La batalla catalana de Alicia Sánchez Camacho

Jueves, 15 de noviembre de 2012

15/11/2012 TAGS >

¿Cuáles son los objetivos del PP en las elecciones catalanas? El primero es que CiU no tenga mayoría absoluta. Para el PP dicha mayoría abriría una seria crisis de Estado. Sin ella hay mas posibilidades de reconducción. El segundo objetivo es desbancar al PSC (al PSOE) como segunda fuerza y evitar que ese papel pueda recaer en ERC.

¿Puede alcanzarlos? Por el momento el PP está logrando ser el primer contrincante de CiU. Frente al independentismo de Mas, Constitución y punto. Frente a Artur Mas, Mariano Rajoy, el jefe de Gobierno. Así, el desembarco de ministros favorece la polarización actual CiU-PP (socios los dos últimos años) y castiga a los otros partidos. Y más al PSC, con dificultades para hacer visible su tercera vía.

Y Alicia Sánchez Camacho está haciendo una campaña fuerte e intensa. Va a por todas, tiene oficio político y la confianza de Rajoy (estuvo junto a José Manuel Soria en la ponencia política del congreso del 2008). Sánchez Camacho defiende bien la posición y quiere pasar a la ofensiva aunque ha tenido un cierto fallo estratégico. Ha confiado demasiado -como Rajoy- en la dependencia económica de Artur Mas y en facilitarle los votos para gobernar, y ha descuidado estrategias más a medio plazo como la aproximación a los moderados de CiU (Duran Lleida), la atracción de catalanistas moderados del antiguo Centre Catalá e incluso alguna entente con el PSC.

La polarización independencia-Constitución, CiU-PP, da protagonismo a a la campaña popular y le beneficia pero algunas declaraciones, como las de Wert y García Margallo, le alejan del electorado catalanista moderado

Pero hay más problemas. En las legislativas de noviembre del 2011 la lista del PPC subió de 610.000 votos a 716.000 pese a un descenso de cinco puntos en la participación (del 70 al 65%). Este incremento (17%) se atribuye a votantes socialistas decepcionados por la gestión de la crisis y, si se repitiera, incrementaría bastante los 348.000 votos de las catalanas del 2011. Pero la evolución del paro en este primer año del PP es desfavorable y parece que los votantes socialistas que quieren cambiar se inclinan más hacia CiU, ERC o Ciudadanos (el CIS le dobla hasta 7 el número de diputados).

Pero también la campaña contra el Estatut lastra la imagen del PP. Según la encuesta del CIS sobre las elecciones del 25-N, en el eje nacional (10 es nacionalismo máximo) los catalanes se sitúan en el 5,78 y colocan al PP en un muy distante 1,63, bastante peor que Ciudadanos (2,93) y mucho más lejos de la media que CiU (7,95). Curiosamente -y contra lo que la prensa proconvergente acostumbra a decir- los partidos que más sintonizan con el sentimiento nacional medio de los catalanes son el PSC (4,44) y sobre todo ICV (6,26). Y en el eje izquierda-derecha (en el que 10 es la extrema derecha) la media catalana está en el 4,27 frente al 8,89 en el que se coloca al partido de Rajoy y Aznar.

Para compensar esta falta de centralidad, Alicia Sánchez Camacho despliega gran actividad política y mediática, casi ininterrumpida desde hace dos años (dos elecciones catalanas, unas municipales y unas legislativas). Pero este bombardeo tiene pros y contras. El desembarco de Madrid en la campaña polariza las elecciones entre CiU y PP (bueno para el PP) pero las salidas de tono de algunos ministros dificultan la penetración en el electorado moderado de CiU y alimentan el ‘agit-prop’ nacionalista, que da por imposible que España entienda a Cataluña.

Así, la precampaña estuvo marcada por la frase de Wert de “españolizar” a los niños catalanes. Y lo peor no es la frase, sino que revela falta de estrategia. Cuando el independentismo ha prendido no es el momento oportuno para limitar competencias catalanas en materia educativa que no osó tocar ni el Aznar de la mayoría absoluta. Y en la primera semana de campaña García Margallo ha vuelto a protagonizar el enfrentamiento al decir que una consulta ilegal sería “un golpe de estado jurídico”. Mas le ha respondido con rapidez y satisfacción que el golpe de Estado sería prohibir una consulta que según las encuestas desea más del 70% de los catalanes. Acusar al catalanismo de querer un “golpe de Estado” (aunque sea jurídico) no es buena tarjeta de presentación.

Así, no se sabe si las visitas o declaraciones de algunos políticos del PP (al PSC le pasa lo mismo con las de Marcelino Iglesias o las de los ex presidentes extremeños) son una ayuda o una puñalada trasera. Pero estas salidas de tono se deben a que la cúpula del PP no se ha planteado una estrategia a medio plazo en Cataluña. Acercarse al PSC es difícil porque es el granero de votos del PSOE, el enemigo. El mercadeo con CiU ha llevado (quizás porque el PP no precisa apoyos parlamentarios) a una crisis de Estado. Y la apertura a sectores catalanistas moderados (de Unió o de los antiguos centristas de Catalunya-UCD) obligaría a un discurso mas matizado, menos cómodo.

A corto no parece que el PP vaya a tener graves problemas. El CIS prevé que el PSC puede perder hasta nueve diputados (sobre 28) mientras que al PP le atribuye una erosión de uno o dos (sobre 18). El problema para Rajoy es que ya estamos en el largo plazo (el conflicto se inició con la campaña contra el Estatut y el recurso al Constitucional) y aunque el PPC sobrepasara al PSC (improbable pero posible) la encuesta del CIS da a los partidos soberanistas (aunque CiU no tiene la absoluta) una mayoría superior a los dos tercios (68%). Y Rajoy lo va a tener que torear.

 

El Confidencial

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CONFIDENCIAS CATALANAS

Joan Tapia

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