No puede salir gratis

 

 

Primera Plana | por Paco Bello

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Paco Bello | Iniciativa Debate | 23/03/2013

Es difícil tomar posición en un maremágnum de situaciones como el actual. O más que difícil es casi imposible. Va todo tan rápido que no da tiempo a valorar adecuadamente qué es lo apropiado. Y es muy posible que esto sea lo que persiguen algunos: que no nos dé tiempo a pensar.

Me preocupa el desarrollo de los acontecimientos por más previsibles que resultasen y sigan resultando, o quizá precisamente por eso. Pero al mismo tiempo, por mucho que crea que en las actuales condiciones la naturaleza de las mayorías no resultará provechosa para esas mismas mayorías, ¿quién es capaz de no defender ciertas opciones?

Frente a ciertas acciones es lógico esperar ciertas reacciones. Es normal que la contravención de lo pregonado y discursivamente defendido produzca desafección. Es normal que la realidad acabe con la ficticia y voluntaria imaginería, y se convierta en una decepción, por mucho que racionalmente esté injustificada como tal. Es normal que se dejen de perdonar los defectos cuando se acaba la vinculación afectiva. Y es normal que cuando uno se ve atacado, acabe un día por defenderse como última y legítima salida. Y todo eso está ocurriendo.

Todo en este proceso ha tenido importancia. No se reaccionaría de la misma forma en la que ya está empezando a hacerse si antes no se hubiera perdido el respeto por el propio sistema y se hubiera comprobado fehacientemente lo que en realidad siempre había sido. Solo cuando ha quedado claro qué función cumplían los partidos políticos tradicionales, y hasta qué punto era dependiente la justicia del propio entramado feudal, se ha optado por otras vías de acción.

Lo malo es que el origen del problema sigue inalterado. El pueblo, como definición de aquellos que no tienen poder y sí están sometidos a él, sigue siendo lo mismo que ha sido siempre. Sigue habiendo una parte que vive su vida de la misma manera, o como mucho, mirando de reojo y recitando aquello de “virgencita, virgencita” ya se sea lumpen, paria, o pequeñoburgués (no perdamos las definiciones válidas que tanto molestan a algunos). Por otro lado tenemos a quienes reaccionan frente a las agresiones directas cuando ya no ven una posible vía de escape o alternativa. Y en este triste último caso, por sentirnos mejor, podríamos decir que si esa gente se ve en esa tesitura es por falta de previsión, de responsabilidad o de compromiso previo; pero aunque sea incómodo en unos casos o parezca muy duro en otros, lo más razonable es pensar que en realidad están haciendo aquello para lo que están intelectualmente capacitados. Porque aunque podamos asegurar que no se debe vivir al margen de lo que te pudiera afectar, o que el obviar voluntariamente lo evidente es hacer malabares con tu propio destino, aquí queda una condición en el aire: ¿cuántas de las personas que hoy se ven indefensas sabía realmente dónde vivía?

En este puñetero mundo hay quien juega al ajedrez. Hay quien estudia a Sun Tzu. Hay quien no tiene prisa pero sí objetivos y sabe que la metodología da frutos a largo plazo. Y hay quien con todo el derecho, sea consciente o no de que esa opción es un derecho; ni hace ni piensa esas cosas.

Los que sí creen que la preparación y la constancia son valores prácticos, no tienen por qué ser precisamente filántropos, y de hecho no suelen serlo. Por poner un ejemplo entre muchos, Emilio Botín, presidente del Banco de Santander, tiene “El arte de la guerra” como libro de cabecera, y ha declarado en más de una ocasión que aplica las enseñanzas del general y tratadista Tzu en la gestión de su banco. Una persona así, que ha convertido su vida en un plan estratégico para ganar batallas en una guerra entre dementes por ser el que domina algo más que su parcela ¿es un enfermo? Todo indica que sí. Y es un problema que este hombre sea alguien en una posición con capacidad para más que influir determinar el tipo de vida de los demás. Pero mucho mayor problema es una sociedad en la que un enfermo de este tipo logre semejante poder legalmente, y encima pase por un gran estratega en lugar de por una persona manifiestamente peligrosa, y que necesita ayuda profesional.

Llegados a este punto, y dentro de una sociedad extraña, condicionada y alienada donde hay quien solo advierte el fuego cuando se está quemando y por muy evidente que resultase el incendio; donde somos incapaces de unirnos aunque conozcamos el origen de nuestros problemas: donde para reaccionar de forma ordenada la mayoría de la gente necesita referentes por ser incapaz de tomar la iniciativa; donde el que no se ha visto demasiado afectado se mantiene al margen; donde los villanos son héroes y los héroes villanos, y donde no se ha aprendido nada realmente importante, porque es muy posible que nunca llegue a hacerse… ¿qué nos queda?

Nos queda ser positivos e intentar disfrutar del espectáculo, apoyar en lo que se pueda, e ir sorteando obstáculos según vengan. Nada de intentar programar algo serio, ni estudiarlo, ni procurar imposibles. Y que salga el sol por donde quiera.

Ahora parece que la evolución visceral marca ir aumentando la presión sobre aquellos a los que ya no se respeta (con toda la razón), a base en un principio de ‘escrache’ como ha empezado a hacer la PAH. Bien está eso. Y bien está porque es evidente que no les gusta nada a los señalados ni a sus arrastrados voceros que ya están poniendo el grito en el cielo. Puede que les guste menos cuando alguien pierda el miedo y la vergüenza, y frente a una de esas sanguijuelas con buenas palabras y mejor imagen, pero con interiores mucho más oscuros que el resultado de sus políticas, se deje caer alguna mano, y puede que algún pie. Pues nadie puede evitar que si un “listo” ha intentado aprovecharse de la llamémosle “inocencia”, o de la desidia de sus semejantes, y estos llegan a entender que eso ha sido efectivamente así; se pase de señalar a proyectar el dedo.

A partir de ahí nos podemos encontrar con muchos problemas, o mejor, podemos generalizar los problemas que ahora solo afectan a una parte de la población. Y es justo. Tanto como lo pueda ser la apatía de los que ahora no se implican en la solución porque a ellos les va relativamente bien, o como poco mejor que a otros, incluso aunque sepan que ya les ha tocado una parte, e intuyan que pronto les tocará con mayor intensidad de una u otra forma.

Con toda sinceridad, a estas alturas poco me importan las consecuencias de los actos ajenos, pese a que me puedan afectar. Y no tengo fuerzas ni ganas para reflexionar acerca de todos los pros y contras de cada una de las decisiones que se tomen. Sin entrar en esas profundidades, me parece no solo justo, sino tardío y demasiado moderado a lo que estamos asistiendo, aunque estoy seguro de que se agudizará, y quizá con suerte a algunos no les salga gratis su cobarde despotismo disfrazado.

P.S. A los de los medios fascistas en general, y particularmente a Luis Losada, periodista del panfleto “La Gaceta” en relación a este comentario en su supuración de hoy: “Un amigo me pasa la dirección de Ada Colau en Barcelona. Seguro que muchos quieren hacerle una visita. No la publicaré. Es su intimidad. Y tiene tanto derecho a ella como González-Pons.”

¿Qué tal si publico yo tu dirección? Porque quizá exista mucha más gente que quiera visitarte a ti que a Colau. Te lo comento porque Ada Colau no es un cargo público, y ni tan siquiera un personaje público y mediático a sueldo. Pero como tú sí lo eres, igual me decido y la publico. Mejor frena un poco los caballos, que aquí todos sabemos correr esas carreras.

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