Tiene futuro la novela?

 

 

Hay géneros que existen desde tiempos ancestrales, tales como el teatro y la poesía, ambos perduran a lo largo del tiempo y se van transformando pero sin perder su esencia; para la novela perdurar resulta más complicado y su esperanza de vida suele ser puesta en tela de juicio muchas veces.

Según afirman algunos intelectuales las razones por las que se supone que la novela irá a una muerte segura es que carece de pedigrí.

José-Carlos Mainer, quien estudia la historia de la literatura, expresa que a la novela se la está matando constantemente porque nació sin antecedentes o porque al tener raíces muy diversas entre sí, no posee antecedentes tan determinantes.

Dice que la novela moderna es el resultado de la fusión de muchas formas narrativas y nada preciso, por eso hay tanta variedad y no existe una noción clara de lo que debe esperarse del género, de la misma forma que tampoco se le da al mismo la importancia que merece; y concluye:

El peligro de la artificialidad

Las redes sociales en sí mismas no tienen nada de malo, tampoco los celulares o las computadoras, lo que sí podría tenerlo es la dedicación o la dependencia absoluta a estos artilugios. Internet nos ofrece muchas posibilidades de mejorar nuestras vidas pero hay que saber usarlo con cuidado, comprendiendo aquello que apostamos y descubriendo los aspectos negativos del uso de estos complementos.

Uno de los mayores problemas que presenta la nueva forma de vida que nos plantea el sistema en el que nos hallamos inmersos es la adoración de la artificialidad; donde debemos posponer todo lo importante por conseguir una vida que sea “mostrable”, que nos permita presentarnos a los otros como seres felices, perfectos, grandiosos.

Pero, lamentablemente muchas veces lo que se pierde en esa batalla es vocación, inteligencia y sobre todo profundidad. Todo queda relegado a lo efímero, aquello que consigue mayor audiencia en un menor tiempo y luego se esfuma… Por eso, la novela como género serio y necesario para la historia de la humanidad, peligra. Porque leer requiere de tiempo y dedicación y eso es justamente lo que no nos sobra en este nuevo estilo de vida.

Las nuevas generaciones y la lectura

En un artículo publicado por Jonathan Franzen en Harper´s, el escritor aborda el tema de la muerte de la novela como una consecuencia de las diferentes transformaciones que ha vivido la sociedad desde el nacimiento de ésta hasta nuestra era. Dice que los novelistas tienen cada vez más cosas para decir pero a los lectores cada vez les queda menos tiempo para leer.

Porque entre los acelerados ritmos de vida, la intromisión de las nuevas formas de comunicación y el escaso nivel de concentración, no queda espacio para la buena lectura y los libros más buscados son los menos comprometidos, aquellos que permiten pasar un buen rato y continuar con las vidas superficiales.

En ese mismo artículo, Franzen proponía para comprender esa decadencia, que mirásemos las portadas de las revistas importantes. Por ejemplo, la revista Time en otro momento dedicó dos veces la portada a James Joyce, mientras que ahora los únicos novelistas que pueden aspirar a ella son Scott Turow y Stephen King, quienes seguramente son dos escritores honorables (según Franzen), pero no es debido a eso que aparecen en ella, sino a sus multimillonarios contratos.

Si tenemos en cuenta que este artículo fue escrito en 1996, es decir antes de la invasión de los nuevos pasatiempos (Twitter, Facebook, etc) y la vida fácil y artificial, podríamos intuir que hoy por hoy la realidad es todavía más desalentadora.

De todas formas, prefiero quedarme con el final de lo expuesto por Franzen, quien dice que los novelistas no deberían vivir pendientes de si tiene o no futuro la novela, sino de si ellos tienen o no algo relevante para decir. Expresó que es probable que estemos transitando un período de decadencia para la novela, sin embargo debemos seguir escribiendo como si importáramos, porque aquellos apasionados del género seguirán buscando nuevas y buenas novelas para leer.

La nueva novela

Muchos autores consideran que la novela como un espacio de análisis ha muerto, pero nos queda otra orientada al entretenimiento; me pregunto ¿es esto realmente lo único que nos queda?

Todavía sabemos de autores que escriben a lo grande, y no hablo de nombres del pasado, sino de autores contemporáneos que aportan con su granito de arena para la realidad de las nuevas generaciones, que siguen apostando por la buena literatura y por esta humanidad tan corrompida por esa artificialidad de la que hablábamos antes. Podría nombrar a varios, hombres y mujeres que trabajan incesantemente por un cambio, Rosa Montero, Herta Müller y Amos Oz, por nombrar sólo a tres.

Supongo que quizás, una vez más, hemos llevado todo al extremo. Es cierto que cada vez hay menos lectores comprometidos y que las librerías cada vez con más frecuencia se atestan de novelas de vampiros y otras historias casuales, sin embargo no podemos creer que este género ira empobreciéndose cada vez más hasta terminar desapareciendo, ¡debemos salvarlo y creer en él!

Sinceramente, no creo que la novela vaya a morir. No, mientras ciertos autores clásicos sigan siendo buscados; no, mientras aunque sean pocos, todavía queden apasionados de la buena lectura y busquen afanosos obras que transformen su vida, sin dejarse encandilar por las luces que fluyen de computadoras, escaparates y redes sociales. El futuro de la novela está en nuestras manos.

Publicado por Téxil

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Funcionarios, esa especie en extinción.

 

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Funcionarios

Sí, es cierto, los funcionarios van a ser, a poco que nos descuidemos, una especie en extinción.

Las Administraciones públicas, como cualquier empresa, precisan de personas que impulsen y desarrollen su actividad. Estas personas a las que comúnmente llamamos funcionarios forman un colectivo heterogéneo compuesto por funcionarios de carrera (quienes tienen encomendadas las tareas que implican ejercicio de autoridad y prestación de servicio público), interinos, laborales y eventuales.

La existencia de cuerpos de funcionarios no es un capricho. Nuestro modelo de función pública (y nótese que hablo de los funcionarios y no de la pléyade de eventuales nombrados a dedo por el político de turno, responsables de la mayor parte del descrédito y desafecto con que la ciudadanía trata al funcionario) es fruto de una evolución histórica que, con las constituyentes de Cádiz rompió con la compraventa de cargos públicos y sentó las bases, desarrolladas por el Estatuto de Bravo Murillo, de la organización burocrática española, que es el fundamento mismo de la seguridad jurídica, de que la Administración no va a someterse a los caprichos políticos de turno.

Quienes sirven a la Administración, sean archiveros, agentes forestales, conservadores de museos, inspectores de hacienda, profesores, médicos, orientadores de empleo o quienes día tras día aseguran que las contrataciones se celebren de acuerdo con la legalidad, son profesionales que han accedido tras rigurosas pruebas selectivas y gozan de estabilidad en el puesto de trabajo como garantía de su independencia respecto de quien gobierne en cada momento; ello nos asegura a los ciudadanos, que van a tomar sus decisiones de acuerdo con los criterios de legalidad, imparcialidad y justicia , con sometimiento pleno al a ley y al derecho. Porque esa misma estabilidad en el empleo implica que a un funcionario no se le puede despedir por no cumplir con los mandatos de su superior político si dichos mandatos contradicen la legalidad vigente.

¿Qué mejor garantía puede tener un Estado democrático que la seguridad de que sus servidores públicos no están al albur del interés político de quien gobierna?

¿Quién sino un funcionario con garantía de que seguirá siéndolo puede poner impedimentos a una decisión injusta?

¿Quién se atreve a llevar la contraria a su jefe en la empresa privada y más después de la última reforma laboral?

Esa y no otra es la ventaja real de los funcionarios públicos, su patrón no puede despedirles si le contradicen o contrarían; sí puede, y de hecho hay quien lo hace y cada vez mas descaradamente, rebajarles el sueldo, vilipendiarles, moverles de puesto de trabajo (ya que la estabilidad no implica inamovilidad) , desprestigiarles de mil maneras, decirle a la sociedad que no es justo que tengan trabajo estable, que son muchos (bastantes menos que en Francia o los países nórdicos por cierto) que sería mejor que fuesen contratados como en la empresa privada, decir hasta la extenuación que no son eficientes ni eficaces, que son más costosos, que lo privado es más barato… pueden hacerlo y lo están haciendo. Por supuesto que con un objetivo: si se acaba con los funcionarios se acaba con la única posibilidad de asegurar el correcto funcionamiento de la Administración y su sometimiento a los principios de legalidad, imparcialidad y justicia.

Los funcionarios que han accedido a sus puestos con vocación de servicio público (ya sabe todo el mundo que si uno quiere hacerse rico justo esa no es la opción) deben, por mandato constitucional, servir con OBJETIVIDAD LOS INTERESES GENERALES (y no los particulares de su temporal patrón) y cumplir la ley y formalizan ese juramento cuando acceden a su puesto.

Pensad, si esos funcionarios pudiesen ser contratados a dedo por el político de turno ¿Qué seguridad tendríamos de que las cosas se realizarían conforme a la legalidad?

Que contentos se pondrían algunos políticos si cada vez que fuesen elegidos pudiesen nombrar a todos los miembros de la Administración ¿imagináis las redes clientelares? Si ya las hay amplísimas por causa de esos eventuales que no son sino amigos nombrados a dedo, que no sería si se tratase de toda la Administración. Ese es el objetivo, no otro.

Con la crisis, de nuevo la excusa, una nueva ofensiva, pero a esta tarea del descrédito llevan muchos neoliberales de mullido sueldo y sillón público, muchos años dedicados.

Hay que denunciarlo, no hay que parar de hacerlo y hacer una defensa a ultranza de lo público, y de los trabajadores de lo público, porque lo público es de todos.

http://ysivolaramos.blogspot.com.es/2012/06/funcionarios-esa-especie-en-extincion.html