El traje nuevo del emperador.

Jue, jun 28th, 2012

Primera Plana | por Iniciativa

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Paco Bello Iniciativa Debate 28/6/2012

Hans Christian Andersen

Hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día escuchó a dos charlatanes llamados Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Por supuesto, no había prenda alguna sino que los pícaros hacían lucir que trabajaban en la ropa, pero estos se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin.

Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar a la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino.

Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.

Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:
«¡Pero si va desnudo!»

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo escuchó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.

Hoy estamos esperando el grito de alguien que tenga la posibilidad de que toda la población lo oiga, para asegurar y para decir sin miedo que todo lo que está ocurriendo es una gran estafa. Que ese alguien diga que se están contraviniendo incluso los principios capitalistas, y que no se acude desde ningún estamento siquiera a las medidas que ya se demostraron útiles para salvar ese modelo llamado a desaparecer algún día, pero al que aún le quedan cartuchos en la recámara. Que alguien diga que sin circulación de capital, el sistema entra en una espiral descendente. Que si a un sistema pensado para crecer infinitamente le quitas el sustento, muere, y muere rápido. Que nos diga que los que dirigen el mundo lo saben, y que están haciendo todo lo contrario a lo que cabría esperar. ¿Se han vuelto todos imbéciles? No, aunque algunos timoratos tienen miedo a decir que el rey va desnudo.

Es tremendo el informe del profesor Danny Dorling, que revela cómo el 1% más rico de Reino Unido ha pasado de controlar el 6% de los ingresos al 50% en solo 30 años. Pero esto está ocurriendo en todo el llamado mundo occidental. Es todo tan surrealista que muchas veces te preguntas qué quieren. Porque de lo que no hay duda es que todo esto sigue una dirección clara, y los beneficiados por ella están localizados.

Yo no soy nadie, y mi grito no llegará más que a unos pocos, pero no dejaré de desahogarme. ¡Quieren acabar con nosotros, coño!

Pero no físicamente, no quieren matarnos, pero no hay trabajo ni materias primas para proveer una vida consumista a casi 7.000 millones de personas, máxime siempre que se quiera compatibilizar esto con un sistema de clases sociales. Ellos no están dispuestos a cederlo, y una sociedad que recuperase lo común, repartiera el trabajo y avanzara en nuevos sistemas de energía, técnica y productividad, no sería sumisa.

Y no, si es que te lo preguntas… no les hacemos falta. Una sociedad con un décimo de los ocupados actuales puede sostener el estatus de la clase dominante con todas las comodidades mientras mantienen el control de la insurgencia por la fuerza y la psicología de masas.

Lo que hoy se considera inaceptable mañana se considerará normal, como hoy consideramos normal lo que hace 30 años hubiera sido inaceptable. Todo consiste en saber dosificar las reformas. La moral no es imperturbable, y no se mantiene estática. Hubo una época no muy lejana en que los alemanes consideraron menos que animales a los judíos.

No seamos todos tan correctos o tan temerosos. Vivimos en una brutal guerra de clases, pero hay una parte que todavía no se ha dado cuenta (o no quiere darse cuenta).

Ya nos parece aceptable que se tome el control de los gobiernos por parte de los empleados de la banca (sin eufemismos), ya sea directamente como es el caso de Monti en Italia, o imbricados en presuntos gobiernos democráticos (elegidos por los medios de comunicación de los banqueros y magnates), como en los casos de Grecia, Portugal, España o… Alemania.

¿Qué seremos capaces de aceptar en diez años?

Hay muy pocas cosas claras en todos estos movimientos internacionales. Uno ya no sabe a qué carta cogerse, porque son tan sospechosos los presuntos defensores de izquierdas como los de derechas. Me asusta tanto leer al indeseable Enric Sopena, o al absurdo Cándido Mendez defendiendo su europeísmo como escuchar a la nefasta Esperanza Aguirre. Me fío hoy día tanto del PSOE como del PP, CiU, PNV o UPyD, o sea, nada. Y tampoco pondría mi mano en el fuego por el resto de los minoritarios.

Solo tengo un par de asuntos claros.

1. Todos los que podemos considerar “el enemigo”, a pesar de sus presuntas discrepancias tienen una meta común: la mayor unión internacional y la destrucción de las soberanías, ergo, aunque no creamos en ello, hay que apostar por ahora por las soberanías, y a ser posible, cuanto más pequeñas, mejor. La democracia se pierde con mayor facilidad en las grandes magnitudes.

2. Es evidente que todos los ajustes y reformas van contra las capas vulnerables de la sociedad, luego debemos enfrentarnos a cualquiera de estas medidas.

Podemos estar perdidos frente al aluvión de informaciones, pero debemos por conveniencia circunstancial y puntual y sin creer en nadie, apoyar todo aquello que nos interese venga de donde venga, incluso de Rajoy (nos pueden servir de referencia estos dos puntos, como mínimo, porque quizá alguien conozca alguno más). Digo lo de Rajoy porque hoy, por primera vez en mi existencia me he sentido cercano a él por sus declaraciones, aunque después a uno se le agua la fiesta tras conocer lo del medicamentazo (y lo que viene arrastrando).

Y una cosa más. Hay que recuperar urgentemente la conciencia de clase. Y no tener miedo a pedir responsabilidades a la “alta sociedad”. No seamos cretinos, y caigamos en la trampa de la envidia. Aquí no se trata de envidia, sino de justicia. Existe queramos o no un contrato social, que una parte de la población ha roto unilateralmente, por lo que ya nada nos ata al cumplimiento de las normas implícitas de ese acuerdo.

Iba a escribir sobre otros temas y he acabado con esto que no sé si le puede servir a alguien de algo, pero hoy el cuerpo no me pide nada más. Estoy muy confundido, y no quiero confundir a nadie. Esperaré a tener alguna certeza.

Insisto, solo recomiendo una cosa: no entrar a valorar esta tremenda confusión, y quedarnos con lo básico ¿recortes? ¡ni uno! Tenemos que ser inamovibles, porque están jugando con nosotros. Y dejemos el simulacro de disputa para ellos, así se revienten.

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