Mario Conde y su Thief Party

 

Iniciativa Debate Público

Iba a dedicar unos minutos a escribir sobre este exbanquero, exconvicto y ex sex o money symbol (por aquello que se decía de tener un hijo suyo). No lo voy a hacer porque Xavier Domènech lo ha hecho muy bien, y me ahorra repetir trabajo. No merece mucho más, pues un tipo que ha sido el paradigma del liberalismo casposo español, que va de profeta desde la caverna mediática, y que puso de moda la gomina entre la jet business, solo puede producir cierta chufla y sorna (o sarna) yendo ahora de salvapatrias ambiguo (como todos los populistas). Solo añadiré que me cisco (por ser fino) en todos los seudoperiodistas afines al PPSOE que quieren meter en el mismo saco a un estafador y ladrón de guante blanco como él (y el resto de banqueros), con un tío digno, luchador, y alérgico a la gomina, como Gordillo.

P.B.

Mario Conde, el antisistema

Xavier Domènech

Hay tres razones para desconfiar de Mario Conde: fue banquero, intenta ser político y es telepredicador apocalíptico. Tres especímenes sospechosos. Pero los que corren son tiempos propicios para cualquiera que proponga hacer tabla rasa con todo y fundar un nuevo periodo constituyente. ¿No estamos de acuerdo en que nada funciona? Pues quien lo exponga con más brillantez quizá pueda aspirar a que le confíen el mando de la demolición. Y Mario Conde es brillante, muy brillante. Tal vez demasiado: su pecado ha sido el de pasarse se frenada.

Sabe hacer dinero. Tiene un talento natural para ello. Vendía apuntes a sus compañeros de Derecho. Hizo dos pastones en sendas compraventas de grupos empresariales. Convenció a su socio Abelló para meter el dinero en Banesto y acto seguido, ágil y oportuno, lideró la resistencia a la OPA del Banco de Bilbao y se hizo con el control de la entidad. Entonces se pasó de frenada.

Quizá tengan razón sus adversarios y gobernó deslealmente la veterana institución hasta descapitalizarla. Quizá la tengan sus defensores y todo se reduce a un gran complot del resto de la banca con la ayuda del mundo político, temeroso ante su ambición. Si es lo primero, demostró incapacidad para evaluar los riesgos de un entorno complejo. Si es lo segundo, también. Es peligroso entrar chuleando en la jaula de los leones e irritar al mismo tiempo a José María Aznar y a Felipe González. Conde acabó en la cárcel, no sin antes intentar una defensa política: se presentó a las elecciones del 2000 y no sacó ni un escaño. De eso le sirvió haber sido modelo de empresario en la España del pelotazo, investido doctor honoris causa bajo presidencia del Rey: para sumar un 0,1% de los sufragios emitidos.

Se equivocó de momento. Ya era tarde. Cuando llegó a la presidencia de Banesto, en 1987, la derecha española estaba desnortada. Con Fraga Iribarne al frente, el PP no podía romper su techo. Conde se exhibía, maniobraba, se proponía, buscaba apoyos. Y tenía partidarios. Aquel pudo ser su momento. Pero en el 2000 Aznar llevaba ya cuatro años gobernando y repitiendo con éxito «España va bien». La plaza estaba sólidamente ocupada.

Con Aznar gobernando entró en la cárcel. Salió de ella con ganas de revancha. El mundo le debe una reparación. Su tesis es la del complot, naturalmente, y una vez más va a apelar a las urnas para que el buen pueblo redima su nombre manchado por los políticos aviesos y los banqueros avariciosos. La TDT le ha dado una plataforma para predicar indignación y recetas simples. No cabe menospreciar la potencia de la fórmula, porque todos estamos indignados y todos querríamos que la solución fuera simple. Y además, él está fuera del sistema; se presenta como un represaliado. Las elecciones gallegas van a ser, a lo que parece, su campo de pruebas.

Fuente: http://www.diariodeibiza.es/opinion/2012/08/21/mario-conde-antisistema/572529.html?utm_source=rss

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ELEGÍA

¡Cuán solitaria la nación que un día
poblara inmensa gente!
¡La nación cuyo imperio se extendía
del Ocaso al Oriente!
Lágrimas viertes, infeliz ahora,
soberana del mundo,
¡y nadie de tu faz encantadora
borra el dolor profundo!
Oscuridad y luto tenebroso
en ti vertió la muerte,
y en su furor el déspota sañoso
se complació en tu suerte.
No perdonó lo hermoso, patria mía;
cayó el joven guerrero,
cayó el anciano, y la segur impía
manejó placentero.
So la rabia cayó la virgen pura
del déspota sombrío,
como eclipsa la rosa su hermosura
en el sol del estío.
¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!,
contemplad mi tormento:
¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores
al dolor que yo siento?
Yo desterrado de la patria mía,
de una patria que adoro,
perdida miro su primer valía,
y sus desgracias lloro.
Hijos espurios y el fatal tirano
sus hijos han perdido,
y en campo de dolor su fértil llano
tienen ¡ay!, convertido.
Tendió sus brazos la agitada España,
sus hijos implorando;
sus hijos fueron, mas traidora saña
desbarató su bando.
¿Qué se hicieron tus muros torreados?
¡Oh mi patria querida!
¿Dónde fueron tus héroes esforzados,
tu espada no vencida?
¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente
está el rubor grabado:
a sus ojos caídos tristemente
el llanto está agolpado.
Un tiempo España fue: cien héroes fueron
en tiempos de ventura,
y las naciones tímidas la vieron
vistosa en hermosura.
Cual cedro que en el Líbano se ostenta,
su frente se elevaba;
como el trueno a la virgen amedrenta,
su voz las aterraba.
Mas ora, como piedra en el desierto,
yaces desamparada,
y el justo desgraciado vaga incierto
allá en tierra apartada.
Cubren su antigua pompa y poderío
pobre yerba y arena,
y el enemigo que tembló a su brío
burla y goza en su pena.
Vírgenes, destrenzad la cabellera
y dadla al vago viento:
acompañad con arpa lastimera
mi lúgubre lamento.
Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares,
lloremos duelo tanto:
¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?,
¿quién secará tu llanto?

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