No podemos callar

 

Iniciativa Debate Público

Hace pocos días fue el 23 aniversario de la muerte de mi padre, murió joven (59 años) pero contento porque tuvo ocasión de ver cómo su país (y por tanto sus hijos) encaraba el futuro con orgullo, con optimismo, con la ilusión de entrar a formar parte del selecto club de las democracias occidentales, esas que garantizaban un estado de bienestar para sus ciudadanos, impensable unos años antes.

Vio como, con la victoria del PSOE en 1982 y su actuación firme y decidida en la modernización del país, se iba rompiendo con los sombríos años de penuria y atraso en que a él le tocó vivir. Y nos dejó, en aquel 1989, educados y preparados para ser ciudadanos libres en una democracia libre.

No podía imaginar, ni él ni nadie, el ataque organizado, contra todos los derechos conquistados desde la muerte del dictador. El capitalismo salvaje ha actuado desde la caída del muro en busca de su interés, no lo ha hecho rápida, aunque si contundentemente.

Con la excusa de la crisis que ellos han creado, aquellos que viven del trabajo de los demás, llamémosles mercados financieros, inversores internacionales, empresas del IBEX, Bancos, FMI, o como les llamemos, aprovechan nuestro desconcierto ante el derrumbe con que se nos amenaza, para despojarnos de las estructuras y normas de convivencia que nos dimos entre todos.

Es un ataque organizado contra lo público como esencia del Estado social y democrático de derecho, contra la redistribución de la riqueza por pequeña que sea, es la ofensiva ideológica de la ley del más fuerte.

Todos los ataques confluyen, en lo que llamo el colectivo cautivo.

Son, somos, colectivo cautivo los ciudadanos de clase media y baja que no tenemos manera de escapar de estas normas injustas a las que solo se nos somete a nosotros.

Veamos:

Se aprueba un encarecimiento de la vida (a través de la subida del IVA que lo hace en hasta un 167% en aquellos productos que pasan del 8 al 21 , 13 puntos de nada) mientras bajan los sueldos de todos menos de los Srs. del IBEX que suben un 5% o de los banqueros que siguen con sus indemnizaciones millonarias.

Se denosta a los funcionarios, se les expone a la ira pública con comentarios del tipo “deben dejar de tomar cafelito y leer el periódico” o con frases lapidarias como “deben ser más productivos, se les van a aplicar las normas del derecho privado” como si eso fuese por si mismo garantía de mayor eficacia y no, simplemente, de menores derechos. Y ello forma parte de un ataque ideológico contra las personas que son el único dique de contención de sus desmanes.

Se amplían los horarios de los profesores y se detraen fondos de la enseñanza pública y las becas que permiten el acceso en igualdad de nuestros jóvenes a la enseñanza universitaria alegando que quien quiere puede, y que no se pueden dilapidar los fondos públicos en que los jóvenes vagueen en el extranjero (ERASMUS) o en España repitiendo asignaturas.

Se demoniza a los parados. Por un lado se deja caer que no buscan empleo con el suficiente empeño y por otro se lanza la idea de que se va a luchar contra el fraude. Como si los casi seis millones de parados que viven con prestaciones o subsidios de desempleo claramente insuficientes engrosasen esas listas por gusto, por vagancia o por interés en vaciar las arcas del Estado.

Se arremete contra los pensionistas, a los que se acusa también de gastar en medicinas que no necesitan cuando no de defraudar comprándoles medicinas a otros que no lo son. Como si los pensionistas se auto recetasen y fuesen, todos ellos, una organización estructurada para el expolio de la riqueza del Estado.

En cambio ninguna medida contra el fraude, más bien al contrario se anima a los defraudadores a regularizar su situación a módico precio (aunque no lo harán, porque para que hacerlo si en este país nunca pasa nada).

Ninguna medida redistributiva, ni sube el IRPF para los grandes salarios, ni el impuesto del patrimonio, ni el de grandes fortunas, ni tan siquiera el IVA que grava los productos de lujo. Ni una sola medida encaminada a que la clase dominante aporte siquiera una mínima parte a sufragar esta crisis que nos quieren hacer creer que debemos pagar solo nosotros.

Pero se han pasado. Tanto están estirando la cuerda de nuestra paciencia que aunque nos está costando despertar del sueño de la democracia social en que hasta hace poco hemos vivido, lo estamos haciendo y van a tener que escucharnos. A nuestros representantes en las instituciones y a nosotros en las redes, en los medios y en la calle si hace falta.

No deben olvidar que llevamos información genética que nos avisa, porque este país no hace tanto que no era una democracia, de que no se consigue nada aceptando los designios de los gobernantes sin discutirlos, sin trabajar para cambiarlos.

Hemos creído que todo estaba ganado, que no se podría dar marcha atrás y por eso hemos asistido estupefactos a los ataques, pero ahora empezamos a darnos cuenta de que van en serio, que si queremos mantener una mínima dignidad de vida no podemos callar.

Y no vamos a hacerlo, vamos a gritar tanto que tendrán que oírnos, que no estamos dispuestos a pagar los platos rotos de una fiesta a la que no hemos asistido porque no fuimos invitados, porque no vamos a permitir que nuestros hijos vivan peor que nosotros para que los suyos vivan aún mejor, porque no es justo, no es decente y no lo merecemos.

No podemos callar

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Gabriela Mistral: poema

 

¡Ay! ¡Juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!
Este verde campo es tuyo.
¿De quién más podría ser?
Las oleadas de la alfalfa
para ti se han de mecer.
Este valle es todo tuyo.
¿De quién más podría ser?
Para que los disfrutemos
los pomares se hacen miel.
(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)
El cordero está espesando
el vellón que he de tejer.
Y son tuyas las majadas,
¿De quién más podrían ser?
Y la leche del establo
que en la ubre ha de correr,
y el manojo de las mieses
¿de quién más podrían ser?
(¡Ay! ¡No es cierto que tiritas
como el Niño de Belén
y que el seno de tu madre
se secó de padecer!)
¡Sí! ¡Juguemos, hijo mío,
a la reina con el rey!

Gabriela Mistral