España: ¿una residencia de la tercera edad para Alemania?- No somos los primeros esclavos, pero sí los primeros que ignoramos serlo por completo.

 

Posted: 28 Oct 2012 06:47 AM PDT

Iniciativa Debate Público

LA ASISTENCIA EN ALEMANIA YA ES IMPAGABLE

Anette Dowideit / Welt am Sonntag

Los asilos en Alemania son demasiado caros. El número de personas que en la vejez ya no se pueden permitir el cuidado y la asistencia aumenta dramáticamente. Eso se desprende de una cifras todavía no hechas públicas del Ministerio de estadística, que Welt am Sonntag expone.

El número de receptores de ayudas a la asistencia en el año 2010 incrementó un 5% afectando a cerca de 411.000 personas. En el 2009 habían cobrado las ayudas unas 392.000 personas. La asociación VdK estima el aumento como una señal de alarma: “El riesgo de caer a través de la necesidad de cuidados en la pobreza aumenta desde hace años”, dice su presidenta Ulrike Mascher.

Los gastos estatales para la ayuda a la asistencia aumentan hasta los más de 3,4 millardos de euros. Tres tercios de los receptores de las ayudas viven en asilos o residencias. En estos casos el coste medio para un paciente que haya sido clasificado en el nivel más alto de asistencia es de unos 2900 euros mensuales. De ellos, los seguros sólo asumen unos 1500 euros, las pensiones están estancadas desde hace años.

El desarrollo es preocupante, juzga la presidente del VdK: actualmente cerca de 2,4 millones de personas necesitan asistencia. En el año 2050 serán, según pronósticos, unos 4,7 millones. Eso significa uno de cada 15 alemanes. Por otro lado disminuye el número de aquellos que ingresan en el sistema social.

Cada vez más beneficiarios

El Ministerio de estadística observaba ya desde hace unos 15 años un aumento en el número de receptores de las ayudas estatales, pero no de una manera tan clara como en este año. El desarrollo demográfico en la república federal había provocado ya en primavera un plan del Fondo Monetario Internacional (IMF).

Este advertía que los sistemas de protección social de Alemania no habían sido ajustados suficientemente a una esperanza de vida en aumento. Hasta 2050 amenaza al país una brecha en la financiación de hasta dos mil millones euro.

Ante este panorama cada vez se habla más dentro del sector de la asistencia acerca de si las aseguradoras alemanas debieran en el futuro cooperar con residencias de ancianos en el extranjero. Con clínicas de rehabilitación ya existen, por ejemplo, ese tipo de contratos. Tanto la AOK como la Barmer BEK indicaron ante esta posibilidad estar abiertos a nuevos modelos mediante los cuales los alemanes pudieran ser asistidos en el extranjero. La legislación impide todavía, sin embargo, los contratos directos entre las aseguradoras de asistencia y las residencias de ancianos en el extranjero.

Los ancianos se marchan al este de Europa o a países cálidos.

No obstante, en la Europa del este, Tailandia o españa ya viven un cada vez más nutrido número de alemanes en residencias por razones económicas. En esos lugares la asistencia es claramente más económica que en Alemania, sobre todo por los bajos costes laborales en los países anfitriones.

Los principales expertos en seguros sociales señalan por ello la asistencia a los necesitados en el extranjero como una alternativa muy seria a los intentos por importar las fuerzas asistenciales del este de Europa o Asia. “En vista de esta emergencia amenazadora, es apropiado, por lo menos, pensar en formas de asistencia alternativas“, dice el parlamentario de la CDU/CSU y especialista en atención sanitaria, Willi Zylajew.

De hecho España, por su crisis financiera, sería un socio lógico para acoger a los necesitados de asistencia alemanes, de darse las concretas infraestructuras, dice Günther Danner, lobista de las aseguradora alemana en Bruselas. “Muchas personas del sector social con títulos reconocidos en la EU ya no reciben allí ninguna oferta de trabajo”.

Atender a estos beneficiarios allí donde se encuentran los cuidadores aparece como una alternativa con más sentido que la importación de fuerzas de trabajo – naturalmente sólo cuando los afectados así lo acepten.

http://www.welt.de/wirtschaft/article110316468/Pflege-ist-in-Deutschland-nicht-mehr-bezahlbar.html

España: ¿una residencia de la tercera edad para Alemania?

No somos los primeros esclavos, pero sí los primeros que ignoramos serlo por completo

Posted: 28 Oct 2012 04:26 AM PDT

Iniciativa Debate Público

Llanuto | 27/10/2012

Sin duda en un futuro próximo, votar no solamente será obligatorio para los ciudadanos agraciados con la posibilidad de ejercer tal derecho, sino que además se habrá de pagar por ello. Pay-for vote; ni siquiera nos sonará discordante el concepto llegado el momento. Con todo, se tendrá la percepción de que es una muy rentable inversión; ya se encargarán de ello. Eso es lo que se hace con todos los demás aspectos de la identidad personal; pagar por su ilusorio disfrute.

En efecto, somos los consumidores de quienes creemos ser, así que de tal modo, es el Estado-Sistema quien nos arrienda una lustrosa forma personal para pasearnos por esta vida diseñada como pasarela, ahora expresada mediante la cultura del casting. ¿Que rayos, sino, es votar en un sistema democrático? No otra cosa que una inversión en un producto que actúa como filtro mental.

Lo que ellos hagan con las abstenciones, es lo de menos; lo importante es lo que uno hace cuando da rendimiento a su persona votando, o peor aún, creyendo que al hacerlo participa de una epifanía de libertad llamada democracia. Nadie nos va a sacar del engaño, más cada uno ha de poner los medios a su alcance para comprender en qué consiste, y hasta dónde alcanza.

La verdad libera a quienes la anhelan, pero los sume en una enorme impotencia; es por tanto preciso, no cejar, y evitar extraer conclusiones, pues no las hay.

Poco se puede hacer, salvo comprender la resistencia a comprender, y preservarla en su precariedad, como una lucecita en medio de esa oscuridad, que la masa, de común acuerdo, y por tener noción de una enormidad que perder, decide llamar luz, pues en su altar abrasan, hasta la ceguera, su mirada.

Liberarse no sirve para nada, salvo para conocer la verdadera dimensión en que opera la esclavitud del autoengaño, y comprender cual es la fuente inductora del mismo. Simplemente es un viaje de la conciencia allende los muros, de aquello, que hemos venido a asimilar como realidad. Así llamamos a aquello, cuya irrefutable cualidad, si bien creemos proviene de una directa percepción propia, en verdad obedece a un diseño establecido en base a convenciones, de las que emanan miríadas de conceptos vacíos de contenido real, trenzados tal que la malla del gallinero dentro del cual nuestras mentes se hallan prisioneras. Por lo demás, el sentido supremo de la vida, no puede ser enunciado, pues encuentra su propia naturaleza en el momento en que la paradoja entre el ser y el no ser, queda resuelta ante el entendimiento. Entonces, lo importante es indistinto de lo carente de importancia, absoluta e infinitamente.

Quienes dominan el mundo, tienen ese conocimiento, y son por ello capaces de situarse en un plano por encima del bien y del mal. Desde él, tejen esta maraña de acontecimientos en que hacen que nos desenvolvamos, y que invariablemente llevan implícito el cuño de la más obscena impunidad. El grado perversión alcanzada, permite que la comisión reiterada y metódica de crímenes contra la humanidad, sea una simple herramienta en manos de modeladores de masas sociales, que a través de la conformación de consensos, impide la percepción de la brutalidad para ello empleada, pues su magnitud es tal, que nadie considerado en su sano juicio podría jamás darle crédito.

Ellos crean el vacío preciso, el adecuado a aquello con que lo pretenden llenar, y triunfan, pues consentimos en dejarles traspasar el umbral de la identidad. Rendidos a sus falsos halagos, llenamos con ego el espacio usurpado, y adquirimos la certeza de necesitarles, tanto como un yonki a su camello, pues brindan una identidad con la que pasearse por un mundo expresamente diseñado para darle cabida. Sin esa identidad adquirida, careceríamos de motivo para seguir existiendo, o lo haríamos en un mundo sin ninguna garantía de ningún tipo.

Quien necesite garantías, no puede entender la libertad, y quien no puede entender la libertad, no puede entenderse ni a sí mismo, ni a nadie.

No nos debemos engañar; solamente nos necesitan mientras aceptemos ser cómplices de su delito, y a seguir en el juego. Saben dominarnos, pero ello solamente lo consiguen mediante nuestro consentimiento. No somos los primeros esclavos, pero sí los primeros que ignoramos serlo por completo.

Es la vieja explotación entre humanos, y la obsesión por la dominación. Nuevos medios para generar la quintaesencia de la misma asquerosidad de siempre, pero bajo un manto político-correcto de peluche. La única alternativa pasa, por dejar de consumir el yo a cuya habituación hemos sido (y en todo momento seguimos siendo) inducidos, y dejar que todo caiga, sin miedo, al vacío. ¿Que puede ser peor, en un mundo que siembra la devastación en nombre de la democracia, que renunciar a ejercer el derecho de participar de tal abominación? ¿Acaso ir agotando la vida en cómodos plazos cuatrieniales, viendo desfilar interminablemente esos maquillados caretos sonrientes, exhibidos en carteles que invitan, mediante eslóganes pedorretos, a la adhesión de sus respectivas causas delictivas en nombre de submarcas de la casa matriz, para llegar, al cabo, a la más atroz de las decepciones sin haber tenido siquiera la entereza de mandarles al carajo?

La impunidad de los crímenes de Estado, se vale del mismo miedo al vacío que impide una abstención aplastante: Y luego ¿qué? “Más vale, malo conocido, que bueno por conocer”. Es en esa mentalidad de esclavos, donde podemos comprender que nadie nos carga de cadenas otras que las que deseamos llevar, convencidos de que dan lustre.

Si imaginamos, que llegado el caso, lo desconocido es uno mismo, y tanto si es bueno, como si es malo, hay que protegerse de poder llegar a conocerlo; ¿a qué se debe la implantación de tal recelo? Quizá nos protege de descubrir algo que pudiera alterar el juego; tal vez, incluso, de que podamos darnos cuenta que hay vida más allá del gallinero. En efecto, encontraríamos que también se halla la muerte, pero con un sentido distinto a aquella que ya existe dentro de él, donde la del espíritu está de antemano garantizada.

No somos los primeros esclavos, pero sí los primeros que ignoramos serlo por completo

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