Que pare este mundo, que no es el mío.

 

Posted: 11 Jul 2012 07:43 AM PDT

Iniciativa Debate Público

Paco Bello Iniciativa Debate 11/7/2012

Son muchos años de observación para no haber perdido la inocencia, aunque siempre se está a tiempo de despistar a la razón y abandonarse a la corriente. Pero hoy creo que ya es suficiente idiotez para tan poca persona, y mejor llamar a las cosas por su nombre, y a la situación… drama.

Es fácil también dejarse llevar por el simplismo, y escupir tonterías en base a pulsiones circunstanciales olvidando un análisis riguroso y sincero a todos los niveles: histórico, estructural, sociológico, antropológico, etimológico, conductual-psicológico, y sí; también coyuntural. Pero es absurdo, y es fútil. Aunque desgraciadamente no más que este último.

Y es que por mucho que nos mintamos, esto que estamos viviendo es lo que vemos, y lo que vemos es lo que somos: una sociedad que no es tal atendiendo al significado ideal y teórico del concepto, pues lo que sufrimos es una estructura alienante, atomizada, sin proyecto común, y resuelta para facilitar el mejor beneficio y perpetuación de posiciones y estatus particulares y bien determinados.

Hoy, igual que ayer, tomando como referencia trazos gruesos de cada disciplina puedo hacer una prospectiva social a varios años vista con un margen de error mínimo, porque todo es lo simple que tu capacidad de perspectiva te permita abarcar. Y esto es tanto más sencillo cuanto más te alejes del objetivo a escrutar. En la ilustración microscópica vemos una imagen local de inexorabilidad sistémica y en la macroscópica un trazado organizativo con pretensiones aristocráticas. Y en la una y la otra tenemos el papel de presa.

No creo en el pueblo, no creo que jamás haya existido como tal, porque incluso las revoluciones que alegremente se le adjudican, han sido propiciadas por individuos reconocibles y reconocidos y no por conciencias globales con criterio e iniciativa. Pero incluso esto sería hoy un acontecimiento extraordinaria y positivamente insospechado, porque todo el espectro ideológico está copado por las cabezas de la Hidra.

Lamentablemente no hay mucho que hacer, pero como toda certeza es convalidada por nosotros, y personalmente me aplico principios existencialistas: yo sí voy a luchar por que no me aplasten, por orgullo, por dignidad y por una justicia que reclamo como persona, como Ser. Me niego a ser un objeto, a no tener voz, ni decisión, porque el criterio no me lo pueden robar, ni anular. Porque puedo escapar de la razón, pero no del sentimiento.

Los que toman las decisiones son delincuentes y criminales, y el que no se haya dado cuenta es porque está demasiado condicionado por sus aparatos de propaganda y de lobotomía pasiva. Y aun contra ellos debe existir una política posible y necesaria que sirva al bien común, y una sociedad que piense en sociedad. Y esta política es justo la contraria de la que se está practicando envuelta en cientifismos y circunstancias tan artificiales como la capacidad y la intención de los que la ponen en práctica. Hasta ahora existe el modelo de los mercados, y yo quiero el modelo de las personas, y poco más.

Con el permiso de los compañeros de partido (ILC), y sin menoscabo de otras opciones al margen, voy a iniciar el contacto con varios colectivos, y vamos a estudiar si es posible hacer una coalición con un programa de mínimos democráticos en el que quepamos muchos con la única idea de crear/recuperar lo básico para una sociedad participativa. Sin protagonismos, sin ideología, y casi exigiendo la colaboración de todos los que de verdad quieran que algo cambie, porque aunque nunca lo hemos creído, todo depende de nosotros, pero hay que implicarse y darlo todo por aquello que vale nuestro bienestar.

Si algún día logramos reconducir la situación en cuanto a derechos, ya habrá momento de separarnos y emprender nuevos caminos para entonces sí, debatir de políticas y diferencias. Pero ahora se trata simplemente de instaurar la democracia, sin entrar en su juego y sin dar pie a debates infructuosos sobre cuestiones circunstanciales y coyunturales de factura propia y que solo les benefician a ellos.

No hay otro mecanismo más que este, porque ni desde la violencia ni desde las reivindicaciones o peticiones vamos a lograr algo.

Solo es imposible aquello que no se intenta, pero aún pensando que no podremos; que la utopía nos alcance mientras caminamos sin rendirnos como harán los tristes sometidos que aceptan esta aberración.

Vamos a ser de verdad egoístas e individualistas, y vamos a hacernos conscientes de que cada paso que se da desde el poder nos empuja más hacia el abismo. Seamos también orgullosos y dignos, y no dejemos que nadie tome decisiones por nosotros. No dejemos tampoco que otro se arrogue derechos particulares por clase, herencia o posición. Seamos inflexibles, o incluso patriotas (cada cual de su patria) para no permitir que nos roben la soberanía, y tengamos en cuenta que ésta es menor cuanto mayor es la distancia que la aleja de su origen: cada uno de nosotros.

Si yo fuese un árbol entre los árboles, un gato entre los animales, esta vida tendría un sentido o, más bien, este problema no lo tendría, pues yo formaría parte de este mundo. Yo sería este mundo, al que me opongo ahora con toda mi conciencia y con toda mi exigencia de familiaridad. Esta razón tan irrisoria es la que me opone a toda la creación. No puedo negarla de un plumazo. Por lo tanto, debo mantener lo que creo cierto. Debo sostener lo que me parece tan evidente, inclusive contra mí mismo. ¿Y qué es lo que constituye el fondo de este conflicto, de esta fractura entre el mundo y mi espíritu, sino la conciencia que tengo de él? Por lo tanto, si quiero mantenerlo, es mediante una conciencia perpetua, constantemente renovada, constantemente tensa. Esto es lo que debo retener por el momento. En este momento lo absurdo, a la vez tan evidente y tan difícil de conquistar, entra en la vida de un hombre y encuentra su patria. También en este momento el espíritu puede abandonar la vía árida y reseca del esfuerzo lúcido. Ahora desemboca en la vida cotidiana. Vuelve a encontrar el mundo del “se” anónimo, pero el hombre entra en él en adelante con su rebelión y su clarividencia. Ha desaprendido a esperar. Este infierno del presente es por fin su reino. Todos los problemas recuperan su filo. La evidencia abstracta se retira ante el lirismo de las formas y los colores. Los conflictos espirituales se encarnan y vuelven a encontrar el refugio miserable y magnífico del corazón del hombre. Ninguno está resuelto, pero todos se han transfigurado. ¿Se va a morir, a escapar mediante el salto, a reconstruir una casa de ideas y formas a la medida propia? ¿Se va, por el contrario, a mantener la apuesta desgarradora y maravillosa de lo absurdo? Hagamos a este respecto un último esfuerzo y saquemos todas nuestras consecuencias. El cuerpo, la ternura, la creación, la acción, la nobleza humana, volverán entonces a ocupar su lugar en este mundo insensato. El hombre volverá a encontrar en él finalmente el vino de lo absurdo y el pan de la indiferencia con que se nutre su grandeza.

Albert Camus (La libertad absurda)

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