Hoy 23-F luchamos por nuestra Libertad – Polinomia 23-02-2013

 

 

Iniciativa Debate Público


Hoy 23-F luchamos por nuestra Libertad – Polinomia 23-02-2013

Posted: 23 Feb 2013 08:19 AM PST

Iniciativa Debate Público

Polinomia | Colectivo Burbuja | 23/02/2013

El Debate sobre el Estado de la Casta no dio a la ciudadanía una respuesta adecuada a sus problemas, así que hoy se organizan como marea e intentarán mandarle un mensaje claro: “la política es nuestra”. Con Pepe Crespo y Paco Bello. Conduce Juan Martínez.

Hoy 23-F luchamos por nuestra Libertad – Polinomia 23-02-2013

Elegía

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Posted: 23 Feb 2013 05:22 AM PST

Iniciativa Debate Público

Paco Bello | Iniciativa Debate | 23/02/2013

Será que todos tenemos un límite. Será que veo a personas a las que respeto con los mismos síntomas. Será que hoy el cielo está gris. O será que no obtener resultados tangibles acaba por minar la moral. El caso es que he creído perder la ilusión, la esperanza y hasta la empatía.

O será, y quizá esto es lo más certero, que he acabado como otros, hablando de lo que a algunos interesa. Que me preocupa el déficit por cuenta corriente, el riesgo país, la paga extra que no cobrarán los empleados públicos, o el número de ciudadanos que acude a comedores sociales. Será que ahora me preocupa el resultado y no el origen de la situación y su destino.

Será que me he convertido en un serio adulto muy civilizado. Será que me he puesto las orejeras para no perder la linde que marca el grupo, y que por eso he olvidado los sueños que un día me hicieron querer participar en esto que llamamos sociedad, convencido de que mis palabras tenían verdad.

Será, será…

Muchas veces me he preguntado, especialmente en las últimas fechas, cómo logran algunas contadas personas mantener el nivel de compromiso a lo largo de toda una vida. Cuando lo hago, siempre me vienen a la mente los nombres de contemporáneos como Fernández Buey, García Rúa, y otros muchos descarados impenitentes que, aunque cada cual desde su perspectiva, sí han coincidido apostando por una mal llamada utopía (porque nada es más utópico que lo que estamos viviendo).

Y quizá esa es la clave, aunque haya tardado demasiado tiempo en apercibirme de ello.

Arrastrados por las circunstancias, acabamos trasladando nuestra vocación hacia paralelos imperfectos que cada día se alejan más de nuestro objetivo, y que según aumentan la distancia, van reduciendo nuestra anexión, porque esa ya no es nuestra causa. Lo espinoso de todo esto es, en cualquier caso, no darse cuenta a tiempo de lo que está sucediendo, y confundir la falta de norte con la falta de ilusión, hasta darse por vencido.

Creo que si bien aún no he aprendido a desmarcarme, sí empiezo a tener claro que lo importante es no dejarse llevar por la corriente, por cálidas que sean las aguas o por cercano que sintamos el río, porque la evolución (que se dará, que se está dando y que siempre ha existido) no se nutre de la nada. En román paladino, y en lo personal, creo que algunos podemos aportar, cada uno en la medida que la naturaleza quiera, mucho más andando nuestro propio camino, que uniéndonos a una riada que ya cuenta con el enorme caudal que le ha proporcionado la apertura de la presa, y en la que más que sumar, quedaríamos definitivamente diluidos, o peor, engullidos por un remolino. Y creo que mi camino no pasa por recorrer la senda de la reivindicación de lo eliminado, sino por la de la exigencia de lo nunca alcanzado.

No creo, sino sé, que cuando la mayoría de la población se mostraba como mínimo, conforme con nuestro modelo de convivencia, con nuestra estructura social y económica, y con el progreso de aquella forma de sociedad, yo solo veía oscuridad hasta el punto de decidir desmarcarme de la vorágine, prefiriendo pacer lejos del mundanal ruido y de una sociedad que mayoritariamente casi se ufanaba del desarrollo logrado.

Por tanto, si quiero mantener el ánimo, y por mucho que me duela la situación actual de tanta gente, debo reforzar convicciones y definir mis objetivos, que en ningún caso pasan por reivindicar la alienación del trabajo asalariado, con o sin remuneración digna, o con o sin pagas extra. Ni pasa por recuperar una educación que nunca ha sido enseñanza para formar personas, sino para proveer al sistema de mano de obra y consumidores. Ni pasa por pedir volver a una sanidad destinada en demasiados casos a cronificar dolencias, por mucho que fuera mejor que aquello en lo que la están convirtiendo. Ni tanto menos pasa por pretender mantener la desigualdad de un modelo en el que los desfavorecidos ni saben que lo son, y se conforman con adquirir vivencias, gadgets y servicios que no necesitarían (-amos) si no tuvieran que rellenar el vacío inmenso que produce una existencia adulterada.

Seguramente mi posición acabe siendo tan útil como la de los que piden el restablecimiento del estatus previo. O lo que es lo mismo: no servirá de nada. Pero al menos no me sentiré desplazado y confundido, y por consiguiente, hastiado, exigiendo la restitución de aquello contra lo que siempre me he enfrentado.

Prefiero, o mejor, necesito, gastar mi discreta energía, y es lo que haré, repitiendo una y mil veces con datos, con documentos, con estadísticas, con muestras y con comparativas, que otro mundo más solidario, más humano, más completo, más cómodo y feliz, es no solo deseable, sino que es materialmente posible. Y que lo único que nos separa de él, somos este nosotr@s artificial.

P.S.

Un apunte para los que quieren recuperar su estado de consumidores en semi-esclavitud.

Los manuales del buen negociador siempre han recomendado enfrentar estas situaciones alejados del objetivo. Por tanto, si lo que quieres es no perder tu paga, exige un aumento de salario. Si lo que quieres es no hacer más horas, exige una reducción de jornada. Si lo que quieres es que no despidan compañeros, exige la incorporación de plantilla. Y todo esto, obviamente, mejor si es por adelantado, documentando su viabilidad, y con medidas que fuercen por necesidad esa negociación entre las partes, si es que esta es previamente inexistente (dícese paralizando indefinidamente la actividad, o incluso añadiendo amenazas y boicot, y yendo a por todas asumiendo que las consecuencias pueden ser graves, y activando preventivamente la solidaridad para contrarrestarlas). Todo lo que no sea así, carece de utilidad, excepto como espectáculo.

P.S.2

Elegía: primera persona del singular del imperfecto de indicativo del verbo elegir.

Elegía: Composición poética del género lírico, en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado, y la cual en español se escribe generalmente en tercetos o en verso libre. Entre los griegos y latinos, se componía de hexámetros y pentámetros, y admitía también asuntos placenteros.

Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
contemplando
como se pasa la vida
como se viene la muerte,
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado,
fue mejor.

Jorge Manrique.

Elegía

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Escatología

Posted: 22 Feb 2013 11:59 AM PST

Iniciativa Debate Público

Paco Bello | Iniciativa Debate | 22/02/2013

Es curioso, o quizá no tanto, que este término apunte igualmente a significados tan presuntamente dispares como los fisiológicos y los religiosos. Hoy me referiré a los segundos… ¿o a los primeros? Bueno, ya veremos.

No quiero caer en hacer una crítica vehemente sobre la facilidad con la que pretendemos escapar de nuestra realidad. Es comprensible y humano que queramos hacerlo, como lo hacemos involuntariamente ante ciertos traumas. En unos casos la conciencia superficial borra los acontecimientos, y en el otro, “encontramos” un motivo que nos permite huir para dar sentido a una vida que en apariencia nos viene grande.

Ese destello con forma de “algo no funciona” es poderoso, está bien fundado a nivel subconsciente, y no importa el grado de profundidad del intelecto particular, porque siempre encuentra un resquicio para aparecer y, ocasionalmente, con mayor vigor cuanto menos hay para evaluar. Pero no hay nada que reprochar con verdadera propiedad al respecto de buscar un refugio. Primero, porque nadie lo sabe todo, y segundo, porque aunque insospechadamente así lo fuera, no tenemos derecho a hacerlo.

Y no tenemos derecho porque, al menos yo, conozco a mucha gente “decente” que se miente disfrazando de prudencia su existencia (como reflejó maravillosamente Alan Ball en American Beauty). Toda una impostura condicionada por la moral dominante de la que nadie se libra totalmente, como nadie se libra de aquellos pequeños “pecados” socialmente reprobables, que jamás han sucedido¹. Y el que no escapa por la vía de las –acordadas como– perversiones (reales o imaginadas, contra uno o contra otros), escapa por la vía del dogma. Hay quien busca creer en Dios, e incluso quien quiere formar parte de una iglesia que no le acepta queriendo incluso cambiar su credo para adaptárselo. Hay quien ve a Dios dentro de él o del todo, y se empapa a Ken Wilber² intentando hallar una racionalidad que en nada puede envidiar la de aquellos que creen que se pueden multiplicar la comida, abrir las aguas, meter en un bote a todas las especies, o resucitar tras tres días. Hay quien se ríe sin esbozar sonrisa como los corderos de Selassie³ y quien espera que un meteorito, los mayas, o seres con genoma de lagarto, acaben por librarnos de nuestras miserias. Y lo peor es que como escribiera Ibañez (Francisco, no Vicente)… “entre los celtas, los godos, los hunos y los otros, no eran pocos, pero estaban todos locos”.

Pero poco locos, en realidad. Máxime cuando en muchos casos es una locura inducida por aquellos que sí son verdaderos dementes. Si el grueso de la sociedad percibiera lo que hay realmente tras el telón de esta obra macabra, ya no necesitaría llenar su mochila de suministros para la supervivencia. Si de verdad se conociera la naturaleza de aquellos que le han dado forma a lo que somos, sería sencillo interpretar el resultado que nos encoge, como también lo harían nuestros veniales despistes.

Sentirse esperanzado tras ver algo divino en Matrix, dar un salto al vacío que se esconde tras una raya de coca, o vivir la sensación de una aventura por mantener una doble vida sentimental o sexual (mientras ahora alguien lee cincuenta sombras de Grey) es, accidentalmente, poner un poco de inocente terciopelo entre la piel y las cadenas. Violar y matar a inocentes para sentir reforzados los límites del poder, declarar guerras que van mucho más allá incluso del negocio, mantener la evolución social congelada, y disfrutar poniendo en jaque (y los grilletes) a los peones para afirmarse como jugador, y saber que nadie hablará de ello: ese es ya es otro peldaño reservado a muy pocos.

Pero es lo que hay, aunque algunos hipócritas lo oculten o nieguen, y aunque la mayor parte de la sociedad no lo asimile (o lo quiera asimilar), o directamente, lo desconozca. Y estamos muy lejos de darle la vuelta. Casarse con la señora Responsabilidad o con su prima Integridad, es muy duro, psicológicamente agotador, y por si fuera poco, son matrimonios de incierto futuro, y eso suponiendo que sepas de la existencia de tan poco apetecibles partidos (y sin ironía, valga esto para exonerar a muchos).

En la mayoría de ocasiones (y esto es muy escatológico), con o sin conocimiento de origen, preferimos ponernos el chaleco antibalas cuando ya nos han acribillado después de habernos amenazado mil veces, y enarbolar entonces la bandera de la justicia (que reclamamos para nosotros como afectados directos). Pero si nos dejan vivir aquello a lo que nos hemos habituado, pese a que ese hábito no soporte un análisis racional, y derive en la perversión del comportamiento ya comentada: no movemos un dedo, porque entre la espada y la pared hay un sitio habitable.

Será algún día cuando todo cambie, porque lo que no acepta casi ningún tipo de consistencia es el propio tiempo. Y entretanto, por si no sucede la transformación de forma autónoma, lo único que nos queda por hacer es seguir dando argumentos para desnudarnos, y para decir bien alto, que si bien sí está casi todo perdido (y no es que tuviéramos mucho, ni que fuera lógico), precisamente esto nos indica que está todo por ganar, y que sin entrar en puritanismos, no hay droga, ni polvo, ni dios, ni orgullo, que nos satisfaga más que haberle echado arrestos a la vida, implicándonos en ella. Como mínimo, podemos dejar algo sembrado, y seguro, una imagen agradable en nuestro reflejo.

Sin ponerme en plan nihilista, tan importante es combatir lo que acontece, como diseñar lo que se puede cimentar. Y evadirse o simplemente responder, sin ningún tipo de perspectivas ni profundización en las causas, solo puede traernos más de lo mismo, porque ni las protestas intestinas producen efectos, ni la dedicación al alma (endógena o exógena, y con o sin peso) parece que haya logrado beneficioso nada hasta ahora.

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1. Este es un relato corto de Chuck Palahniuk que puede herir la sensibilidad de algunas personas (y no lo digo como método para alentar a su lectura). Si pese a ello os sentís con ánimo y espíritu crítico, de él podéis extraer conclusiones interesantes. Enlace.

2. Ken Wilber es un personaje interesante siempre que no se le convierta en un icono, su libro Una Teoría de Todo es recomendable como aproximación a este tipo de “vanguardias”.

3. El cristo de los rastafaris.

4. Brassens y su “La balada de los idiotas felices”:

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