emisiones de amoníaco asociados a la cría de insectos también son muy inferiores a los vinculados a la ganadería convencional, como los cerdos.

– Debido a que son de sangre fría, los insectos son muy eficientes en la conversión de los alimentos en proteínas (los grillos, por ejemplo, necesitan 12 veces menos alimento que el ganado vacuno, cuatro veces menos que para alimentar a las ovejas, y la mitad de la alimentación de los cerdos y pollos para producir la misma cantidad de proteína).

– Los insectos pueden ser alimentados con corrientes de desechos orgánicos.

• Modos de vida (económicos y sociales):

– Insectos: la cosecha /cría es una opción de inversión de baja tecnología y de bajo capital, que ofrece entrada incluso a los sectores más pobres de la sociedad, como las mujeres y los campesinos sin tierra.

– Ofrecen oportunidades de subsistencia para la población urbana y rural.

– La cría de insectos puede ser de baja tecnología o muy sofisticada, dependiendo del nivel de la inversión.

Es maravilloso: nos han estructurado el cuento de la lechera en dos patadas. No solo podemos acabar viviendo de las moscas de casa a nivel nutricional, sino que si somos emprendedores, hasta les podemos sacar unos durillos.

Si no fuera por los objetivos habituales de esta gente, diría que ahora apuestan por la autosuficiencia. Nos montamos nuestra granja de cucarachas, y con las que nos salgan listas un circo; con las más fuertes podemos girar un alternador y conseguir energía eléctrica; y con las más agresivas un ejército. Las gordas para comer y comerciar, y las que nos salgan gilipollas para la política (y entre ellos, para Presidente de la FAO).

En fin, que si alguien (especialmente mujer o campesino pobre) llama a tu puerta y te quiere vender una bolsa de gusanos, no te asustes, no es un perturbado/a: es un/a empresario/a. Y si un día te invitan a una reunión de la FAO y los ves comiéndose una centolla y una langosta (de las del mar), no es porque no les gusten los insectos, es porque no saben que no lo son (…como se parecen mucho).

Venga, por no perder el humor (el malo)… ♫colecciono moscas, pero no estoy loco, ¡por qué!♫:

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros.