Estrellas de mar.- Poema de Carmen Formoso Lapido

 

1

Susa cree que se le apareció la virgen del lugar,

y que una voz insistente en su interior le dijo

que, aquella señora, venía del apocalipsis,

pues el aspecto de su vestido anulaba hasta al sol naciente…

Pero su corazón percibió algo más extraño todavía:

el fuerte calor que despedían las estrellas escondidas,

y asumió que algo increíble estaba experimentando.

Quizá había entrado en el recinto del Sancta sanctorum sin ser consciente,

allí donde están dos querubines custodiando las tablas de la ley…

Pero sintiéndose incapaz de comprender todo su epílogo,

consideró inadecuado el hacer comentario alguno…

Sería su secreto, y, si todo fue un sueño, sería eso, sólo su sueño…

2

Le ofrecieron un décimo por el camino y cogió dos,

en el sorteo salieron premiados con el gordo

y decidió comprase algo muy deseado…

Colocó una placa solar fotovoltaica en su pequeña terraza,

porque era su sueño para poder ahorrar,…

Y gastó el resto del dinero en un caballo de pura sangre,

con herraduras de puro oro,

descendiente del que había montado el rey Salomón…

Lo tenía en un establo, lo limpiaba y cepillaba con mimo,

y lo montaba a carrera limpia por las praderas del monte cercano;

y descansaba sobre la hierba mientras el caballo pacía.

El caballo, huyendo de una serpiente

cayó por el barranco del burro y se murió.

Fue como si jugando al ajedrez le quitaran la ficha…

Se quedó con un pasmo que tardó en pasarle…

Y todos las días le arrojaba pétalos de nemorosa,

de las que nacieron de las lágrimas de Venus

a la muerte de Adonis

quitado de en medio por un jabalí…

3

Paseaba descalza sobre la arena que forman los mares para las playas

y calentaba su cuerpo desnudo al sol, sobre la húmeda orilla,

después de haberlo untado con dorada mantequilla

para sentir el caminar de los insectos que la lamian…

Valoró lo que está en las cosas más insignificantes

del día a día, no entre sueños que espabilan…

Caminando por la espuma de las olas

comenzó a coleccionar estrellas atlánticas

muy hermosas y variopintas, rosadas y amarillas,

a algunas les faltaba algún tentáculo comido que rebrotaba,

y las ponía a secar en la terraza del balcón del salón,

a las que, después, llevaba a los pies de la Virgen del pino.

para que le otorgase su preciada bendición.

4

Se tomó un plato de pasta italiana acompañada de tomate frito,

queso, nata y bacon, que calentó en el microondas,

y brindó por sí misma con un vino de reserva

sentada frente al viejo e insulso televisor,

y también por Karol Wojtyla, su padre espiritual

 

CFL

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros.