Vamos a madurar o el viento nos hará caer verdes

 

 

Iniciativa Debate Público

Paco Bello | Iniciativa Debate | 28/04/2013

Demócratas. Somos muy demócratas. Creemos que lo cívico y responsable es votar, elegir, participar, y… yo lo comparto. ¿Cuándo empieza eso?

Voy a comentar algo que no se plantean, al menos públicamente, las personas “influyentes”. De esto nunca se habla, porque es muy incómodo y peligroso, así que es mejor convertirlo en algo poco serio, y casi casi infantil. Irrelevante.

Para hacerlo, y poder ejemplarizarlo, vamos a obviar a los dos partidos más queridos y odiados de este país, porque sería demasiado fácil que estuvierais de acuerdo. Y vamos a utilizar para la hipótesis al tercero en liza: IU (lo voy a utilizar porque es el único partido notorio, y con un ideario sobre el papel, con el que pueda sentir alguna afinidad).

Supongamos que hoy se celebran unas elecciones con una participación normal (entre el 70 y el 75%). Supongamos que IU consigue diez millones de votos y con ello la mayoría absoluta. Bien, acabamos de darle un cheque en blanco a un partido por toda una legislatura.

Si atendemos a los antecedentes en aquellas instituciones que este partido ha dominado (a nivel provincial, local o de comunidad autónoma en coalición), se da la circunstancia de que nunca ha consultado sus decisiones, e incluso han puesto en cuestión que se consulte en ciertos casos (y eso que estamos hablando de un partido con tintes progresistas). Por esto, tampoco valdría de mucho que pretendieran consultar solo aquellas cosas que ellos decidieran relevantes, porque nadie debe valorar motu proprio lo que es o no importante para los demás.

Retomo: supongamos ahora que IU decide algo como crear una banca pública (algo con lo que yo mismo estaría encantado), supongamos que no consulta a nadie (porque no lo haría). ¿Es legal? Sí, y además es norma. ¿Es legítimo y democrático? En absoluto. Supongamos ahora que decide tomar una medida contraria a mis principios ¿Tengo que rendir pleitesía por haber elegido una opción concreta? ¿Tengo que comerme el paquete completo de propuestas por aquello de que son “el menos malo”? Ahora supongamos que hacen algo contrario a su programa, como por ejemplo plegarse por responsabilidad a las exigencias de Bruselas (harto probable, porque no se descarta en su tendencia) ¿Por el hecho de haberles votado tengo que aceptar lo que ellos digan? ¿No eran demócratas?

Pues en realidad no, porque eso no es democracia, e incluso no lo sería con el 100% de los votos, porque la mecánica está viciada. Personalmente, ni con la medida que me gusta estaría de acuerdo, porque me pongo en la piel de aquellos que no la aprueban y no han podido decidir, y porque les estamos imponiendo una medida, y eso se hace en las dictaduras. Para qué hablar entonces de lo que no me gusta o de aquello con lo que me han estafado.

Bueno, pues olvidad ahora que hemos puesto a IU (que nunca ha gobernado a nivel nacional) como ejemplo, pues eso mismo, y sin conjeturas, les estará pasando y les ha pasado a los votantes de PSOE y PP. Aunque un partido se aproxime a tu línea ideológica (si es que la tienes), no tienes por qué estar de acuerdo con un programa monolítico, ni tienes por qué aceptarlo, y tienes derecho a sentirte utilizado. Al hilo de esto, empieza a parecer ridículo mantener las clásicas y manidas excusas para justificar semejante disparate.

No hay ninguna razón de peso para seguir aceptando este absurdo, por mucho que insistan los interesados en autorizar una práctica que no superaría la mínima prueba lógica. Por mantener la paz y por espíritu democrático, sí debemos aceptar la decisión de la mayoría… pero la mayoría no son unos pocos elegidos que deciden por los demás una vez alcanzan el poder. La democracia es un ejercicio diario, y no algo que se pone en valor una vez cada cuatro años y que pierde su esencia en cuanto se cierran las urnas.

Lo peor de todo, aunque no modifique el fundamento de la injusticia, es que según se prevé, en las próximas elecciones se podría alcanzar una mayoría absoluta con tan solo cinco millones de votos. El partido ganador, con el soporte de cinco millones de personas, podría imponer sus decisiones a 30 millones que no lo han votado pudiendo hacerlo. Esto no puede continuar. El sistema no puede seguir permitiéndose funcionar de arriba a abajo ni un día más, pero tendremos que esperar algún tiempo para saber si lo que queremos es ser súbditos o ciudadanos.

Para ello habrá que saber si somos conscientes de que nuestro miedo no tiene sentido. Que lo que debería hacernos estremecer es dejar nuestro futuro en manos de personas que se arrogan la potestad de decidir por nosotros. Hoy, como ayer, unos pocos prepotentes están actuando al margen de nuestra voluntad, y yo, sin querer ponerme ahora en la piel de los demás, no me siento… no puedo sentirme representado por aquellos a los que no he concedido semejante privilegio. Si algo me va a afectar y no me consultas, estás ejerciendo de déspota, aunque constantemente, y ensuciándola, te llenes la boca de la palabra democracia.

Tenemos miedo de dejar el país en manos de una población en casi todos los casos con un comportamiento más que responsable en su cotidianidad, y en otros tantos, además, con varias carreras y un Babel de idiomas… y preferimos que unos personajes egoístas y que a duras penas hablan el castellano, dirijan nuestro destino (bien orientados para servir a ciertos intereses, todo hay que decirlo). Esto habrá que repensarlo.

Pero lo que deberemos pensar muy seriamente es hasta qué punto estamos condicionados (seguramente mucho más de lo que creemos). Y cómo es posible que hayamos sustentado esta farsa durante tanto tiempo, y además ufanos por nuestro modelo de convivencia.

Ya es momento de cambiar. Librémonos de esta casta que nos desprecia. Despojémonos de ataduras y tradiciones malsanas y acabemos con este sinsentido.

Es posible y es necesario.

Cómo:

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http://iniciativadebate.org/2013/04/24/solo-os-pedimos-algo-que-podeis-dar-sin-tener-nada-y-no-es-vuestro-silencio/

Vamos a madurar o el viento nos hará caer verdes

 

 

Revolución vs. Involución

Posted: 27 Apr 2013 10:16 AM PDT

Iniciativa Debate Público

Eldiario.es

Islandia está a punto de devolver el poder a los impulsores de las políticas neoliberales que llevaron al país al colapso económico a finales del año 2008. El centroderecha encabeza todas las encuestas para proclamarse vencedor en las elecciones legislativas que se celebran este sábado.

Los colegios electorales han abierto sus puertas a las 9:00 horas en una jornada en la que cerca de 230.000 islandeses están llamados a las urnas para elegir a los 63 integrantes del Parlamento. Alrededor del diez por ciento del electorado ha votado ya por anticipado, según los datos de la Autoridad Electoral.

Los principales sondeos apuntan a una mayoría cómoda del centroderecha frente al desplome de la coalición de izquierda que ha gobernado Islandia en los últimos cuatro años, y la única duda parece ser si ganará el conservador Partido de la Independencia o el centrista Partido del Progreso, virtualmente empatados. Ambos han estado en los últimos años en la oposición.

Centristas y conservadores gobernaron juntos entre 1995 y 2007, un período donde comenzó la ola privatizadora, empezando por los principales bancos de la isla, que en una onda expansiva insólita llegaron a tener un tamaño equivalente a diez veces el PIB de Islandia y cuya quiebra situó al país en una crisis sin precedentes.

Las duras protestas de enero de 2009 se llevaron por delante al gobierno del conservador Geir H. Haarde, que tuvo que dimitir en pleno, y auparon al poder a la Alianza Socialdemócrata y al Movimiento de Izquierda Verde en un ejecutivo encabezado por Johánna Sigurdardóttir.

Aciertos y errores del gobierno de izquierdas

A la luz de las encuestas, el primer gobierno de izquierda en 69 años de independencia de Islandia no ha cumplido las expectativas generadas, y pese a que ambos partidos han cambiado de líderes, los sondeos les vaticinan una pérdida de al menos la mitad de los votos obtenidos en 2009.

Aunque ha logrado estabilizar las finanzas obteniendo un ligero crecimiento económico y reducido el paro y la inflación, el programa de ajuste impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que el gobierno ha seguido a rajatabla ha tenido un coste social elevado.

La coalición de la primera ministra socialdemócrata, Jóhanna Sigurdardóttir, no ha resuelto el alto endeudamiento hipotecario de las familias, ni ha sacado adelante la reforma del sistema de cuotas pesqueras, ni una iniciativa popular para reformar la Constitución.

Si a ello se le añaden las disputas en el seno de la coalición por cuestiones como la UE y el litigio sobre las indemnizaciones a ahorradores extranjeros por la quiebra del banco Icesave se entiende por qué el Gobierno quedó en minoría a mitad de la legislatura y con unas cotas de impopularidad muy elevadas.

Ese descontento ha sido aprovechado por el Partido del Progreso, tradicional “hermano pequeño” de los conservadores y que por primera vez podría ganar unos comicios gracias a su oposición a los acuerdos firmados por el Gobierno en el caso Icesave y a su propuesta para reducir un 20 % la deuda hipotecaria de los islandeses.

Socialdemócratas y “rojiverdes” se agarran al ligero repunte que muestran las últimas encuestas, aunque los sitúan todavía lejos del centroderecha, aun recurriendo al apoyo del centrista “Futuro Brillante”, una nueva formación que al igual que el “Partido Pirata” cuenta con muchas opciones de entrar en el Parlamento.

Las hipotecas y el ingreso en la UE, en el centro de la campaña

La campaña electoral ha girado en torno al problema de las hipotecas, muchas vinculadas a la inflación -que se disparó con la crisis-, y a otros temas como el empleo o la sanidad, además del ingreso en la UE, que ahora mismo parece una quimera.

Forzada por sus aliados “rojiverdes”, Jóhanna Sigurdardóttir suspendió temporalmente las negociaciones con Bruselas en enero, apelando a la imposibilidad de concluirlas antes de los comicios, cuando hace cuatro años la líder socialdemócrata hablaba de hacer un “ingreso exprés” antes incluso que Croacia.

El conflicto con varios países de la UE por el caso Icesave y por las cuotas de captura de caballa y la crisis del euro han hecho renacer el tradicional euroescepticismo de los islandeses.

Según una encuesta publicada hace dos días por la televisión pública “RÚV”, el 52,2% se opone al ingreso frente al 27,6%, aunque hay una mayoría favorable a concluir las negociaciones. Tanto el Partido de la Independencia como el Partido Progresista no solo son contrarios a la adhesión, sino que defienden el fin de las conversaciones y la retirada de la solicitud de ingreso.

La “congelación” de la constitución ciudadana

La legislatura ha terminado en Islandia sin que se haya tramitado la reforma constitucional que nació de las protestas de la calle. El actual gobierno ha expresado su intención de volverlo a intentar si repite al frente del país, sin embargo, el Partido del Progreso, que ha encabezado hasta ahora la oposición, ha adelantado que no seguirá adelante con la reforma si regresa al poder.

El texto de la nueva carta magna, elaborado por un grupo de 25 ciudadanos, es considerado una referencia internacional para una salida alternativa a la crisis política y económica. El texto avanza en aspectos como la soberanía del pueblo, los cambios en el sistema electoral, la separación de poderes o la propiedad de los recursos naturales.

Revolución vs. Involución

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