Estoy mirando y viendo.

 

Y miro con mirada húmeda y con oídos ya sordos por tantas marimorenas decretadas, determinantes para hundirnos más en la miseria del hoy y del mañana, tan desafortunadas que no hay que esperar porque ya sabemos que no hay cuenta ni cuento que valga, ni proverbio ni fábula, ni escritor que lo describa, ni pensamiento positivo que lo aguante, porque las cosas se desmoronan cuando se ocultan y se premia a estafadores precisamente por serlo. Somos náufragos en tierra, porque nos robaron el navío en alta mar, y porque nadamos hasta una orilla perdida en la nada…

Y, encima, nuestro gobernante, “el victorioso”, no para de mentir, eso sí, bien escondido, sin dar la cara ni del revés, y cuando se atreve a darla, nos recita a lo bajini el “lamento del cabrón”, que comienza con eso de “nosotros, que nos queremos tanto, debemos separarnos, no me preguntes más…!” o algo así, y no le preguntes nada porque se escapa, corre, y corre mucho, no vaya a ser que algún perturbado le de una palmadita en la espalda.

Es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor.

CFL

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