Europa Press se hace eco de… La realidad es ahora… Unos 300.000 parados se borran del INEM por…

Iniciativa Debate Público

Paco Bello | Iniciativa Debate | 31/03/2013

Este será sin duda el empujón que hará que la propuesta de la plataforma ¡En Pie! alcance la difusión que no estaba consiguiendo. Y me alegro por las personas que están trabajando mucho y bien por hacer que el llamamiento salga adelante, y que este sea mucho más que un desahogo de último recurso.

Solo un par de apuntes más sin importancia a estas alturas: ¡En Pie! no era “una” de las plataformas convocantes del 25S, sino la plataforma que ideó, concretó y propuso el 25S, así como ha vuelto a hacer con el 25A. Y a los redactores de EP se les podía haber ocurrido que lo serio y profesional es enlazar la fuente de la noticia, que es esta:

http://plataformaenpie.wordpress.com/

Y la dirección del evento:

https://www.facebook.com/events/143019945857320/

El 25S llama a “asediar” el Congreso el 25 de abril y a no abandonar hasta que dimita el Gobierno

MADRID, 31 Mar. (EUROPA PRESS) –

La Plataforma ¡En Pie!, una de las organizaciones convocantes de las protestas que llamaban a rodear el Congreso de los Diputados el pasado 25 de septiembre, ha convocado una nueva concentración el próximo 25 de abril, en esta ocasión, para “asediar” la Cámara Baja de forma indefinida “hasta forzar la dimisión del Gobierno, la disolución de las Cortes y la Jefatura del Estado y el inicio de un proceso de transición hacia un nuevo modelo de organización política, económica y social, liderado por el pueblo”.

“Convocamos a las personas de todo el territorio español a desplazarse masivamente a Madrid el próximo 25 de abril y rodear el perímetro del Congreso llevando a cabo una acción principal de asedio constante”, es el llamamiento que hace la plataforma a través su página web para el próximo 25 de abril, que coincide precisamente con el aniversario de la Revolución de los Claveles que tuvo lugar en Portugal en 1974 y que supuso la caída de la Dictadura salazarista.

Para que no quepa lugar a dudas sobre su principal objetivo –el “asedio” y la consiguiente “liberación definitiva del Congreso de los Diputados”–, la plataforma recuerda la definición que la Real Academia de la Lengua (RAE) establece para la acción de asediar: “Cercar un lugar fortificado, para impedir que salgan quienes están en él o que reciban socorro de fuera”.

En este sentido, defienden que la que proponen es la “única vía” de la que dispone la sociedad “para salir de la miseria” que, según denuncian, han producido “quienes hoy ocupan el Congreso y el resto de instituciones antidemocráticas” que conforman el “régimen” al que los ciudadanos se ven, a su juicio, “sometidos”.

“No vamos a seguir jugando con sus reglas, no somos indignados, somos personas comunes con poco que perder, todo por ganar y con la dignidad en rebeldía. Nuestra paciencia se ha agotado, hemos perdido el miedo y vamos a cambiar las reglas del juego. Las reglas esta vez las pone el pueblo”, aseguran.

Asimismo, informan de que la acción del próximo 25 de abril tiene como cometido a su vez dar “continuidad” al movimiento iniciado el pasado 25 de septiembre, movilización tras la cual se han sucedido otras que también han tenido como escenario los alrededores del Congreso y que en más de una ocasión se han saldado con decenas de heridos y detenidos.

En concreto, las protestas del 25S acabaron con 35 detenidos y 64 heridos. Aunque las que se sucedieron en octubre contra la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) se desarrollaron en un ambiente más relajado, la movilización convocada con motivo de la huelga general el 14 de noviembre acabó con graves disturbios y volvió a saldarse con decenas de detenidos y heridos.

“PUNTO DE INFLEXIÓN DEFINITIVO”

En esta ocasión, la plataforma tiene la convicción de que la movilización del próximo 25 de abril –la octava que se producirá desde septiembre bajo la premisa de rodear el Congreso– puede suponer “un punto de inflexión definitivo en la historia” de España. Por ello, invitan a “toda la población” a sumarse a la acción, ya sea “desde colectivos organizados o a título individual”.

De momento ya han recabado el apoyo de la Coordinadora 25S, la otra plataforma que organizó y promovió las movilizaciones que comenzaron en septiembre, tal y como se acordó en la segundas ‘Jornadas Constituyentes’ celebradas por la coordinadora a mediados de marzo.

http://www.europapress.es/nacional/noticia-25s-llama-asediar-congreso-25-abril-no-abandonar-dimita-gobierno-20130331115814.html

Víctor Alonso Rocafort / Eldiario.es

El padre del pensamiento liberal, John Locke, en su Segundo ensayo sobre el gobierno civil especifica que cuando un gobierno usurpa las libertades, entrega el gobierno a la sujeción de un poder extranjero, se corrompe, o conduce la sociedad de un modo distinto al que esta ha prescrito, el derecho de resistencia ciudadana está más que justificado. Para el inglés los auténticos rebeldes en este caso son los gobernantes. Locke, basándose en la raíz latina re-bellare , indica que en cualquiera de estos supuestos el gobierno está protagonizando una vuelta al estado de guerra. Ante el desprecio gubernamental por la política, la ciudadanía debe defenderse para reinstaurarla.

Parece que las acciones del gobierno español casan a la perfección con la descripción lockeana en los cuatro casos mencionados. Pero además de rebelde, el gobierno es violento. ¿Qué significa esto?

Los vínculos del gobierno se han establecido con la oligarquía; a ella favorecen sus decisiones y hasta las leyes. Basta con repasar el relato de la acción gubernamental — socialista y popular — durante la crisis, echar un vistazo a los indicadores de desigualdad, a los de concentración de poder, al fenómeno de las puertas giratorias o recordar su desprecio por el programa electoral. Cuando el gobierno ordena a la policía echar a la gente de sus casas, golpear y detener a quienes solidaria y pacíficamente tratan de impedirlo, está defendiendo una vez más los intereses de unos pocos. En este caso los de los propietarios de los bancos.

Se supone que la policía es una institución pública, pagada por todos y que nos debe obediencia a través del poder político. Si este no nos representa democráticamente, la policía pierde también el vínculo ciudadano. En realidad aceptamos que el monopolio de la violencia reside en el Estado porque el gobierno que lo dirige es democrático. Si hay dudas sobre esto, se quiebra algo imprescindible: la confianza. Dejamos de imaginar “protección” al ver a gente vestida de azul, para sentir inquietud e incluso miedo.

El gobierno de España utiliza así, pervirtiéndola, una fuerza que no es suya — ¡es nuestra! — al servicio de intereses espurios. A la vez limita derechos fundamentales como los de reunión o manifestación para contener la protesta. Por todo ello, en lugar de pensar que el gobierno vela por nuestra seguridad a la hora de hacer cumplir las leyes, decimos que es violento.

Si esto es así, ¿cómo hacer frente a la violencia del gobierno, que ya no creemos legítima, cuando se presenta armada en la puerta de tu casa? ¿Qué hacer cuando jóvenes, parados, mayores y niños se ven en la calle, soportando además una deuda impagable?

Hannah Arendt apostaba por distinguir claramente las reglas que rigen política y violencia. En la primera reina la palabra y la escucha a la hora de lidiar con los inherentes conflictos de la ciudad. En la segunda solo hay espacio para el silencio forzado, el grito o los lamentos; domina el rugido de los instrumentos que dañan. En la política las decisiones se toman deliberando entre todos, sin exclusiones, con un poder de decisión equitativamente repartido. Se cuida de lo público desde lo público. Cuando domina la violencia se impone la disciplina jerárquica, la obediencia sin discusión y la construcción del enemigo ante cualquier disidencia. Mientras, la política cultiva la amistad con el diferente, que puede y debe expresarse. Hay libertad de movimiento al pensar, al transitar por el mundo y en las diversas alianzas que se trencen. No hay bandos. La violencia en cambio son hermandades cerradas al combate; es destrucción, aunque su fin declarado sea otro más excelso.

El sentido de la política, lo que la hace marchar, es a cada instante la libertad.

A pesar de la defensa que toda su vida mantuvo por la política, Arendt había escrito a comienzos de los años cuarenta, en la revista neoyorquina Aufbau , una serie de artículos animando la conformación de un ejército judío. Entonces sostuvo que era imprescindible tomar la iniciativa en la autodefensa frente al nazismo, así como erigirse en sujetos de cara a la negociación de una futura paz. Es más, en su polémico libro sobre Adolf Eichmann, había criticado la pasividad de los judíos que eran conducidos a los guetos, a los campos, a las cámaras de gas. Arendt sabía lo que pedía en estos escritos. Reconocía que una vez el ciudadano se torna soldado, cuando posteriormente regresa a la ciudad tras las experiencias sufridas en el frente, se ha convertido en un ciudadano “herido”. La opción por la violencia es trágica. Te introduces en un terreno enfangado de graves renuncias; sobrevienen las jefaturas, el miedo, los enemigos y en última instancia los asesinatos. De racionalizarse, ya solo cabe esperar el Terror. Sus fantasmas te acompañarán de por vida.

¿Qué hacer entonces en la España de 2013? Es un contexto muy distinto, pero ¿nos sirven estas reflexiones?

De las múltiples iniciativas ciudadanas contra este gobierno, ninguna aboga por la violencia. Al contrario, están suponiendo una extraordinaria apuesta por el tipo de política que describió Arendt. El gobierno, medios afines y un partido como UPyD han empleado sin embargo palabras muy gruesas en sentido contrario. Han acusado a familias y ciudadanos agrupados en las Plataformas de Afectados por la Hipoteca de ejercer la violencia al modo de los terroristas, e incluso de apoyar a ETA.

El gobierno está construyendo un enemigo, no está dialogando. El fin es ejercer la represión más cómodamente, como acaba de demostrar la orden del Ministerio del Interior sobre los escraches. No resulta así casual que quien se haya expresado de forma más contundente estos días haya sido quien manda sobre la policía en Madrid, Cristina Cifuentes. Con esta criminalización tratan asimismo de justificar el rechazo a la propuesta de la PAH en el Parlamento.

Los escraches sobre representantes del partido en el gobierno son un brusco recordatorio a la olvidada responsabilidad de quien gobierna. “Tú me has ignorado, pero estoy aquí”. “Tus firmas burocráticas, tu gesto al apretar un botón, tienen consecuencias sobre personas como yo”. Estas afirmaciones surgen contra la ceguera moral del gobernante, y son el último recurso ante la quiebra de la representación democrática. Armados con silbatos y pegatinas, los desahuciados y quienes con ellos se solidarizan llevan la protesta hasta los espacios privados. Aparece también la persecución. No golpean, y expresamente se identifican como pacíficos.

El riesgo de violencia está presente, qué duda cabe. Cuando los absolutos se introducen en la escena, cuando la rabia ofende tanto el sentido de la justicia que explota y cuando se señala al otro como enemigo para (con)vencerlo sin escucharlo, se renuncia a la construcción democrática de otra política. De ahí que cada paso deba pensarse y toda crítica que no desea marcarte como objetivo deba atenderse. Pues nadie quiere parecerse a aquel frente al que se resiste. Y a la vez nadie quiere que lo echen de su casa. Ni que le dejen sin sanidad pública. Ni que lo golpeen impunemente o le obliguen a pagar una deuda que no es suya. Ahí está la tensión.

Pero no nos equivoquemos. Si alguien se ha comportado como una organización violenta ha sido el gobierno. Es él quien ha apostado por salirse de la política. Se ha rebelado contra la democracia, dejando sin apenas opciones a mucha gente. Las víctimas de los desahucios tan solo renuncian a seguir el camino de las expulsiones con la cabeza gacha. Se erigen como sujetos activos que toman decisiones propias, que apuestan por una resistencia en las lindes de la acción política en defensa de sus derechos y de los nuestros. De ahí que merezcan el apoyo del resto de ciudadanos, lo que tampoco supone un cheque en blanco.

El problema es que el gobierno no desea retornar a la política. Se resiste a dejar de jugar en un campo donde cree tener las de ganar. Ha demostrado además en múltiples ocasiones su torpeza en esta crisis y, si puede, incendiará. Antes de lamentar cualquier punto violento de no retorno es preciso que el poder de los muchos, pacíficamente y en las calles, haga caer a este gobierno rebelde. Si esto no sucede pronto, la responsabilidad de lo que pueda pasar en estadios posteriores también será nuestra. Así que démonos también por enterados.

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La realidad es ahora. Lo demás es nostalgia

Iniciativa Debate Público

Ale Oseguera / GRUNDmagazine

Hace un año, durante una entrevista de trabajo telefónica para un periódico, el director de área me preguntó: ¿Cómo es que te has quedado en España con la crisis que hay? Se quedó en silencio un buen rato tras mi respuesta. Me abstuve de preguntarle si seguía ahí porque el sonido de su respiración me lo aclaraba. Supuse que estaría haciendo algunas anotaciones. O quizá, tachando mi nombre de la lista de candidatos. Le había contestado que la crisis española no me asustaba, que yo esta crisis ya la había visto, la había vivido. “No me asusta. Yo nací en una crisis y crecí con ella”, le dije, una que se repite intermitentemente cada seis años. De mis 29, los dos únicos en los que prácticamente no escuché ni mencionar esa palabra fue cuando vine a vivir a Barcelona en 2006, cuando estaban por agotarse las reservas de la abundancia ibérica.

Hace una semana me hicieron la misma pregunta; durante otra entrevista de algo que se parecía a un trabajo.

La crisis financiera y política que ahoga hoy a los españoles da rabia a mucha gente. Motivados por este hartazgo y cabreo, salen a la calle a manifestarse, rompen cristales, escriben denuncias poéticas, ponen adjetivos incómodos a los responsables en programas de televisión. Luego hay a quienes la rabia se les mezcla con la esperanza y entran al Congreso a gritar que sí se puede.

La confianza que nos plantó el 15M es una flor que está marchitándose. La cosechamos y nos hemos alimentado de ella durante dos años. El movimiento fue una medida de supervivencia, un búnker en la mentalidad de cada uno de los habitantes de este país. Pero, ¿qué esperábamos? ¿Que los cientos de campistas de las plazas Catalunya y Sol devolvieran la seguridad social o los créditos bancarios con los que se adquirieron coches, casas, kilos de droga para las fiestas, miniempresas, y vacaciones de verano? Quien opina que el 15M no funcionó es muy ingenuo/a. Pero sí que es verdad que toca volver a arar la tierra.

Que nos digan que crisis es sinónimo de oportunidad suena vacío a pesar de que es una verdad como un templo. ¿Y dónde está la oportunidad?, preguntan muchos. Si envío y envío y envío currículums a todo dios. Si en un sólo día, un trabajo para el que soy perfecta/o tiene 500 candidaturas…

Toca volver a plantar

Lo que le pasa a España es lo que ya vivió México en su momento. Puedo afirmar que es lo que ya le sucedió a Latinoamérica en general. Ha entrado en época de Rebajas/Rebaixes/Soldes/Sales. Hay un mercado abierto y los compradores regatean como en el mejor mercadillo de Marruecos. Pase y vea… y lléveselo. A nosotros nos compraron todo: el petróleo, el Amazones, las minas de cobre, el agua, el gas. ¡Vendimos hasta los bananos, el café y el tequila! A precio de coste en el mejor de los casos. No me sorprendería si en su momento, España cediera hasta la nacionalidad del flamenco si a la Merkel le da por las peinetas.

Hace 6 años, ser camarera de bar, dependienta de tienda o locutora de una radio de reggetones, era considerado un “trabajo de inmigrante”. 800 euros al mes eran una miseria que sólo los extracomunitarios aceptábamos con una sonrisa. Si algo ha hecho la crisis es eliminar las fronteras sociales. La denegación de los servicios sanitarios o la explotación laboral sin contrato de trabajo ni seguridad social ni vacaciones, sólo las padecíamos los de países en vías de desarrollo (aka tercermundistas). Eso era antes. Nunca como ahora ya da igual si eres español o catalán o sudaca o nordaca-simpatizante-del-calor-del-Mediterráneo. Somos todos ratas del mismo naufragio.

Sin duda vamos en picada.

Pero en la igualdad está la siguiente red.

Hace un mes me ofrecieron, de nuevo, algo que se parecía a un trabajo que después me quitaron porque un becario salía más a cuenta. El sueldo era el mismo (algo simbólico), pero al becario “le conviene trabajar con nosotros”. ¿A mí no?, me pregunté.

La rabia está muy bien, es un detonante. Creerse muy perspicaz también está muy bien. Pero hay que ser honestos: seguir actuando como hace seis o diez años es tan absurdo e inútil como creer que Infojobs te sacará del paro. España, los españoles y sus residentes estamos en venta, como esclavos. ¿Por qué entonces no tender la mano a quien te la ha tendido a ti cuando lo has necesitado (y también cuando no)? ¿Por qué no hacer equipo con quien ha colaborado con tu proyecto sin cobrar un céntimo aún cuando había ingresos económicos? ¿Por qué saquear al que está al lado tuyo? ¿Para qué? Para tener un país de gente que se pisotea para repartirse… ¿migajas?

Entonces, ¿dónde está la oportunidad?

Está donde te haya pillado con las manos ocupadas. Ahora mismo, puedo presumir de que tengo dos amigos viviendo y cobrando de la literatura, otros dos de las plantas, uno de la carpintería, cuatro del Internet, otros dos de la música, cinco de artes variadas, seis de la hostelería, dos del diseño gráfico, otros dos del periodismo cultural, tres de la política, dos del trabajo social. Muchos otros se han marchado a Latinoamérica, sin importar si son de allá o de acá. Trabajan de profesores y de dependientes, administrativos, publicistas o informáticos. Y sobreviven. Porque todos sobrevivimos al final. Esa es un poco la putada, pero esa es, sobre todo, la oportunidad.

La devastación, para bien o para mal, ha dejado semillas. Pocas, pero las hay. (¿Cómo explicamos si no un fenómeno como el de J., que pasó de inmigrante sin papeles a tener un contrato indefinido y un sueldo de mil euros al mes en el negocio del periodismo, en pleno 2013?) Toca encontrar esas semillas. Plantarlas. Regarlas con el agua que, por muy contaminada que esté, es agua al fin y al cabo. Trabajarlas, abonarlas, y esperar, de pie y en movimiento, a que den frutos. No queda nada más. La realidad es ahora. Lo demás es nostalgia.

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