Vivamos el presente lo mejor posible.

 

En vez de pensar en los planes para el porvenir, y en vez de añorar continuamente el pasado, lo que no deberíamos olvidar nunca es que lo verdaderamente real es el presente, y eso si que es muy olvidado.

Con el futuro suele pasar que pensamos que será muy distinto de cómo es nuestro presente, e incluso creemos que el pasado también lo fue. Pero ambos tienen mucha menos importancia de la que le damos, y, no queremos admitir, que con el paso del tiempo se agrandan nuestros pensamientos.

Lo que sí es cierto es que sólo el presente es verdaderamente real y es en él donde reside nuestra verdadera existencia. Hagamos un presente lo mejor posible, hoy y ahora.

CFL

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El poeta gallego. POEMA de C. F.L.

 

El poeta gallego.

 

 

El poeta gallego teclea con dureza y presteza,

con firmeza, no descansa aprovechando que las musas le asisten…

Y comienza su cántico a los amores

de otros poetas, amores que todos buscan y que él no encuentra,

y se imagina caminando por la vida, entre brisas y perfúmenes,

entre caricias y placeres, entre el ir y venir de las primaveras,

entre rosas sin espinas, entre auroras luminosas o apagadas,

entre besos robados y pasiones encontradas…

Ignorando que la vida es dolor y sufrimiento,

que cuando no se vive sufriendo es porque ya estás muerto

y enterrado bajo dos metros de tierra,

es lo más que te dan…

El poeta gallego piensa que las musas le están engañando,

que lo que puede escribir son sueños juveniles,

sueños rotos que no hicieron futuro, que fueron necedades

que testimonian sólo sus sentidos amargados,

que son sombras chinescas, no verdades…

El poeta gallego sabe que entre el mosto y el vinagre está el vino,

y que la calma viene después de las tempestades,

que hay verdad si caminas hacia la claridad,

con la mirada puesta en el firmamento,

y que, recibiendo sin pedir, rebasará el momento;

lo sabe, sabe lo que otros no sabrán jamás

porque desconocen su propio pasado, y no lo conocerán

porque van por la senda equivocada cantando sentimientos falsos,

porque todo les resulta indiferente,

sin saberse vivos entre muertos.

Todo lo arrebata el viento y lo recordarás aunque no quieras,

te dolerá el alma y sangrarán tus palabras,

como sangrarán hoy las del poeta gallego,

cantarás aquellos amores que cavaron tu sepulcro,

oirás melodías imaginadas, y cuando el cansancio te venza

te ocultarás en la sombra de la noche,

y en esa sombra de la noche nadie estará contigo,

estarás sólo en tu propia sepultura, como el poeta gallego,

y aquí se quedarán tus tristezas y tus recuerdos,

y los pájaros enamorados,

y los sueños extraviados,

y las angustias crueles

y el encierro en la prisión de tu cuerpo,

y sentirás hambre y sed tras el camino largo de tu mirada,

y querrás acariciar la roca escarpada entre la espuma,

y respirarás asfixiado entre crespones negros,

y entre deseos, y entre odas cantadas sin sentido…

El poeta gallego va buscando su lugar y no llegará nunca…

Subirá los últimos peldaños rotos

cuando sus pies venzan las ondas rizadas del sol de colores;

subirá entre sueños transparentes,

con copos blancos que no llegan,

y él sabe que hay que vivir los instantes

que abrazan la agonía de la consumación,

aunque sus amores nacieran entre pistilos y estambres de rosas,

y despareciera entre astutas jugadas de ajedrez…

Y busca placeres mágicos para su oda,

y solo encuentra gozos crispados, sucios y envenenados…

Sabe que son muchos los peces que mueren en su ego,

y que la vanidad del que siempre está soñando es inmensa,

y que el incauto es pillado entre trastornos de mentes sedientas,

y que su insensatez es producto del cansancio

que le produce ver constantemente

como unos jueces ciegos juzgan sobre colores,

y otros sordos, juzgan a compositores…

Dale vino tabernero, llénale bien el vaso,

lo necesitará el poeta gallego…

Porque con la creación de esta oda abrasadora,

busca el anhelo de Walt Whitman, el de abrir todas las almas

con sus palabras, y metido en la arena ardiente,

llega al holocausto del amor sin palabras amables

y sin ojos soñadores, sin pasar sus dedos entre sedosa melena,

reivindicando su rendimiento sólo con la mirada,

rendimiento que permanecerá en su alma

más allá del desengaño,

y después de la quema, recogerá las cenizas

tras el curso de los años,

porque se conoce el tiempo sólo cuando se ha perdido,

y sólo cuando se fue la respuesta de violencia,

sólo cuando puedas ver dos arco iris juntos adornando el paisaje

al percibir el amanecer de la prudencia…

El poeta gallego sueña y olvida,

porque su sueño entra en el reino de la fantasía,

y son cosas del contento provechosas,

que no durarán nada…

Pero el placer que siente como un imposible

está al abrigo de envidias…

El poeta gallego se siente desgraciado,

abandonado en las proximidades del polo…

donde miles de personas queman amores,

y pocos son los que no lo hacen,

unos no habrán podido, porque en principio duele,

aunque después embriaguen;

y donde los pobres desgraciados del universo

a los que no se les ha ocurrido,

resultan siniestros, y lo son…

Ningún obstáculo podrá detener al poeta gallego,

que va caminando por un sendero pedregoso sembrado de cruces,

buscando la ermita cristiana de Santa Tecla

entre los montes que con sus faldas combaten las olas del Océano,

entre rocas de blanco cuarzo al descubierto,

buscando el Pico Sacro del culto del druida,

entre menhires, dólmenes y aras, entre las montañas del Ulla,

porque quiere contemplar la cima puntiaguda del coloso,

cabeza de un dios ancestral,

y allí arrodillado, el poeta gallego,

le saludará con el célebre pareado de

¡Pico Sacro! ¡Pico Sacro!

¡Sáname de este mal que traigo!

El poeta gallego cree percibir la presencia

de las sacerdotistas del Priapo

con fragmentos de ara consagrada,

piedra bendita, talismanes eficaces, polvos y drogas

que curan el mal del desamor,

y también cree estar en presencia de los nigromantes,

haciendo horóscopos entre medallas acuñadas,

y signos cabalísticos que descifran las respuestas,

como en el vulgar libro de los sinos, o el Tesoro de Napoleón…

El poeta gallego conoce las historias llenas de dulce poesía

de los monasterios y castillos,

las que se cuentan en las cruces de piedra,

en la robleda misteriosa y en el puente del Eume,

en un lugar triste de una selva espesa

a la que se llega por un estrecho y solitario sendero

con pendientes resbalosas hacia las riberas de un rio,

donde puede oír la formación de las tormentas

y el nacer de los terremotos,

camino desde el que va viendo,

de poco en poco, los cruceros,

y divisa montes misteriosos y sublimes

donde los celtas levantaron sus menhires

y los romanos perpetuaros sus castros…

El poeta gallego está percibiendo

sus costumbres ancestrales,

originadas tras largos siglos,

y recogidas desde las religiones más primitivas,

y conoce el juego de El Avellón,

con todo lo irrespetuoso que representa,

pero está embriagado por la tradición

contra el dolor y el miedo,

si no lo hiciese, si estuviese sereno

viendo la farsa de los humillados

que observan entre las sombras

provocando risas descaradas e imbéciles,

con inquisidores presentes…

El poeta gallego escucha una voz

llegada del más allá, que le dice al oído con sorna:

Ainda non atopaste quen te quixera

Y el poeta gallego le contesta:

Non hay mellor vida que a dun solo, levándose ven…

E berrando co can…

Y así acabó su poema el poeta gallego,

sin deshojar margaritas,

sin envidiar a nadie,

sin cantar amores de otros,

porque ya había incinerado los suyos.

El poeta gallego sólo cantó a su tierra,

la que le dio la vida y le recogerá en su muerte.

 

 

CFL

Globalización: la gran estafa

 

 

Sociedad | por Jerónimo

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(Nota personal, Jero: Ensayo sobre nuestra hipocresía recurrente)

1. Desde hace unos años se acumulan, por desgracia, las noticias económicas negativas. Y lo que es peor, no se vislumbra en el horizonte un cambio esperanzador en los países europeos del sur. Bien es cierto que en otros, en los protestantes del norte, la situación por ahora es mejor, o eso dicen las cifras macroeconómicas, pero soy de los que piensan que es cuestión de tiempo -tres, cinco años- que la marea del desencanto llegue también a ellos con contadas excepciones, como quizá las naciones escandinavas por sus poblaciones reducidas y la riqueza de sus recursos naturales. En nuestro caso, unos años obscenos en la llevanza de las cuentas -me refiero a todos: administraciones, empresas, familias…-, y unas burbujas a las que también todos hemos contribuido, han acelerado el desastre. Pero no es menos verdad que nuestros problemas, los europeos en general, van más allá de esas circunstancias coyunturales. Se oye decir con frecuencia que “están” arrasando el Estado de bienestar, un estilo de vida basado en seguridades y certezas, que tantos esfuerzos ha costado construir. Pero deberíamos también preguntarnos hasta qué punto no somos cada uno de nosotros a título individual responsables de ese marasmo. Porque, aunque nos cueste verlo, o no queramos darnos cuenta, es difícil comportarnos de una manera como consumidores, de otra completamente diferente como productores, y pretender que ello no vaya a tener ninguna consecuencia en nuestras vidas más pronto que tarde.

2. La globalización, tan ensalzada en los medios, es como una bomba lanzada por otros que finalmente nos ha estallado en la cara. O, como escribió alguien hace unos años, un engaño parecido a aquel en el que cayeron los indios taínos cuando regalaron sus paraísos a cambio de unos espejitos de colores. Sonreímos con suficiencia sin darnos cuenta de que hemos cometido la misma estupidez. Decía Keynes, tan de moda últimamente, que “las ideas, el conocimiento, el arte, la hospitalidad y los viajes, ésas son las cosas que, por naturaleza deben ser internacionales. Pero produzcamos las mercancías en casa siempre que ello sea razonable y prácticamente posible.” Porque, pensemos por un momento, si principalmente consumimos productos low cost, manufacturados en condiciones social y ecológicamente deplorables, ¿no terminaremos importando también un estilo de vida, de trabajo low cost? Algunos nos tememos que sí. La globalización, la ausencia de barreras comerciales de ningún tipo, muy aclamada por los voceros del capitalismo, no significa otra cosa que poner a competir, en una espiral sin escrúpulos ni límites, a toda la población asalariada mundial. Una subasta a la baja. En un primer estadio de ese proceso los europeos nos hemos beneficiado de un sinfín de cachivaches a precios de saldo; pero ahora empezamos a conocer las consecuencias: deslocalizaciones empresariales o condiciones de trabajo cada vez peores. Nos estamos, por desgracia, vietnamizando. Y lo peor de todo, hemos contribuido a ello. Y tiene razón Arnaud Montebourg, el ministro de Reindustrialización francés, cuando indica que ante este marasmo “las élites económicas y políticas se han encerrado en su confort, en su globalización feliz, protegidas por su cultura, sus viajes y sus seguridades financieras”. La globalización empieza a hacerse evidente, beneficia a unos pocos, a quienes disponen de los recursos, del capital, de los medios; pero perjudica a una mayoría, a aquellos que ven como, tras años de conquistas sociales, se ven abocados a competir con trabajadores semiesclavos.

3. No debemos seguir engañándonos durante más tiempo. Nunca podremos, por mucho que se abaraten nuestros salarios, por mucho que empeoren nuestras condiciones de trabajo, competir con las economías emergentes. Jugamos en desigualdad de condiciones porque nos “empeñamos”, al menos de momento, en respetar determinadas reglas: leyes medioambientales, medidas de seguridad e higiene en el trabajo, jornadas limitadas en el tiempo… ¿Por qué si somos tan estrictos con nosotros mismos, con esos requisitos, no lo somos con las condiciones en que manufacturan los productos que importamos? ¿No forma parte de un ejercicio de cinismo, de hipocresía social que, además se ha vuelto contra nuestro estilo de vida? ¿Nos paramos a pensar quién y cómo ha fabricado esas zapatillas de deporte made in China que calzamos mientras protestamos con silbatos y banderitas contra los recortes? Reivindiquemos un proteccionismo moderno, ecológico y social que exija el respeto a unas mínimas reglas de juego. Europa no debería importar esas condiciones de vida, sino tratar de exportar nuestras formas de producción. Aunque suene a quimera, sin duda; y aunque los gadgets o los melones nos cuesten un poco más. Pero no hay otra.

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1328154/globalizacion/la/gran/estafa.html

Imagen de portada: google images

se tragan nuestra riqueza

Sobre el impago y la condonación de todas las deudas.

Mostrando 1 Comentario

Tu opinión

  1. Paco Bello dice:

    13 agosto, 2012 a las 09:35

    Un buen artículo de opinión. Supongo que me gusta porque coincido con su análisis, pero es que no creo que exista otro posible y cierto al mismo tiempo.

    Nunca podremos competir con los países asiáticos, y si algún día pudiéramos sería una catástrofe. Por eso todos los recortes con la finalidad de hacernos competitivos son tan absurdos (si ese fuera el fin, que no lo es). Hay quien dice que es para hacernos competitivos dentro del marco de la Unión, pero el problema a menor escala sigue siendo el mismo, además de marcar indefectiblemente una serie de restricciones sobre el modelo productivo que nos condenan al inmovilismo.

    Lo he dicho alguna vez: no creo en patrias, banderas y fronteras, pero hoy, ante la imposibilidad de otras estructuras, es necesario acotar territorios y soberanías, y establecer aranceles que igualen precios. Primero por humanidad (si no compras no se produce ni se explota), y segundo para evitar el control global del capitalismo.