Cada cosa a su tiempo

 

 

Published On: Lun, ene 21st, 2013

Primera Plana | por Paco Bello

Paco Bello | Iniciativa Debate | 21/01/2013

“La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara.” Voltaire

Somos lentos, muy lentos. Y ellos son rápidos, muy rápidos. Vamos a remolque, nos arrastran. Y ellos conducen, y nosotros miramos el paisaje. Estamos atados, muy atados. Y ellos también, pero por vocación, y de otra manera.

No hay crítica o reproche posible. Nuestra sociedad es la que es, y las personas somos lo que somos. ¿De qué serviría despotricar contra la inocencia o incapacidad de un pueblo? Los deseos son solo deseos, y siempre reflejan aquello que no es. No hay culpables, hay situaciones.

La situación ahora es que a alguien le interesa un cambio de modelo de Estado y lo está forzando. Y nosotros, como sociedad, de repente descubrimos el universo.

Unas cuantas preguntas sobre los últimos acontecimientos de la política del sistema:

¿Estaba Bárcenas en peligro?

En realidad no, y todos lo sabemos, porque en este triste y sometido país, los políticos importantes ni van a la cárcel ni devuelven lo robado. Y cuando van, como ha ocurrido en dos ocasiones (Barrionuevo y Urralburu), no cumplen ni una décima parte de la condena, porque para eso están, si fallan el resto de mecanismos legales ad hoc: los indultos.

¿Por qué entonces ha saltado ahora la liebre?

Porque urge el desmantelamiento del Estado como institución. Porque el modelo, aun podrido hasta la médula, sigue ofreciendo algunas mínimas resistencias que no son del agrado de la delincuencia de alto nivel. Demasiado intermediario.

Y así será, porque no hay nada que hacer.

Y será con nuestra aprobación, porque lo veremos correcto, y hasta nos congratularemos por lo bien que lo estamos haciendo. Y llegarán las listas abiertas, y se acabará con los partidos como hoy los conocemos, y se reformará la Constitución. Y tendremos un maravilloso modelo de Estado, mucho más moderno y muy parecido al estadounidense (paradigma de la libertad). Y todo ello ocurrirá sin que nos roce la cultura política.

En esta segunda Transición, quizá no desaparezca la monarquía, ni se revocarán las leyes que favorecen a los corruptos relevantes, ni se establecerá una verdadera separación de poderes, ni recuperaremos los derechos perdidos, y ni mucho menos ganaremos otros. Pero parecerá que sí ha pasado algo.

Excepto en círculos reducidos, nadie hablará del verdadero poder, inmutable, infinito. Nadie dirá que el que controla los medios de comunicación puede hacer y deshacer a su antojo. Nadie dirá que el único profeta es el capital, y su dios se llama poder.

Y así seguiremos, rodando por la pendiente. Porque no va a existir una verdadera revolución civil ni militar, entre otras cosas porque no se consentiría, ni dentro ni fuera de las fronteras del Estado. Y nadie importante irá a la cárcel, porque eso es de descastados. Y cada día será mayor la diferencia entre unos y otros. Y si es necesario, dentro de veinte años, asistiremos a una tercera Transición.

Y nos seguiremos maravillando con todo aquello que descubrimos. ¡Joder, cómo hemos cambiado! ¡Cuánto sabemos! Mientras, de vez en cuando, tendremos la sensación de que alguien nos observa, y si lo sorprendemos mirando, en su gesto veremos reflejados a partes iguales la lástima y el asco.

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas.” Mario Benedetti.

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