El canto de las sirenas- de Carmen Formoso Lapido.

 

Es internet. Misterio hondo, inexplicable, que acecha oculto, insondable indescriptible, que nos envuelve escondido planeando en la noche sin salir nunca a la luz; un contrasentido cuyo alcance y popularidad no podremos mitigar y navegaremos incansables durante una eternidad, nuestra eternidad terrestre, porque allí encentraremos gente agradable que nos va, allí y desde la ventana de nuestra soledad, por eso navegamos con o sin seudónimo, con foto o no, con o sin personalidad o con la que queramos tener para cada ocasión, con nuestras verdades o nuestras mentiras, lo que queramos, todo es posible, solo hay que imaginárselo: por lo demás verás que nadie pretende saber nada sobre la danza de las confusiones en la que nos hemos metido, danza que deteriora, que nos va cansando, que se nos ofrece para mitigar nuestra sed ya crónica, y nos desequilibra, nos bloquea, y bailamos como malditos, un baile frenético, con ritmo agotador que nos mantiene despiertos en nuestro solitario insomnio, atrapándonos, asfixiándonos, denso, casi delictivo, en esa desmarañada red, saturada de vividores ¿cómo distinguirlos?, navegar, buscar, entrar, bucear, bajar, conectar, interviniendo con cordura aparente, buscando empatías, amistades con apariencia real, y crear, diseñar, visitar, comunicarse, eso es navegar por la red, dejando algo en suspenso, hasta que llega el momento, siempre crítico, y desparecer, concluir y abandonar; eliminar, consciente de que puedes controlar tu virtual y monopolizada inexistencia, rezumando cansancio tras el duro aprendizaje, y habiendo sido capaz de resurgir de bombardeos de virus destructivos, indetectables, ahora estamos viendo confusión en las actitudes del rol que asumimos tan esperanzador, y notamos una incapacidad inquietante; queremos resurgir, volver atrás, sin atisbar la arena mojada, no es posible; nos dispusimos a discrepar, no a polemizar, sin saber exactamente lo que ocurriría, lo que nos ha ocurrido, lo que nos ha producido este estado de desánimo tan denso y nos preguntamos una y otra vez ¿qué ocurrió?

Estamos extraviados en la red, hemos perdido el norte y queremos saber ¿porqué?, averiguarlo, más vale tarde que nunca; hemos navegado mucho por internet, y todo es virtual, lo sabemos, lo sabíamos, éramos conscientes de ello, pero al final, como suele suceder a los navegante mortales por los océanos sin fin, escuchamos la dulzura de un canto, las vibraciones de un sonido que se oye a mucha distancia, que nos atrajo con intensidad, que nos arrastró hacia su abismo negro, infinitamente oscuro, y dentro del agujero nos sentimos felices por un mínimo tiempo, felicidad virtual, inexistente, que añoraremos siempre, porque hemos escuchado la quimera de las ninfas: sus cantos de sirenas…

CFL

(A TODOS LOS INTERNAUTAS)

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