El hombre

 

El hombre nace y muere crédulo; pero de tan honroso principio se deriva cierta disposición cuyas consecuencias le precipitan en un cúmulo de errores y de males. Naturalmente verídico, se inclina a hacer de sus palabras l expresión de sus sensaciones, de sus sentimientos y de sus recuerdos, con la misma verdad que sus lloros y sus gritos de dolor y de júbilo, y sobre todo sus miradas y los movimientos de su fisonomía revelan sus padecimientos, sus temores o sus placeres.

La palabra engaña con más frecuencia que los signos mudos o inarticulados, porque el discurso participa más del arte que de la naturaleza; pero es tal la fuerza de la inclinación que nos arrastra hacia la verdad, que el hombre más habituado a faltar a ella se halla dispuesto a suponer que la respetarán los demás; y para que les niegue su crédito, es preciso que encuentre en sus afirmaciones algo que repugne a lo que ya sabe, o que le haga sospechar el deliberado intento de engañarle.

                                                                              (S. Manero)

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