El Estado de las cosas

Edición: Internacional |

Domingo 30 septiembre, 2012

En Taiwán lo tienen clarísimo…

Primera Plana | por Iniciativa

El Estado de las cosas

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Paco Bello | Iniciativa Debate | 30/09/2012

Escribo “Estado” en mayúsculas porque me refiero evidentemente al régimen actual, dirigido, organizado y mantenido por “cosas” y no por personas.

Son las 12:30 de la noche, ahora ya del día 30. Otra vez ha sido multitudinaria la asistencia a la concentración, y otra vez ha habido heridos y detenidos. Otra vez los mierdas de comunicación del sistema han vuelto a criminalizar y ningunear a la gente responsable que ha participado. Y otra vez, por no se sabe cuántos días consecutivos, se ha vuelto a omitir hablar de las reivindicaciones de todo este movimiento.

¡Qué sencillo! Qué fácil es ridiculizar y desorientar. Qué patente se hace la manipulación para cualquiera que esté al día de lo que ocurre verdaderamente. Y qué rabia tan profunda despierta tanto descaro.

Cómo duele saber dónde estamos. Cómo quema la indecencia de los periodistas y contertulios estrella. Cómo angustia saber que tras la risa y el despropósito, hoy, volverán a dormir en sus celdas personas con más criterio, razón y agallas de las que esta gente tendrá nunca.

Es natural perder la paciencia cuando sabes que hombres y mujeres que no han hecho otra cosa que mostrar su dignidad, tendrán que aguantar las humillaciones de los descerebrados perros de presa alienados que creen (o quieren creer) que defienden la legalidad desde el desprecio hacia quienes pagan sus salarios. Y es lamentable que este poder enquistado que se defiende como una rata acorralada, no sepa defenderse de otra forma que vomitando su bilis por medio de sus repugnantes medios de alienación.

Ahora, amigos, lo prudente y reflexivo (especialmente para el beneficio de estos ladrones) es quedarse en casa. Ahora no participar de la protesta, es considerado por nuestros dirigentes una aceptación de sus políticas, y la asunción de la inexorabilidad de sus ajustes y reformas. Ahora ya no es como antes. Hoy las 200 mil personas (que en comparación son muchas menos de las presentes hoy en Madrid) que se manifestaron en un país de 300 millones de habitantes en favor del movimiento por los Derechos Civiles en 1963 frente al Lincoln Memorial, no representarían a los 299.800.000 personas que se quedaron en sus casas (Rajoy dixit).

Hoy, Martin Luther King, no diría aquello de “yo tengo un sueño”, sino “esto es una pesadilla”. Hoy no habría un Lyndon Jhonson que se plegara a conceder las reivindicaciones firmando la Ley de Derechos Civiles meses después. Hoy tampoco matarían a nadie, porque han aprendido que es más fácil obviar y ningunear, y que la estrategia de la oclusión es mucho más cómoda y efectiva. Hoy, el pueblo ya no importa, hasta el punto de que no hace falta acabar con los incómodos, cuando sabes que puedes mantenerlos en el ostracismo informativo. Y puede que esto tenga indudablemente su lado positivo, pero infiere conclusiones muy negativas.

Pero mañana habrá que seguir peleando por nuestros derechos a pesar de todo. Y habrá que seguir arriesgándose a ser humillado, golpeado o reprimido. Deberemos mantener posiciones de forma estoica, y guardarnos de caer en el desánimo. Mañana todo será más duro que hoy, y mucho más que ayer, pero por esto mismo, lo será menos que después.

Así que ánimo, constancia, y mucha fuerza para todos, porque los grandes valores, afortunadamente, no han cambiado. Y si un hombre con su gente, pudo cambiar la realidad coyuntural de un lugar tan oscuro como lo era y lo es Estados Unidos, mañana también podremos lograrlo aquí y en cualquier lugar.

Sin miedo, y con la seguridad de que los íntegros, los serios, y los razonables, somos nosotros que queremos limpiar de basura el Estado, para que deje de ser un Estado de las cosas, y se convierta en un Estado de las personas. Y porque llegará el día en que si siguen marginándonos, quizá encuentren una respuesta que no sea posible ocultar. Que empiecen a planteárselo antes de que sea tarde para ellos.

En el siguiente discurso, sustituye “negro”, por “pobre”, “trabajador”, “pensionista”, “clases populares”, “parias”, “descastados”, o cualquier cosa se te ocurra, y verás que todo sigue igual.

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