El terror del capitalismo.- La OTAN y el Oktoberfest de 1980

 

 

Iniciativa Debate Público

Vijay Prashad / CounterPunch

Traducido por Germán Leyens.

DELHI – El miércoles 24 de abril, un día después de que las autoridades bangladesíes pidieran a los propietarios que desocuparan su fábrica de prendas de vestir que empleaba a unos 3.000 mil trabajadores, el edificio colapsó. El edificio Rana Plaza, ubicado en el suburbio Savar de Dhaka, producía prendas de vestir para la cadena que se extiende de los algodonales del Sur de Asia, pasando por las máquinas y trabajadores de Bangladesh, a los comercios en del mundo atlántico. Marcas famosas se cosían en el lugar, así como ropa exhibida en las satánicas estanterías de Wal-Mart. Los rescatadores pudieron salvar a 2.000 personas hasta el momento de escribir estas líneas y se confirma que hay más de 300 muertos. Esta última cifra está condenada a aumentar. Vale la pena mencionar que la cantidad de muertos en el incendio de Triangle Shirtwaist Factory en la ciudad de Nueva York en 1911, fue de 146 personas. En este caso ya asciende al doble. Este “accidente” tiene lugar cinco meses (24 de noviembre de 2012) después del incendio de la fábrica de prendas de vestir Tazreen en el que murieron por lo menos 112 doce trabajadores.

La lista de “accidentes” es larga y dolorosa. En abril de 2005, colapsó una fábrica de prendas de vestir en Savar, matando a 75 trabajadores. En febrero de 2006, otra fábrica colapsó en Dhaka, matando a 18. En junio de 2010, un edificio colapsó en Dhaka matando a 25. Son las “fábricas” de la globalización del Siglo XXI, refugios miserablemente construidos para un proceso de producción orientado a largos días de trabajo, máquinas de pésima calidad y trabajadores cuyas vidas están sometidas a los imperativos de la producción puntual. Escribiendo sobre el régimen de la manufactura en Inglaterra durante el Siglo XIX, Karl Marx señaló: “Pero en su ciega e incontrolable pasión, esa hambre de hombre lobo por mano de obra sobrante, el capital sobrepasa no solo la moral, sin incluso los límites máximos simplemente físicos del día de trabajo. Usurpa el tiempo para el crecimiento, desarrollo y mantención saludable del cuerpo. Roba el tiempo requerido para el consumo de aire fresco y luz del sol… Todo lo que le interesa es simple y solamente el máximo de poder laboral que puede ser mantenido durante un día de trabajo. Logra este fin reduciendo la duración de la vida de un trabajador, como un agricultor codicioso aumenta la producción del suelo reduciendo su fertilidad” (El Capital, capítulo 10).

Estas fábricas bangladesíes forman parte de un paisaje de globalización copiado en las fábricas a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México, en Haití, en Sri Lanka y en otros sitios que abrieron sus puertas al hábil uso de la industria de la prendas de vestir del nuevo orden manufacturero y comercial de los años 90. Países sometidos que no tenían ni la voluntad patriótica de luchar por sus ciudadanos y ninguna preocupación por el debilitamiento a largo plazo de su orden social se apresuraron a acoger la producción de prendas de vestir. Los grandes productores de prendas de vestir ya no querían invertir en fábricas, se volvieron hacia subcontratistas ofreciéndoles márgenes muy limitados de beneficio, obligándolos así a manejar sus fábricas como prisiones laborales. El régimen de subcontratación permitió que esas firmas negaran toda culpabilidad por lo que hacían los verdaderos propietarios de esas pequeñas fábricas, lo que les permitía gozar de los beneficios de los productos baratos sin que sus conciencias fueran perturbadas por el sudor y la sangre de los trabajadores. También permitió que los consumidores del mundo atlántico compraran grandes cantidades de mercaderías, a menudo mediante un consumo financiado con deudas, sin preocuparse de los métodos de producción. Un estallido ocasional de sentimiento liberal se volvió contra una u otra compañía, pero no hubo un aprecio general de la manera en que el tipo Wal-Mart de cadena minorista hacía que resultara normal el tipo de prácticas de negocios que ocasionaba esta o aquella campaña.

Los trabajadores bangladesíes no han sido tan sumisos como los consumidores del mundo atlántico. Recién en junio de 2012, miles de trabajadores de la Zona Industrial Ashulia, en las afueras de Dhaka, se manifestaron por salarios más elevados y mejores condiciones laborales. Durante muchos días, estos trabajadores cerraron 300 fábricas, bloqueando la carretera Dhaka-Tangali en Narasinghapur. Los trabajadores ganan entre 3.000 taka (35 dólares) y 5.500 taka (70 dólares) mensuales; pedían un aumento de entre 1.500 taka (19 dólares) y 2.000 taka (25 dólares) al mes. El gobierno envió 3.000 policías para restablecer la normalidad y la primera ministra hizo promesas anodinas de que consideraría el asunto. Se estableció un comité de tres miembros, pero no hubo ningún resultado sustancial.

Consciente de la futilidad de negociar con un gobierno subordinado a la lógica de la cadena comercial, Dhaka estalló en violencia a medida que llegaban más y más noticias del Edificio Rana. Los trabajadores han cerrado el área industrial alrededor de Dhaka, bloqueando calles y destrozando coches. La insensibilidad de la Asociación de Fabricantes de Prendas de Vestir de Bangladesh (BGMEA) aumentó la cólera de los trabajadores. Después de las protestas de junio el jefe de BHMEA, Shafiul Islam Mohiuddin, acusó a los trabajadores de estar involucrados en “alguna conspiración”. Argumentó que “no existe lógica alguna para aumentar los salarios de los trabajadores”. Esta vez, el nuevo presidente de la BGMEA, Atiqul Islam, sugirió que el problema no era la muerte de los trabajadores o las malas condiciones en las que trabajan sino “la interrupción de la producción debido a la agitación y las hartals [huelgas]”. Esas huelgas, dijo, son “solo otro fuerte golpe al sector de las prendas de vestir”. No es sorprendente que los que salieron a las calles tengan tan poca confianza en los subcontratistas y en el gobierno.

Los intentos para cambiar esta situación han sido frustrados por la presión concertada del gobierno y las ventajas de los asesinatos. Cualquier decencia que pueda contener la Ley Laboral de Bangladesh es eclipsada por el débil control del Departamento de Inspecciones del Ministerio del Trabajo. Hay solo 18 inspectores y ayudantes de inspectores para controlar 100.000 fábricas en el área de Dhaka, donde se encuentra la mayoría de las fábricas de prendas de vestir. Si se detecta una infracción, las multas son demasiado bajas como para generar alguna reforma. Cuando los trabajadores tratan de formar sindicatos, la dura reacción de la administración basta para restringir sus esfuerzos. La administración prefiere los estallidos anárquicos de violencia a la consolidación del poder de los trabajadores. De hecho, la violencia condujo al gobierno de Bangladesh a crear una Célula de Control de Crisis y una Policía Industrial, no para controlar las violaciones de las leyes laborales, sino para espiar a los organizadores sindicales. En abril de 2012, agentes del capital secuestraron a Aminul Islam, uno de los principales organizadores del Centro Bangladesí por la Solidaridad de los Trabajadores. Apareció asesinado unos días después, con su cuerpo marcado por la tortura.

Bangladesh ha sido convulsionado por protestas a través de su historia, la terrible violencia desencadenada contra los combatientes por la libertad en 1971 por Jamaat-e-Islami llevó a miles de personas a Shanbagh, en Dhaka; esta protesta se transformó en la guerra civil política entre los dos principales partidos, dejando a un lado los llamados a la justicia para las víctimas de esa violencia. Esta protesta ha inflamado al país, que de otra manera se ha mostrado bastante indolente respecto al terror diario contra los trabajadores del sector de las prendas de vestir. El “accidente” del edificio Rana puede significar un giro progresista para un movimiento de protesta que aparte de eso está a la deriva.

En el mundo atlántico, mientras tanto, la concentración en las guerras contra el terror y en los problemas de la economía impide toda auténtica introspección respecto a un modo de vida que se basa en el consumismo alimentado por las deudas, a costa de los trabajadores de Dhaka. Los que murieron en el edificio Rana son víctimas no solo de la maldad de los subcontratistas, sino también de la globalización del Siglo XXI.

Vijay Prashad es profesor y director de Estudios Internacionales en el Trinity College, Hartford.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167367

La OTAN y el Oktoberfest de 1980

Iniciativa Debate Público

Rafael Poch / La Vanguardia

Estación central de Duisburg, a cuatro horas de tren de Berlín. Si no fuera porque su realidad supera toda ficción, Andreas Kramer podría ser un personaje de John le Carré. Este hombre de 48 años, sensible, historiador interesado en Bizancio y de hablar un tanto atropellado, ha jurado este mes ante un tribunal de Luxemburgo que su padre, Johannes Kramer, un oficial de los servicios secretos alemanes (BND) que trabajaba para los grupos terroristas de la OTAN (Gladio-stay Behind), fue el autor no solo de la mayoría de los 24 atentados con bomba registrados en el Gran Ducado entre 1984 y 1985, sino también del más mortífero atentado terrorista de la Alemania de posguerra: el de la Oktoberfest de Munich, el 26 de septiembre de 1980, con 13 muertos y 213 heridos, una carnicería nunca aclarada con niños entre las víctimas y muchos miembros amputados.

Esta información ha causado revuelo en Luxemburgo, en lo que se conoce como el “juicio del siglo”, pero no en Alemania. Ningún juez alemán se ha interesado por el asunto, ni ha llamado a declarar a Kramer. Nadie le ha acusado de mentir, ni de ser un charlatán. Ningún medio de comunicación importante se ha hecho eco. Silencio. Ese silencio es lo que me lleva a Duisburg. Kramer me recibe en la estación de esa ciudad del Ruhr y me conduce a una cafetería, donde espera Giselle, su compañera, postrada en una silla de ruedas. Ambos son seres frágiles, pero determinados. Dos individuos se sientan en la mesa de al lado y nos cambiamos de sitio.

¿Le vigila la policía?
Nadie me ha denunciado, no hay ningún proceso judicial contra mí.

¿Controlan su teléfono, su correo electrónico?
Eso sí. Hace dos semanas mi ordenador fue intervenido. Especialistas detectaron que habían instalado en él un programa de espionaje.

¿Cómo es que su padre le contaba sus secretos?
Quería que entrara en Gladio-Stay Behind (la red terrorista de la OTAN, reconocida en resoluciones del Parlamento Europeo y del Senado Italiano) y que fuera director de operaciones. Me entrenaba. No confiaba en nadie pero en mí sí, e hizo algo a lo que no tenía derecho: rompió el secreto de Gladio con su hijo.

¿Acaso era Gladio un asunto familiar?
Claro que no. No era normal reclutar a parientes. Mi madre no sabía nada. Yo era su único hijo varón y confiaba.

¿Cómo era la relación entre ustedes?
Complicada y difícil de resumir. Una relación de confianza basada en mi admiración y respeto. Eso cambió después del atentado de Munich. Para mí fue un punto de inflexión porque me di cuenta de que era un asesino.

Usted tenía 16 años entonces, ¿qué papel tuvo su padre en aquello?
Era oficial de coordinación de Gladio-Stay Behind y tenía el encargo de la ACC (Allied Clandestine Commission) de la OTAN de preparar un atentado. Para eso necesitaba utilizar a otros, gente a la que embarcar como autores. Mi padre los llamaba “tontos útiles”. Mi padre tenía contacto con círculos de extrema derecha e implicó al “Grupo deportivo militar Hoffmann” (la banda neonazi Wehrsportgruppe Hoffmann) en el asunto. Mi padre contactó con Karl-Heinz Hoffmann como camarada, los dos eran de 1937, y se ofreció a ayudarle en su guerra contra la República Federal Alemana. El grupo de Hoffmann estaba a punto de ser ilegalizado. También conocía a Gundolf Köhler (autor del atentado de Munich y único culpable indentificado, fallecido al estallar la bomba) desde la época del Das Kommando, un periódico que editaba el grupo. En una edición de los setenta se ve a Köhler con un casco nazi. Mi padre decía que Köhler era el tipo ideal y que daba igual si moría. No se identificó como agente de la OTAN porque si Hoffmann lo hubiera sabido le habría mandado a sus matones contra él.

“Mi padre creó un equipo con dos oficiales del BND, cuyos nombres no voy a dar, además de Köhler y Naumann, y confeccionaron la bomba en un garaje de Donaueschingen. Mi padre era el principal porque era especialista en explosivos. La bomba tenía que ser fácilmente manipulable y verosímil, en el sentido de que se creyese que gente como Köhler la hubiese podido fabricar. Construyeron varias, hicieron pruebas. Tardaron año y medio. El detonador vino de Uelzen, el explosivo de la Naval Weapons Station de Den Helder (Holanda) y fue entregado por el servicio secreto holandés, donde mi padre tenía contactos con oficiales del Gladio-Stay Behind. Ellos trajeron el explosivo junto con el extintor que se usó. El extintor venía de Inglaterra, era material del MI-6 de los años cincuenta. El explosivo fue transportado en coches particulares, incluido el de mi familia, matrícula BN-AE 500, hasta Donauschingen. Mi padre me informó a lo largo de año y medio de los preparativos. El día del atentado, cuando salió la noticia por la tele, mi padre estaba ante el televisor con nosotros y dijo, “yo no quería eso”. Salimos de la sala, fuimos a otra habitación a hablar, le dije, “¿por qué lo hiciste?”. “Déjame en paz”, me respondió. Estuvo dos días sin hablar.”

¿Estaba deprimido?

¿O sea que no deseaba aquel baño de sangre?
En aquel momento se dio cuenta de que era un vulgar asesino, de que ya no podía volver atrás. Ya no tenía nada que ver con ser soldado, con matar con cierta legitimación en acciones dirigidas contra los rusos enemigos, sino liquidar civiles, contra el propio pueblo. Algunos de los muertos eran jóvenes de mi edad, “has matado a gente como yo”, le dije.

¿Y qué contestó?
“Calla, eso no es asunto tuyo”.

Un año después del atentado de Munich se detuvo a un guardabosques de extrema derecha llamado Heinz Lembke que había dado explosivos al grupo de Hoffmann, pero el día antes de que declarara ante el juez fue encontrado ahorcado en su celda…
Mi padre me dijo que la víspera de aquel 1 de noviembre de 1981, Lembke fue visitado por gente del BND de su equipo en la cárcel y que no había muerto de muerte natural.

En Munich hay un grupo de abogados y de familiares de víctimas que sigue buscando, sin ningún éxito, explicaciones a aquel atentado, ¿se han puesto en contacto con usted tras su declaración en Luxemburgo?
No. Tampoco yo me he puesto en contacto con ellos: cuanta más gente meta en esto, más peligro para mí….

Pero la publicidad es la mejor protección…
Esa gente tiene derechos como víctimas, pero hasta el día de hoy, la fiscalía de Munich ha impedido cualquier clarificación, denegando las reclamaciones de abogados y familiares. Igual que en Luxemburgo (más de 80 documentos) en el caso de Munich se han destruido pruebas, en mi opinión por obra del BND. De lo contrario no es posible destruir pruebas de un caso tan importante.

En Luxemburgo usted dijo que no habló antes de todo esto porque su padre, fallecido en noviembre, le había amenazado.
Sí, pero ya antes de que muriera contacté con Daniele Ganser (el profesor suizo, autor de la gran investigación sobre este tema, “Los ejércitos secretos de la OTAN”, 2005). Mi padre me advirtió expresamente contra cualquier contacto con Ganser. “Se ha acercado demasiado a nuestros secretos y tu sabes demasiado sobre ellos, si contactas con él, me encargaré de que os liquiden a los dos”, me dijo. Eso me animó a contactar con Ganser. Me encontré con él en algún lugar de Europa. Lo importante es que aparezcan los documentos secretos, que el adversario los ponga en circulación. ¿Cómo? Muy simple: yo he golpeado un nido de avispas, les he puesto la trampa de la miel poniendo las cosas encima de la mesa, ahora tienen que venir las moscas. Es un nido de avispas porque Gladio no es un problema alemán, sino internacional. En los años ochenta todos los estados miembros de la OTAN tenían sus grupos Gladio-Stay Behind. Todos. En Italia se investigó, hubo una comisión de investigación en Bélgica, y ahora en Luxemburgo, pero en Alemania no se aclara nada. La justicia alemana está ciega del ojo derecho. Me podrían haber abierto un proceso por difamación desde el BND o el BfV (la policía política), pero no han hecho nada. Algunos periodistas de grandes medios me han llamado pero no han escrito nada. El segundo canal (ZDF) me grabó una entrevista, pero no la ha emitido.

Además de su participación en Munich y Luxemburgo, usted afirma que su padre también estuvo implicado en las llamadas “masacres de Brabante” en Bélgica…
En Luxemburgo no hubo víctimas, en Bélgica 28, que se suman a los 13 muertos de Munich…

¿Cómo justificaba su padre toda esa locura?
Se trataba de quitarse de en medio a los comunistas. En Europa la mayoría de los gobiernos de nuestro entorno eran socialistas y subvertidos por los comunistas, la meta era eliminar a esos gobiernos. En Europa solo se querían gobiernos de derecha para tener un baluarte contra el comunismo ya que en Europa el Pacto de Varsovia superaba ala OTANen3 a1 en armas convencionales. Se pensaba que los comunistas tenían demasiada influencia.

Pero, ¿podía creer alguien en serio que en un país como Luxemburgo existiera un peligro comunista?
Si se empaqueta bien cualquier mentira puede ser vendida como verdad, como un caramelo…

¿…y cuál era el envoltorio en este caso?
Crear miedo y fortalecer la seguridad interna. Para eso había que escenificar un terrorismo. Y la gente que lo hizo eran oficiales en contacto con Estados Unidos, gente que tenía que ver con la guerra de Vietnam. Los atentados sucedieron no mucho después de la guerra de Vietnam concluida en 1975. No aprendieron nada de aquellas barbaridades y aterrorizaron a sus propios aliados europeos. Así creían luchar contra el comunismo.

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Vamos a madurar o el viento nos hará caer verdes

 

 

Iniciativa Debate Público

Paco Bello | Iniciativa Debate | 28/04/2013

Demócratas. Somos muy demócratas. Creemos que lo cívico y responsable es votar, elegir, participar, y… yo lo comparto. ¿Cuándo empieza eso?

Voy a comentar algo que no se plantean, al menos públicamente, las personas “influyentes”. De esto nunca se habla, porque es muy incómodo y peligroso, así que es mejor convertirlo en algo poco serio, y casi casi infantil. Irrelevante.

Para hacerlo, y poder ejemplarizarlo, vamos a obviar a los dos partidos más queridos y odiados de este país, porque sería demasiado fácil que estuvierais de acuerdo. Y vamos a utilizar para la hipótesis al tercero en liza: IU (lo voy a utilizar porque es el único partido notorio, y con un ideario sobre el papel, con el que pueda sentir alguna afinidad).

Supongamos que hoy se celebran unas elecciones con una participación normal (entre el 70 y el 75%). Supongamos que IU consigue diez millones de votos y con ello la mayoría absoluta. Bien, acabamos de darle un cheque en blanco a un partido por toda una legislatura.

Si atendemos a los antecedentes en aquellas instituciones que este partido ha dominado (a nivel provincial, local o de comunidad autónoma en coalición), se da la circunstancia de que nunca ha consultado sus decisiones, e incluso han puesto en cuestión que se consulte en ciertos casos (y eso que estamos hablando de un partido con tintes progresistas). Por esto, tampoco valdría de mucho que pretendieran consultar solo aquellas cosas que ellos decidieran relevantes, porque nadie debe valorar motu proprio lo que es o no importante para los demás.

Retomo: supongamos ahora que IU decide algo como crear una banca pública (algo con lo que yo mismo estaría encantado), supongamos que no consulta a nadie (porque no lo haría). ¿Es legal? Sí, y además es norma. ¿Es legítimo y democrático? En absoluto. Supongamos ahora que decide tomar una medida contraria a mis principios ¿Tengo que rendir pleitesía por haber elegido una opción concreta? ¿Tengo que comerme el paquete completo de propuestas por aquello de que son “el menos malo”? Ahora supongamos que hacen algo contrario a su programa, como por ejemplo plegarse por responsabilidad a las exigencias de Bruselas (harto probable, porque no se descarta en su tendencia) ¿Por el hecho de haberles votado tengo que aceptar lo que ellos digan? ¿No eran demócratas?

Pues en realidad no, porque eso no es democracia, e incluso no lo sería con el 100% de los votos, porque la mecánica está viciada. Personalmente, ni con la medida que me gusta estaría de acuerdo, porque me pongo en la piel de aquellos que no la aprueban y no han podido decidir, y porque les estamos imponiendo una medida, y eso se hace en las dictaduras. Para qué hablar entonces de lo que no me gusta o de aquello con lo que me han estafado.

Bueno, pues olvidad ahora que hemos puesto a IU (que nunca ha gobernado a nivel nacional) como ejemplo, pues eso mismo, y sin conjeturas, les estará pasando y les ha pasado a los votantes de PSOE y PP. Aunque un partido se aproxime a tu línea ideológica (si es que la tienes), no tienes por qué estar de acuerdo con un programa monolítico, ni tienes por qué aceptarlo, y tienes derecho a sentirte utilizado. Al hilo de esto, empieza a parecer ridículo mantener las clásicas y manidas excusas para justificar semejante disparate.

No hay ninguna razón de peso para seguir aceptando este absurdo, por mucho que insistan los interesados en autorizar una práctica que no superaría la mínima prueba lógica. Por mantener la paz y por espíritu democrático, sí debemos aceptar la decisión de la mayoría… pero la mayoría no son unos pocos elegidos que deciden por los demás una vez alcanzan el poder. La democracia es un ejercicio diario, y no algo que se pone en valor una vez cada cuatro años y que pierde su esencia en cuanto se cierran las urnas.

Lo peor de todo, aunque no modifique el fundamento de la injusticia, es que según se prevé, en las próximas elecciones se podría alcanzar una mayoría absoluta con tan solo cinco millones de votos. El partido ganador, con el soporte de cinco millones de personas, podría imponer sus decisiones a 30 millones que no lo han votado pudiendo hacerlo. Esto no puede continuar. El sistema no puede seguir permitiéndose funcionar de arriba a abajo ni un día más, pero tendremos que esperar algún tiempo para saber si lo que queremos es ser súbditos o ciudadanos.

Para ello habrá que saber si somos conscientes de que nuestro miedo no tiene sentido. Que lo que debería hacernos estremecer es dejar nuestro futuro en manos de personas que se arrogan la potestad de decidir por nosotros. Hoy, como ayer, unos pocos prepotentes están actuando al margen de nuestra voluntad, y yo, sin querer ponerme ahora en la piel de los demás, no me siento… no puedo sentirme representado por aquellos a los que no he concedido semejante privilegio. Si algo me va a afectar y no me consultas, estás ejerciendo de déspota, aunque constantemente, y ensuciándola, te llenes la boca de la palabra democracia.

Tenemos miedo de dejar el país en manos de una población en casi todos los casos con un comportamiento más que responsable en su cotidianidad, y en otros tantos, además, con varias carreras y un Babel de idiomas… y preferimos que unos personajes egoístas y que a duras penas hablan el castellano, dirijan nuestro destino (bien orientados para servir a ciertos intereses, todo hay que decirlo). Esto habrá que repensarlo.

Pero lo que deberemos pensar muy seriamente es hasta qué punto estamos condicionados (seguramente mucho más de lo que creemos). Y cómo es posible que hayamos sustentado esta farsa durante tanto tiempo, y además ufanos por nuestro modelo de convivencia.

Ya es momento de cambiar. Librémonos de esta casta que nos desprecia. Despojémonos de ataduras y tradiciones malsanas y acabemos con este sinsentido.

Es posible y es necesario.

Cómo:

Haznos saber que te gusta la idea indicando en el formulario “Simpatizante ILC”

Enlace: http://clubiniciativa.org/

O implícate, y sé una/o más para repartirnos todo el trabajo que hay por delante:

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Si queremos, podemos.

¿Qué son  Club Iniciativa e ILC?

http://iniciativadebate.org/2013/04/24/solo-os-pedimos-algo-que-podeis-dar-sin-tener-nada-y-no-es-vuestro-silencio/

Vamos a madurar o el viento nos hará caer verdes

 

 

Revolución vs. Involución

Posted: 27 Apr 2013 10:16 AM PDT

Iniciativa Debate Público

Eldiario.es

Islandia está a punto de devolver el poder a los impulsores de las políticas neoliberales que llevaron al país al colapso económico a finales del año 2008. El centroderecha encabeza todas las encuestas para proclamarse vencedor en las elecciones legislativas que se celebran este sábado.

Los colegios electorales han abierto sus puertas a las 9:00 horas en una jornada en la que cerca de 230.000 islandeses están llamados a las urnas para elegir a los 63 integrantes del Parlamento. Alrededor del diez por ciento del electorado ha votado ya por anticipado, según los datos de la Autoridad Electoral.

Los principales sondeos apuntan a una mayoría cómoda del centroderecha frente al desplome de la coalición de izquierda que ha gobernado Islandia en los últimos cuatro años, y la única duda parece ser si ganará el conservador Partido de la Independencia o el centrista Partido del Progreso, virtualmente empatados. Ambos han estado en los últimos años en la oposición.

Centristas y conservadores gobernaron juntos entre 1995 y 2007, un período donde comenzó la ola privatizadora, empezando por los principales bancos de la isla, que en una onda expansiva insólita llegaron a tener un tamaño equivalente a diez veces el PIB de Islandia y cuya quiebra situó al país en una crisis sin precedentes.

Las duras protestas de enero de 2009 se llevaron por delante al gobierno del conservador Geir H. Haarde, que tuvo que dimitir en pleno, y auparon al poder a la Alianza Socialdemócrata y al Movimiento de Izquierda Verde en un ejecutivo encabezado por Johánna Sigurdardóttir.

Aciertos y errores del gobierno de izquierdas

A la luz de las encuestas, el primer gobierno de izquierda en 69 años de independencia de Islandia no ha cumplido las expectativas generadas, y pese a que ambos partidos han cambiado de líderes, los sondeos les vaticinan una pérdida de al menos la mitad de los votos obtenidos en 2009.

Aunque ha logrado estabilizar las finanzas obteniendo un ligero crecimiento económico y reducido el paro y la inflación, el programa de ajuste impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que el gobierno ha seguido a rajatabla ha tenido un coste social elevado.

La coalición de la primera ministra socialdemócrata, Jóhanna Sigurdardóttir, no ha resuelto el alto endeudamiento hipotecario de las familias, ni ha sacado adelante la reforma del sistema de cuotas pesqueras, ni una iniciativa popular para reformar la Constitución.

Si a ello se le añaden las disputas en el seno de la coalición por cuestiones como la UE y el litigio sobre las indemnizaciones a ahorradores extranjeros por la quiebra del banco Icesave se entiende por qué el Gobierno quedó en minoría a mitad de la legislatura y con unas cotas de impopularidad muy elevadas.

Ese descontento ha sido aprovechado por el Partido del Progreso, tradicional “hermano pequeño” de los conservadores y que por primera vez podría ganar unos comicios gracias a su oposición a los acuerdos firmados por el Gobierno en el caso Icesave y a su propuesta para reducir un 20 % la deuda hipotecaria de los islandeses.

Socialdemócratas y “rojiverdes” se agarran al ligero repunte que muestran las últimas encuestas, aunque los sitúan todavía lejos del centroderecha, aun recurriendo al apoyo del centrista “Futuro Brillante”, una nueva formación que al igual que el “Partido Pirata” cuenta con muchas opciones de entrar en el Parlamento.

Las hipotecas y el ingreso en la UE, en el centro de la campaña

La campaña electoral ha girado en torno al problema de las hipotecas, muchas vinculadas a la inflación -que se disparó con la crisis-, y a otros temas como el empleo o la sanidad, además del ingreso en la UE, que ahora mismo parece una quimera.

Forzada por sus aliados “rojiverdes”, Jóhanna Sigurdardóttir suspendió temporalmente las negociaciones con Bruselas en enero, apelando a la imposibilidad de concluirlas antes de los comicios, cuando hace cuatro años la líder socialdemócrata hablaba de hacer un “ingreso exprés” antes incluso que Croacia.

El conflicto con varios países de la UE por el caso Icesave y por las cuotas de captura de caballa y la crisis del euro han hecho renacer el tradicional euroescepticismo de los islandeses.

Según una encuesta publicada hace dos días por la televisión pública “RÚV”, el 52,2% se opone al ingreso frente al 27,6%, aunque hay una mayoría favorable a concluir las negociaciones. Tanto el Partido de la Independencia como el Partido Progresista no solo son contrarios a la adhesión, sino que defienden el fin de las conversaciones y la retirada de la solicitud de ingreso.

La “congelación” de la constitución ciudadana

La legislatura ha terminado en Islandia sin que se haya tramitado la reforma constitucional que nació de las protestas de la calle. El actual gobierno ha expresado su intención de volverlo a intentar si repite al frente del país, sin embargo, el Partido del Progreso, que ha encabezado hasta ahora la oposición, ha adelantado que no seguirá adelante con la reforma si regresa al poder.

El texto de la nueva carta magna, elaborado por un grupo de 25 ciudadanos, es considerado una referencia internacional para una salida alternativa a la crisis política y económica. El texto avanza en aspectos como la soberanía del pueblo, los cambios en el sistema electoral, la separación de poderes o la propiedad de los recursos naturales.

Revolución vs. Involución