Julio Anguita está hablando muy claro.

 

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Me encanta la determinación con que Julio Anguita ha salido a la arena. Sin paños calientes, y con un valor que para sí lo quisieran hasta los buenos bomberos (me habré equivocado), porque esta lidia es contra una hiena con espolones, y no contra un inofensivo torito.

Claro, pero claro clarísimo. Así lo deja Julio. Si me quedaba alguna mínima duda, en este momento está disipada. Y lo siento por los fanáticos de las siglas, pero aunque sé que os molestará, era evidente que Anguita se desmarcaba de la dócil IU porque tiene muy claro hasta dónde es capaz de llegar esa formación con la actual composición.

Lo que nos propone está dirigido a aquellos que no comulgamos con nadie, excepto con lo que nos parece sensato, pero sin servilismos ni lealtades indestructibles y absurdas.

Lo que por favor sí pido porque creo que es importante, es no empezar otra vez a debatir para acabar hartándonos de escuchar propuestas. Ya existe un programa de base con diez puntos básicos perfectamente comprensibles. No comencemos a tocar las narices queriendo pulirlos o modificarlos. También yo me podría ver tentado de hacerlo, y así el otro, y el otro, y la otra, y el de más allá. Vamos a pelear por algo y no a discutir los términos sobre aquello por lo que hay que pelear. ¿Te gusta? únete. No te gusta, pues haz la guerra por tu cuenta, pero no vengas a ralentizar un proceso necesario. Democracia… sí. Ejercer de primaveras… no, gracias.

Estoy contigo, y seguro que otra mucha gente lo estará cuando vea que en esta exposición no hay dobles fondos. Puede que mucha gente (a pesar de lo mucho que la criticamos), no se sume porque está escarmentada. Yo creo que esta es la mejor oportunidad para unirse.

P.B.

No necesita referentes porque no es “como los militares malos, que en el campo de batalla se preguntan qué habría hecho Julio César”. Sólo lo que ya sabe, lo que está pasando y las ganas de llamar a la “acción”. Bajo el paraguas del Colectivo Prometeo, en cuya web ha publicado un manifiesto titulado “Somos mayoría”, Julio Anguita (Fuengirola, Málaga, 1941) regresa de la mano de un nuevo “movimiento político”. Objetivo: influir en el poder como no puede ya Izquierda Unida, donde “los valores se han ido perdiendo”.

-¿Vuelve usted a la política?

No vuelvo. Nunca me he ido. He estado en política siempre y seguiré estando. No se trata de volver a las instituciones por mi edad, por la salud y porque segundas partes nunca fueron buenas. Hago una propuesta sobre lo que en mí ha sido siempre una constante: la elaboración colectiva de un programa para formar una sólida mayoría.

-En 1996 y con usted como candidato, Izquierda Unida alcanzó su mejor marca electoral con 21 diputados. ¿Es posible reeditarla o ampliarla en base a esa “sólida mayoría?

Los términos electorales vendrán después. Ahora quiero crear una fuerza que pese en el poder. La mayoría existe. Todo el mundo tiene un parado en casa, lo está pasando mal, tiene una hipoteca que le cuesta pagar. Somos mayoría, pero no tenemos conciencia de serlo.

-¿Por qué la izquierda no es capaz de entenderse con esa mayoría? El PSOE…

[Interrumpe] Me habla del PSOE como si fuese izquierda.

-¿Es un error?

Sin duda. Cuando la socialdemocracia abandona el marxismo, toda la política hecha desde entonces… no tiene nada que ver con la izquierda. Ocurre también con algunos sectores de izquierda Unida. Se llegó a un punto de “esto es lo que hay, no podemos cambiarlo, pero intentemos mejorarlo un poquito y participar de la esencia divina de los cargos”. Lo mismo pasó en los sindicatos. Se dedicaron a gestionar el sistema.

-La izquierda está de retirada.

Nosotros hemos perdido la guerra. Hemos sido derrotados en el campo de batalla. La izquierda en España no existe. Está en un estado de catalepsia. Siente vergüenza de decir las cosas. En IU tuvimos debates duros, pero que había que tener. Sobre la barbaridad del Tratado de Maastricht [que fija los criterios para entrar en la unión monetaria], sobre la competitividad o el mercado. Pero ya se pretendía renunciar a la cosmovisión de una izquierda consecuente. Después de los [Felipe] González de turno vinieron los Anthony Giddens [autor de la llamada tercera vía para el laborismo británico], los Tony Blair… y acabaron con lo que quedaba. Confundieron modernidad con ordenadores y ofimática. Puede ser doloroso, pero hay que ir a las raíces.

-¿Y qué haría hoy si aplica “las raíces”?

¿Lo primero? ¡Fuera del euro! O nos salimos, o nos echan, o se va Alemania. O bien se hace una Unión Europea política, económica, fiscal, de convergencia económica y social. Entonces sí se darían las condiciones, sí habría un euro que funcionase. En segundo lugar: la economía hay que supeditarla al poder político. Es una ciencia, que tiene sus ritmos, su estructura no ética… No tengo ningún problema con eso, pero siempre a partir de unas directrices. Esto es volver a la izquierda.

-¿Y los bancos? El Gobierno está a punto de pedir un rescate que…

No siga usted. ¡Nacionalizarlos! Ipso facto. Y no para devolverlos sino para crear una banca pública.

-¿Cómo va a hacer que esto cuaje?

Imagínese una manifestación multitudinaria un día y otro también, por ejemplo. Hay que poner el peso en la balanza de poder. En política, lo único importante es la correlación de fuerzas. La política es fuerza, no cantos angélicos. Cuando una fuerza política se organice, concrete sus ideas, se convierta en un poder fáctico… Es lo mismo que hace el Santander o el BBVA y yo ni me asusto ni lo denuncio. Hablar de la justicia o la objetividad de las normas es hablar de algo que no es cierto. La Constitución la manejan quienes tienen el poder.

-Cuando habla de manifestarse un día sí, otro también, me hace pensar en los indignados.

Forman un movimiento interesantísimo. Ha movilizado a la sociedad, a una parte, porque a otra no la movilizas ni a cañonazos. Pasa como los cohetes para lanzar los satélites. Se ha quemado uno, pero el segundo no ha entrado en ignición. Ahí entramos nosotros. Si al final de este proceso, con los indignados y los que no lo son, sin que nadie pierda su identidad, tenemos un programa, empezaremos a cambiar las cosas.

-Un “programa, programa, programa” en el que no sobra nadie.

Necesitamos cohesión. A una sociedad la cohesiona el imaginario colectivo y unos valores. En estos últimos años ha primado el pelotazo y el ladrillo. Han cohesionado a la sociedad. Ahora tenemos que hacerlo de otra manera.

-¿Es usted un indignado?

Me he sumado al movimiento, pero soy crítico, lo que no quiere decir un saboteador. No he visto ahí a los obreros, a los hijos de los trabajadores. Es un movimiento de gente joven, profesionales, inteligente, ahora con los yayoflautas, pero no ha pasado de una determinada capa social. No es una imputación, en todo caso lo es hacia los que no están y muy grave. Con un programa más concreto, discutiéndolo, podemos sumar a más gente.

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/2012/06/22/vuelve-anguita-mayoria-prometeo_n_1619490.html

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El salto de Rajoy a primera fila.

 

 EL PAÏS.es

El jefe del Gobierno acaba con una foto clave una semana de examen internacional

En siete días ha tenido más citas con líderes mundiales que en ocho años

Carlos E. Cué Madrid 23 JUN 2012 – 21:29 CET42

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En sus ocho años como líder de la oposición, Mariano Rajoy no viajó ni una sola vez a EE UU. Organizó solo dos fugaces saltos a Argentina y Colombia. Visitó poquísimos países europeos. Y hasta se perdió varias citas del Partido Popular Europeo (PPE) en Bruselas. El pragmático y poco viajero Rajoy —sigue con problemas de idiomas aunque está mejorando su inglés— entendía que su trabajo era otro. Llevó al extremo el famoso “menos Siria y más Soria” que un día aconsejó Jesús Posada a Aznar. Se concentró en España, en Andalucía y Cataluña, en ganar las elecciones. Dejó lo otro para más adelante.

Pero lo otro ha llegado de golpe. España, para desolación del presidente, está en el centro de las preocupaciones del planeta. Y en una sola semana, la que acaba ahora, Rajoy ha concentrado más citas internacionales que en ocho años. Ha dado un precipitado salto a la primera fila, que culminó el viernes con la cita con los líderes de Alemania, Francia e Italia en Roma. El presidente acaba la semana satisfecho, convencido de haber salido bien. Y eso que empezó bastante mal.

Rajoy llegó el domingo a Los Cabos (México) para participar en su primer G-20. Era un estreno muy complicado: España está en boca de todos, y no para bien. Al llegar a su hotel de lujo se mostró eufórico: “Lo de Grecia es una buena noticia para España y para el euro”. Pero las cosas empezarían a torcerse enseguida. La prima de riesgo llegó casi a los 600 puntos y la Bolsa se desplomó. La “buena noticia” no había funcionado. Las dudas sobre el rescate bancario español pesaban más.

En Los Cabos las cosas tampoco iban bien. Una tras otra se complicaban todas las citas bilaterales que Rajoy tenía previstas: con el presidente chino, Hu Jintao; con el ruso, Vladimir Putin, y la brasileña, Dilma Rousseff. El presidente pasó toda la mañana en su habitación analizando con Jorge Moragas, Álvaro Nadal y Luis de Guindos un día durísimo. Pero no logró ninguna cita. Guindos sí se vio con Christine Lagarde. En su mismo hotel Mario Monti organizaba varias reuniones bilaterales y Rousseff se veía con Cristina Fernández, presidenta de Argentina y enemiga de Rajoy, mientras le dejaba a él para más adelante. Merkel tampoco perdía el tiempo y se veía a solas con Obama.

Al final empezó la cumbre el lunes por la tarde con la lista de citas a cero. Pero, poco a poco, la semana se fue enderezando. El G-20 en vez de una encerrona para España lo fue para Merkel. Todos, sobre todo Obama y el FMI, pero también países emergentes, desde India hasta Argentina, le exigía un giro para no frenar la economía mundial. Rajoy logró el martes algunas bilaterales: Brasil y China, aunque se cayó Rusia. Además, la foto con Obama, Merkel, Hollande, Monti y Cameron le colocaba en primera división.

Rajoy salió a toda prisa de Los Cabos para realizar un extraño viaje a Brasil en busca de inversores, sin mucho contenido político y que tenía un objetivo claro: lograr, a cambio de su presencia en la cumbre de desarrollo sostenible Rio+20, que Dilma Rousseff vaya a la cumbre iberoamericana de Cádiz a finales de año, que corre el riesgo de ser un fracaso si fallan muchos líderes.

Y después llegó Roma, el momento cumbre, con la prima de riesgo al fin por debajo de los 500 y una foto para la historia con los tres grandes del euro. Acabó bien, y eso que todo está saliendo al revés en sus planes. Rajoy apostó desde el primer día en La Moncloa por ser el socio más aplicado de Angela Merkel y su apuesta por la austeridad. Chocó casi desde el primer minuto con el italiano Mario Monti, un tecnócrata que representa todo lo que él no tiene: contactos internacionales, conocimientos económicos profundos, perfil internacional propio, y a la vez carece de lo que Rajoy más presume: una mayoría absoluta clara, un mandato de las urnas, el voto democrático.

“A Monti le quedan unos meses, no cuenta, Rajoy es de largo recorrido”, decían los suyos con displicencia. En Francia apostó por Sarkozy. Ahora el pragmático presidente cambia sin inmutarse y se apunta al carro Hollande-Monti. Tanto que en el G-20 lanzó un inédito y tajante desmentido público de las palabras de Merkel. Su aliada ya no le vale, y se enfrenta a ella. El resultado de la nueva estrategia se verá en la cumbre en Bruselas.

Rajoy, atrapado por Hybris. Importante estudio.

 

jun22 by carmen

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Rosa María Artal. Comité de Apoyo de ATTAC España. 20.6.2012

Mariano Rajoy fue probablemente el primer mandatario español de la etapa democrática que llegó al Gobierno con el síndrome de La Moncloa incorporado. En realidad esa dolencia, de vieja raigambre, tiene nombre propio. La definió a la perfección un antiguo ministro de Exteriores británico y neurólogo de formación, David Owen, quien invirtió seis años en estudiar el cerebro de los líderes de la clase dirigente. Con los resultados, publicó un libro titulado “En la enfermedad y en el poder” (2008), que explicaba las razones para el desvarío de quienes alcanzan altas cotas de mando: el síndrome Hybris. Lo caracterizan la soberbia, la desmesura, y la huida de la realidad con mayor o menor intensidad dependiendo de la capacidad intelectual de la persona.

En la primera fase, aún fresco el recuerdo de cuando salieron del anonimato, de sus cátedras, de sus oficinas, les acomete la inseguridad, casi la incredulidad en su propia valía. En el caso de Rajoy, influyen además sus dos derrotas electorales frente a Zapatero y la larga espera que conlleva. Pero aquí surge una nube de aduladores que se apresura a convencerles de sus excelencias. La mayoría espera sacar provecho, aunque esa circunstancia ellos prefieren no advertirla. Es el momento en el que les invade la soberbia.

El líder ya está seguro. Le sobreviene así una exagerada confianza en sí mismo, ya no escucha ni a sus asesores ni a los ciudadanos, se cree en posesión absoluta de la verdad, con capacidad para hacer y deshacer según su voluntad y no reconoce sus errores. Rajoy añade la mayoría absoluta –aunque se debiera a demérito del contrario– de la que no gozaron inicialmente sus antecesores. Ha sido su perdición: ya está en un tiempo récord atrapado por Hybris. No se digna a dar ruedas de prensa y, cuando tardíamente comparece, hace gala de una insólita prepotencia que evidencia aún más sus carencias. Y su pobre discurso de pretendida sencillez.

Lo peor es que aquel Mariano Rajoy que llamó “bobo solemne” a José Luis Rodríguez Zapatero, ofrece –junto a su equipo– una caótica cuenta de resultados: recesión, subida del paro, merma de salarios y bajada del consumo como consecuencia de la política de austeridad; recortes insufribles en servicios vitales como sanidad y educación, mientras se inyecta dinero público al sector bancario y se pasan por el arco de la impunidad flagrantes irregularidades. O la mala gestión del caso Bankia con la prima de riesgo a nivel desbordado de rescate. La excusa de la herencia se les agota por momentos. Tampoco gusta al ‘todo el mundo’ del presidente la involución ideológica que el Gobierno impone sin pausa.

Por eso, Rajoy camina aceleradamente también hacia la tercera fase del síndrome Hybris: la que desata elmiedo a perder lo obtenido. En ella, todos son enemigos a evitar, incluso en los consejos. Quienes le contradicen “no saben lo que dicen”. Rodearse de mediocres en su círculo más cercano apenas atenúa su temor. El rival brillante precisa su desactivación por cualquier método. En su mismo partido –también en otros– hay clamorosos ejemplos, como el de Esperanza Aguirre y su “inexistente” trama para espiar a contrincantes de su formación.

Y luego, el consecuente enclaustramiento en la torre de marfil. Nerones, Calígulas, Claudios que se encierran en su castillo. El síndrome de la Moncloa, de Génova, de Ferraz, de la última planta de cualquier empresa. Por eso José Luís Rodríguez Zapatero dijo la noche de su primera victoria electoral: “El poder no me va a cambiar”. Por eso… tampoco lo cumplió.

Tarde o temprano, el varapalo de las urnas, el cese, la pérdida del poder en definitiva, sume al afectado por el Hybris en la siguiente fase: desolación, victimismo que achaca a la incomprensión, no acertar a creer ahora que “con todo cuanto ha hecho por su país”, reciba “ese trato”. José María Aznar paseó su rabia y su rencor por medio mundo, como clara muestra de ello. De Zapatero poco sabemos. Felipe González hace tiempo que lo ha superado tras enfrentarse a su jarrón chino. La enorme paradoja es el olvido que ha inundado la mente de Adolfo Suárez, el más vapuleado de los presidentes, el que más razón real tuvo para la desolación en su salida.

Hybris nació, como tantos otros conceptos fundamentales, en Grecia. La vanidad desmesurada –que competía con los dioses– acarreaba un castigo que proporcionaba Némesis, la diosa de la justicia retributiva. Sin piedad, volvía al descarriado a los límites de su realidad. No se andaba con miramientos. Sus afectados podían llegar a ver cómo un águila se comía a diario su hígado –regenerado, inmisericordemente, por su condición de inmortal–, tal como le pasó a Prometeo, un buen tipo que osó invadir el terreno de la divinidad.

El cristianismo, en la misma línea, habla de pecado y opone sanción a la soberbia en forma de “pena” capital. ¡Quién lo diría! Incluso al ángel arrogante lo convirtieron en demonio, de forma expedita, y lo mandaron a los infiernos para siempre jamás. O los generales romanos que –con prudentes técnicas anticipatorias–, eran seguidos por una corte de esclavos, los cuales les iban repitiendo: “Memento mori” que significa “¡recuerda que eres mortal!”. No es necesario aclarar que no les hacían ningún caso. Véase Julio Cesar. La soberbia tapa los oídos.

El coro de aduladores y el propio envanecimiento siguen arrullando al líder en su jaula de oro, aunque la deriva de los hechos sea evidente y la calle vibre en indignación, en desesperanza o en resignada apatía. Rajoy ya carga con Hybris, creyéndose todavía investido para una misión histórica conferida a un ser superior. Todavía

La UE destina 130 mil millones de euros para un plan de crecimiento

 
Por Julio Algañaraz
Es el 1% del PBI del bloque y saldrá de un tributo a las operaciones financieras.

Minicumbre. Merkel, junto al español Rajoy, el francés Hollande y el italiano Monti, ayer al hacer el anuncio.
 
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Roma. Corresponsal – 23/06/12

Como la premier alemana Angela Merkel estaba apurada porque debía viajar a ver el partido de fútbol Alemania–Grecia de anoche, duró solo una hora y media el encuentro en Roma de los líderes de los cuatro principales países de la Eurozona de 17 naciones, que utilizan el euro como moneda única. Los cuatro anunciaron su respaldo a un paquete de medidas de expansión económica por 130 mil millones de euros, el 1% del PBI del área. Demasiado poco, pero suficiente para justificar que se hace lo que se puede.

También auspiciarán que la reunión cumbre de la Unión Europea del jueves-viernes de la semana próxima en Bruselas, apruebe el impuesto del 1% de las transacciones financieras y afirmaron que el euro “es irreversible” .

Las demás decisiones fueron solo auspicios porque hay discrepancias de fondo entre Alemania y sus socios acerca de cómo financiar la crisis para salir adelante.

James Tobin, economista norteamericano, Premio Nobel, propuso la tasación que lleva su nombre en 1972. Teóricamente, la “Tobin tax” debería producir 166 mil millones de euros al año, aunque los analistas internacionales sostienen que la recaudación será mucho menor . Además de Merkel, los otros tres participantes fueron el anfitrión, primer ministro Mario Monti, el presidente francés François Hollande y el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy.

Angela Merkel, democristiana, dijo que “daremos algunos pasos adelante en las políticas de crecimiento, pero no hay que olvidar que crecimiento y finanzas sólidas son dos lados de la misma medalla”. El presidente francés, François Hollande, socialista, le retrucó en la conferencia de prensa final que los cuatro dieron en la suntuosa villa Madama: “Querer el crecimiento significa que la seriedad en los balances no sea austeridad. Yo soy contrario a la austeridad”.

Las rígidas medidas de austeridad fueron impuestas por Alemania y han asfixiado a los países europeos en los últimos dos años, sobre todo a los más débiles. Desde el triunfo en las recientes elecciones de Hollande, la música ha cambiado.

Ahora predominan los llamados a la reactivación económica . “Por este euro queremos luchar, hagamos todo lo posible para que sea nuestra divisa común. Pero para ir adelante debemos tener una política coherente. Hablo de una unión política más fuerte”. El español Mariano Rajoy fue el más preciso: “Queremos una unión política, económica, bancaria y fiscal”.

Esta es la clave del descalabro actual de la Unión Europea de 27 socios, pero en particular de los 17 de la Eurozona. Desde que nació la moneda única había que acelerar la unificación y la armonización en las áreas económicas. Se han perdido doce años. Ahora que el euro y Europa entera pueden terminar en el desastre, se reclama un golpe de timón gigantesco . Hacer en poco tiempo lo que no se hizo en tanto tiempo. Frau Merkel dijo que para “mutualizar” las garantías financieras, hacer nacer los eurobonos con el que todos sueñan y que Alemania detesta, es necesario que haya cesión de soberanías, políticas económicas, bancarias y fiscales comunes.

El problema es cómo dar vida a instrumentos de financiación con garantías. Los alemanes creen que terminarán ellos pagando la fiesta. Pero los otros apuran. El premier italiano Monti recordó que si la semana próxima las cosas van mal en la cumbre de Bruselas (la hipótesis no es remota), los resultados pueden ser fatales para su gobierno, que camina por la cornisa por el malestar social. Ayer Roma y Milán fueron semiparalizadas por huelgas, que influyeron mucho en los transportes.

Clarín X