¿Queremos democracia o imponer nuestro criterio?

Sab, oct 13th, 2012

Primera Plana | por Iniciativa

Comparte

Paco Bello | Iniciativa Debate | 13/10/2012

Uno nunca puede decir “de este agua no beberé” (ni lo otro del cura). Pero en lo que a mí respecta en este momento, opto por desvincularme de cualquier movimiento que facilite que nos abran la cabeza, nos detengan o nos imputen delitos que no cometemos.

Tengo la sensación de que algunos, tras comprobar cómo está la situación, y sabiendo que ya hemos intentado ciertas alternativas que han fallado, y a lo que nos arriesgamos si seguimos en esa línea; están “jugando” a ser mártires con su futuro y el de otros. Lo de suponer que todo el mundo es responsable y consecuente es mucho suponer, y a partir de ciertos límites, obviar por idealismo esta realidad, es una irresponsabilidad manifiesta que nos desacredita.

Lo digo teniendo muy presente la cara amarga de este país y que para tantos pasa desapercibida. Lo digo sabiendo que en el Estado español el suicidio es la primera causa de muerte no natural por delante de los accidentes de tráfico. Que la venta de antidepresivos se ha multiplicado. Que que hay cerca de 6 millones de parados. Que más de un millón de familias vive de la caridad. Que se ha traspasado (robado) el capital público a la esfera privada y que ya no queda casi ningún derecho o protección social por destruir. La digo sabiendo que si esto es terrible, lo peor es que aún no hemos tocado fondo.

Y no digo que en algún momento no sea práctico jugársela, pero creo sinceramente que no hemos agotado todas las vías para alcanzar ese objetivo que parece subyacer entre todas las reivindicaciones. Y más que esto, que hoy no se dan las condiciones sociales (cabiendo la posibilidad de que nunca se den), para que esa opción tenga alguna posibilidad.

Veo en algunos casos demasiado ombliguismo y terquedad. Aquí cada grupo y colectivo va a la suya. Lo suyo, lo de ellas y ellos, es lo más importante. Luchemos por la república, por la monarquía, por el asamblearismo, por la jerarquía, por la ecología, por el ruralismo, contra los políticos, contra los banqueros, por la independencia, por el centralismo, por el internacionalismo, por la vía judicial a sabiendas de que no hay justicia, por el laicismo o la religiosidad, al margen de las instituciones, por el truque y el cooperativismo, por la anarquía, por la sanidad universal de calidad y gratuita, por la propiedad privada, por la colectiva, por la memoria histórica, por la educación, por el socialismo, por los derechos de los inmigrantes, o los de las mujeres, o por la dación en pago, y… por 7000 millones de razones que en algunos casos, por muy nobles que sean, deberían ser debatidas, y que en todos quedan fuera de nuestro alcance porque no podemos decidir.

Rompo mis cartas y me retiro de la partida a tiempo, no sea que olvide la razón que me llevó a jugar, y me quede sin nada. Es muy fácil dejarse arrastrar por el ánimo y la ilusión de los demás cuando compartes sus inquietudes, y más hoy que tener criterio propio está mal visto, y que si no vas precedido o sucedido de una etiqueta, eres poco menos que un soberbio. Pensamiento colectivo, eso sí tiene buena prensa, aunque la media arroje un resultado mediocre. Luchemos por todo menos por aquello que puede permitir que la lucha tenga sentido práctico y democrático. Impongamos nuestro pensamiento (colectivo, eso siempre), lideremos porque somos los mejores, pero lavándonos las manos. Forcemos la asunción de nuestra moral bien refugiados en la mayoría minoritaria, porque los demás están equivocados.

Yo, como también soy uno de esos poseedores de la verdad absoluta, seguiré trabajando porque todos (y digo la totalidad de la sociedad) tengan derecho a decidir. Y seguiré empeñado en que todos recibamos una información plural en la que fundamentar nuestras decisiones. Y puede que consiga el doble de lo que han logrado los demás, o yo mismo hasta ahora: o sea, nada de nada. Pero al menos sé que estaré haciendo aquello en lo que creo, y no sentiré que pierdo mi tiempo.

Tengo que recuperar la esencia de lo que me movió a dedicarme a mi verdad (todos tenemos la nuestra). Tengo que volver a saber que aunque tengo muy clara mi ideología, no empecé en esto por ella. Recordar por qué quise que hubieran debates públicos con personas sobradamente capacitadas a nivel de compromiso o conocimiento y con algo diferente que decir. Por qué antes del 15-M ya abogaba por la necesidad de ampliar los cauces de participación para que la población tome las riendas de su voluntad, y por qué después, junto a Carlos Delgado, seguimos en la misma línea, y por qué creé un medio en el que cualquiera pudiera expresarse y publicar sin condiciones.

Hoy, como ayer, creo que no hay que inventar nuevos modelos de organización social. Creo que la democracia, cuando merece llamarse así, es el menos malo de los sistemas. Y creo que deben existir políticos (gestores) porque todos no podemos estar todo el tiempo dedicados a la administración de lo público, como todos no podemos ser médicos o barrenderos, ni el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Creo que afortunadamente no todos somos iguales, pero sí debemos disfrutar los mismos derechos. Creo que lo que hay que dejar claro es que no son las herramientas el problema, sino cómo están diseñadas o si son suficientes, y especialmente que lo relevante es el uso que se haga de ellas.

Como también yo soy terco, voy a darle la paliza a todos los colectivos y partidos que creo que merecen mi tiempo. No voy a pedirles nada, sino a pulsar su compromiso. Y voy a publicar los comunicados que les haga llegar, y también sus respuestas o la ausencia de ellas, para que sepamos quién es cada cual. También voy a comunicar a los grandes medios nacionales e internacionales, como particular, y junto a los que queráis sumaros, la intención de convocar a nuestros iguales (a todo el que quiera acudir) para exigir las herramientas que nos permitan ser los dueños de las decisiones que nos afectan y de su difusión, y para que los políticos pasen a ser simples gestores de la voluntad del pueblo sin ningún poder propio, así como qué es necesario articular para hacerlo efectivo.

No voy a pedir nada que me guste más o que esté próximo a mi ideología, sino que todos tengamos derecho y capacidad para poder decidir respecto a la nuestra informando y consultando al resto.

Si tú también quieres lo mismo, y quieres que lo haga saber también en tu nombre cada vez que me dirija a alguien, inclúyelo en el siguiente formulario, y coméntalo con aquellas personas o colectivos que creas que pueden compartir esta idea.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros.