Por la facultad para decidir, por los derechos civiles y políticos, por justicia. Porque podemos

Published On: Sab, oct 20th, 2012

Primera Plana | por Iniciativa

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Much@s | Iniciativa Debate | 20/10/2012

Doscientas personas hablan en su nombre para pedir algo tan sencillo como tener derecho a decidir. Son doscientas personas que saben que depositar su voto en un urna para elegir un partido (que no un representante), no les garantiza nada. Ya no les tiene que explicar nadie, que los grandes partidos nacionales y autonómicos, una vez han vencido en sus respectivas elecciones (que es la única ocasión en que podemos decidir algo), tienen tanto poder como un dictador. Y no solo eso, sino que además se sirven de ese maquillaje para legitimar sus actos, cumplan o no con las promesas que hicieron para ser elegidos.

Hay quien pudiera decir que esto solo ocurre desde la mayoría absoluta, como si eso justificase que exista esa posibilidad tan frecuente. Pero además no es cierto, pues aunque cada uno sirve a unos señores, esos mismos señores jamás ponen en juego el prioritario fin común, que no es otro que el de mantener su estatus, su distancia, sus privilegios, su Estado. Lo de posicionarse mejor, está en un segundo orden de importancia.

Cualquiera que preste atención a los acontecimientos de los 30 últimos años, habrá comprobado cómo ninguno de los sucesivos gobiernos ha derogado leyes o medidas que hubieran supuesto en su momento recortes de derechos, pese a que en la aprobación fueran controvertidos y puestos en tela de juicio por la oposición. En materias estéticas sí se ha hecho algo tímido para contentar a la propia parroquia, pero desde que Felipe González empezó a socavar los cimientos de nuestro, siendo generosos: “estado del medioestar”, pasando por los Aznar, Zapatero hasta llegar a Rajoy, nadie ha repuesto ni uno solo de esos derechos que se perdieron y cuya extinción siempre fue duramente criticada alternativamente por los partidos desde la oposición de turno. Siempre hacia atrás, al menos, desde 1984.

Está todo tan podrido… tanto; que nuestra única opción es ir a por lo que nunca hemos tenido, no intentando recuperar lo que hemos perdido.

Para recuperar lo que hemos perdido, necesitaríamos además de mucha memoria, la unidad de unas mayorías imposibles, porque una parte de la población apoyó que se perdiera. Y no solo eso, sino que seguiríamos inmersos en el mismo sistema que facilitó que pudiéramos perderlo sin opción de respuesta.

Para ganar lo que nunca hemos tenido, necesitaremos solo unidad mayoritaria. Una unidad posible porque también ellos (los que compartían la necesidad de esos recortes) podrán decidir. Incluso aunque no les gustase que el pueblo tenga derechos civiles, políticos, y soberanía, nadie tendrá el valor de criticarlo abiertamente, porque se posicionaría descaradamente en una sociedad en la que la imagen y la legitimación estética son lo más importante, aunque en ocasiones no lo parezca. Ya no necesitaríamos memoria para recordar todo lo perdido, y no correríamos el riesgo de volver a perder nada por la decisión de unos señores.

Por otra parte, la atomización de las fuerzas sociales y sus reivindicaciones nos está difuminando como sociedad. Preguntad a vuestros conocidos qué quería el 15-M, el 25-S (aunque sí lo teníamos claro), que os detallen lo que quiere cada una de las mareas de colores, o qué quieren ahora los sindicatos. Preguntad y sacad vuestras propias conclusiones.

Aquí, sin quererlo muchas veces, el ombliguismo nos hace perdernos y no encontrar lo fundamental: y lo fundamental es que la sociedad en su conjunto conozca las reivindicaciones de sus semejantes, que las comparta porque le afectan, y que se cree debate sobre los objetivos. Sin esa inquietud social no lograremos nada.

Es importante que cuando alguien se acerque con un micrófono, sepamos qué decir, y que eso que digamos pueda ser compartido por casi todos. Si solo pedimos para los bomberos, le prestarán atención los bomberos. Si pedimos para los profesores; los profesores, y si lo hacemos por los médicos, parados, estudiantes, inmigrantes, pensionistas, homosexuales, mineros o transportistas: ídem. Y así en todos los casos.

Pero si alguien se acerca a preguntarte y le dices: ¿te hubiera gustado poder decidir qué recortes se aprueban y qué recortes no se aprueban? ¿Te hubiera gustado poder decidir si rescatábamos a la banca o no? ¿Te hubiera gustado poder decidir si se congelaban las pensiones, se recortaba el salario de los funcionarios o se subían las matrículas en educación? ¿Te gustaría poder consultar a los habitantes del país para promulgar leyes sobre fiscalidad, ecología, educación, modelo de Estado o lo que se te ocurra y sea secundado? ¿Te gustaría poder derogar leyes injustas o echar a un gobierno que no cumple lo que promete? Pues de eso hablamos y eso reclamamos, nada original pero que no tenemos: poder de decisión como lo hay en otros países. Soberanía de verdad, y no sobre el papel, porque estamos en el siglo XXI y empieza a dar vergüenza vivir en un Estado paternalista. Y más que paternalista, que siendo denigrante, con suerte puede ser menos insoportable; de padrastros y madrastras.

Estoy convencido de que si somos capaces de darle difusión a esta propuesta, con constancia y trabajo, podremos al menos pelear esta posibilidad. Y si somos muchos, ya se nos unirán aquellos que ahora no responden.

Pero tengamos claro que para esta lucha no necesitamos coordinadores, ni representantes, ni acuerdos previos, ni asambleas (aunque bienvenidas sean). Necesitamos gente que se represente a sí misma, que haya leído y entendido lo que se pide, y lo pida. Necesitamos mostrarnos, y comentarlo con los demás, y compartirlo. No necesitamos convencer a nadie, porque de esto ya se parte convencido. En última instancia, facilitarle la información sobre lugares de manifestación a quien lo precise, y poco más.

Hagamos que no tengan más remedio que hablar de ello tod@s para que nadie quede al margen. Y no dejemos que lo compliquen. Esto es muy sencillo: queremos derecho a decidir, queremos cauces de participación democrática sencillos, asumibles, sin restricciones y vinculantes. Con esto, todo lo demás es factible, y queda en nuestras manos lograrlo.

¿Te sumas?

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