Schopenhauer

 

Viejo Schopenhauer, doloroso asceta,

siniestro filósofo y amargo poeta:

¿Por qué me dijiste

que el amor es triste, que el bien es incierto?

¿Por qué no callaste que el mundo es tan triste?

…¡Aunque sea cierto!

Yo amé a las mujeres. ¡Oh carne fragante,

senos en flor, dulce misterio sensual!

¡Yo amaba la gloria, divina y radiante,

envuelta en un áureo fulgor de ideal!

Yo amaba la vida;

pero tú dijiste que todo es dolor,

que el amor es carne sensual y podrida,

¡y ya nunca tuve ni gloria ni amor!

Y ya por el mundo voy igual que un muerto.

Tu voz emponzoña todo lo que existe.

Dime, viejo horrible, aunque sea cierto:

¿Por qué no mentiste?

Agreste filósofo de las negaciones,

yo era soñador, y crédulo, y fuerte;

tú has roto el encanto de mis ilusiones

y me das la fría verdad de la muerte.

Dice tu profunda y amarga verdad:

Vivir es dolor y angustia el amor.

¡Triste Humanidad,

amar es hacer eterno el dolor!

¡Oh sabiduría cruel, dolorida!

¿Amor es dolor?

Pero sin amor,

¡qué importa la vida!

Viejo Schopenhauer, triste enamorado

de la muerte, ¿acaso tú nunca has amado?

¿No lloraste nunca de excelsa emoción,

o es que amaste demasiado

y aún sangra tu macerado

corazón?

Amargo poeta: ¿Por qué me dijiste

que el mundo es dolor, que el bien es incierto?

¡Ya toda la vida mi alma estará triste!

Dime, horrible viejo: ¿Por qué no mentiste?

…¡Aunque sea cierto!

Emilio Carrero

 

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