La opción dos (recomendado)

 

Sociedad | por Iniciativa

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Interior día. Palacio de la Moncloa. Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba se reúnen en secreto. Son las ocho y media de la tarde y es abril. El secretario general del PSOE llega hasta la presidencia del gobierno a bordo del seat ibiza color rojo de su hija con la intención de pasar desapercibido. Nadie sabe que está allí salvo su familia y la secretaria de organización, Elena Valenciano. Jorge Moragas espera en la puerta y es el encargado de conducir personalmente a Rubalcaba hasta el despacho donde esperan Rajoy y Alberto Ruiz Gallardón, la única otra persona que está al corriente de la reunión. Cuando entran se estrechan las manos de manera fría y toman asiento. La cara de Rubalcaba denota la curiosidad de quien no sabe el porqué se encuentra donde se encuentra.

“Alfredo, vamos a poner las cartas sobre la mesa. Quiero hablarte sin tapujos y del modo tan franco como me sea posible. Todo lo que te vamos a contar no puede salir de esta habitación. Tengo que saber si puedo contar con tu lealtad”, dice Rajoy. Rubalcaba asiente. Alivio. “De acuerdo, no voy a andarme con paños calientes. Como bien sabes nos encontramos frente a una situación de extrema gravedad. Lo sabes porque vuestro gobierno es en buena medida responsable de lo que nos está pasando pero… no, no me interrumpas, aquí no se trata ni de buscar culpables ni de que nos hagamos reproches los unos a los otros. Ya hemos perdido demasiado tiempo en esas cosas y ha llegado el momento de ir a lo que es verdaderamente importante. En estos momentos solo tenemos dos caminos. No hay más. Hay dos opciones y ninguna otra. La primera es el default. Suspendemos pagos y nos declaramos en bancarrota. Me gustaría que esto no fuera así, pero estamos frente a un hecho: las arcas están vacías. Europa no nos va a rescatar y tampoco sé si queremos que nos rescaten. El rescate significa que ellos ponen todas las reglas y que tenemos que dejarnos estrangular poniendo cara de buenos chicos. No estoy seguro de que queramos eso. Así que la opción uno es que estamos fuera, Alfredo. Adiós al euro y cada uno a su casa. Supongo que sobreviviremos pero soy incapaz de prever cuáles pueden ser las consecuencias. Nosotros podremos seguir adelante pero qué va a pasar con el país. Somos un país pacífico en el que la gente se ha acostumbrado a asumir las cosas tal y como le vienen dadas, pero en un caso así… En Berlín y en París va a haber mucho ruido de fondo pero no contamos con que nadie mueva un dedo por nosotros cuando estemos fuera, será un sálvese quien pueda. Los hechos son los hechos y nadie los va a cambiar, no hay alternativa o —mejor dicho— solo hay una alternativa: la opción dos”.

Rubalcaba se lleva la mano a la corbata y se afloja el nudo. También se quita la americana. La frente le suda, pero no tanto como las manos de Gallardón y de Moragas. Hace calor.

— ¿La opción dos?, pregunta.

— La única alternativa. La única para evitar el default. Hemos pasado meses, años tirándonos los trastos a la cabeza y culpabilizándonos los unos a los otros de la situación, pero tanto vosotros como nosotros sabemos que, a día de hoy, la situación se ha vuelto incontrolable. Da igual cuál sea el color del gobierno, esto se nos ha escapado de las manos. La opción dos consiste en volver a tomar las riendas. Como bien sabes, en la actualidad hay gente que está apostando por nuestra ruina, fondos, seguros, y productos financieros cuya rentabilidad se disparará si, como esperan, España salta por los aires en los próximos meses. Los malos, Alfredo, no somos ni nosotros ni vosotros, los malos son otros y no podemos permitir que las cosas sigan así. Por patriotismo, Alfredo, tenemos que dar un golpe de autoridad.

Rubalcaba pone cara de incertidumbre y Rajoy le muestra un recorte de prensa titulado The pain in Spain.

— ¿Sabes quién ha escrito eso? Gente que lleva los últimos meses invirtiendo su dinero para llevarnos a la ruina, gentuza que como David Carmel reconocen que ganarán más del trescientos por ciento si España tiene que ser rescatada. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados ante estos desalmados? La opción dos es poner fin a todo esto, darles un escarmiento.

Rubalcaba pone cara de no saber si está entendiendo lo que le están contando.

— Cuando un país es amenazado tiene derecho a defenderse. ¿Qué hicieron los americanos con Bin Laden? ¿Y con Sadam Hussein? Bin Laden mató a dos mil, pero esta gente está planeando empobrecer a un país entero. ¿Vamos a quedarnos parados mirando cómo lo hacen?

— Y ¿qué es lo que estás proponiendo?

— Darles un escarmiento.

— Y eso ¿cómo se hace?

Rajoy mira a Gallardón primero y a Moragas después. Luego agacha la cabeza.

— Matándoles.

Rubalcaba palidece, permanece unos segundos en silencio y pregunta si puede ir al cuarto de baño. Moragas le indica el camino. Rubalcaba cierra la puerta a su espalda y se abalanza sobre el wáter. Vomita. Los ojos le lloran. Las arcadas brotan desde lo más profundo de su cuerpo. Tose. La nariz le gotea. Se quita la corbata y rebusca en sus bolsillos un pañuelo con el que limpiarse. Luego se lava la cara con agua fría y permanece unos instantes mirándose en el espejo. Se arma de valor y regresa. Gallardón le pregunta si se encuentra bien y él asiente.

— He de reconocer que no es esa la reacción que esperábamos. A ninguno de cuantos estamos aquí nos gusta la idea, pero la pregunta es qué otra salida nos queda. Si Esperanza Aguirre gobernara este país te garantizo que no tendría ningún reparo en cargarse a esos malnacidos pero nosotros, al igual que tú, tenemos reparos. Por eso estás aquí. Es en momentos como estos donde tenemos que demostrar nuestra grandeza. Nos gastamos miles de millones en mantener un ejército que nos defienda, pero ¿de quién tenemos que defendernos? ¿De los moros? ¿De los chinos? El mundo ha cambiado y los enemigos han cambiado. Hoy, un hijodeputa que va en silla de ruedas y se sienta delante de un ordenador puede poner en jaque a todo un país. ¿Qué hizo Soros con la libra? ¿Vamos a permitir que nos pongan el país patas arriba? No es una cuestión de izquierdas ni de derechas, es una cuestión de autodefensa. ¿Debemos defender o no a nuestros ciudadanos?

— Yo estoy en contra de la pena de muerte.

— Y yo también, pero esto no va sobre la pena de muerte. Cuando los americanos tiraron la bomba atómica y mataron a medio millón de inocentes lo hicieron para evitar que la guerra se prolongara y para evitar que el número de muertos fuera mucho mayor. Mataron a medio millón de inocentes. Nosotros no estamos hablando de eso, estamos hablando de matar a un puñado de personas que no son precisamente inocentes. Aquí todos, incluido Alberto, estamos contra la pena de muerte.

— ¿Y cómo se haría?

— Hemos elaborado una lista. Seis, siete personas de quienes manejan ese tipo de fondos y de seguros. No se haría con todos a la vez, iríamos de uno en uno y observando cuáles serían las reacciones. Podríamos hacerlo discretamente, sin que se supiera quién está detrás de la operación, pero yo me inclino a hacerlo dejando claro que hemos sido nosotros. El mensaje tiene que quedar claro. Quien nos ataca está atacando a un país, y somos un país dispuesto a defenderse. Tenemos que hacer que se lo piensen dos veces, que tengan miedo a cuáles pueden ser las consecuencias.

— Y qué pasaría con los Estados Unidos? ¿Pensáis que el gobierno norteamericano se va a quedar de brazos cruzados viendo como matáis a sus ciudadanos?

— En el momento que vuestro amigo Obama tenga que intervenir habremos ganado la batalla. En ese momento la cosa será lo suficientemente grande como para que los ataques contra nuestra deuda hayan cesado. El mensaje estará lanzado y el objetivo conseguido. ¿Y Obama qué va a hacer? ¿Enfadarse? ¿Gritarnos? ¿Retirar al embajador?

— Nuestras relaciones bilaterales —explica Moragas— pasarán por un momento de enfriamiento, pero la cosa se quedará ahí. Estaremos como estuvimos después del incidente con la bandera. A Zapatero entonces no le importó. No nos recibirán durante un tiempo, pero las cosas volverán por sus cauces. ¿Qué pasó con el asuntoCouso? Pues aquí igual, no estamos preocupados por eso.

— Alfredo, yo soy una persona de mentalidad abierta, siempre lo he sido, y eso me ha valido no pocas críticas en mi partido —dice Gallardón—. Te pido que en este caso seas tú quien no se cierre en banda y vea las cosas sin condicionamientos ideológicos. Aquí todos defendemos los mismos valores, pero no podemos olvidar que los estados tienen sus cloacas. Vosotros dos habéis sido ministros de Interior y tenéis que saber muy bien de lo que estamos hablando. Tenemos que hacerlo, es nuestra última posibilidad. ¿Qué pensaríamos si fueran otros los que estuvieran en nuestro lugar? ¿Crees que Francia, o Inglaterra, o Alemania, o Israel por no hablar de Estados Unidos, Rusia o China se quedarían de brazos cruzados? ¿Y qué opinión moral nos merecería el que fueran ellos quienes actuaran así? ¿Alguien se escandalizó cuando los americanos bombardearon Afganistán después del 11-S? Vosotros no y nosotros tampoco. Se defendieron y punto. Nadie dijo nada. Y ahora nadie dirá nada.

Fuente: http://www.jotdown.es/2012/04/la-opcion-dos/

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