Francia, de la esperanza a la decepción

 

Paco Bello Iniciativa Debate 23/4/2012

En la nueva Europa neoliberal, las elecciones de los pesos pesados continentales ya no son simplemente un evento de nuestros vecinos, ni tienen tanto que ver con algún ejercicio de soberanía nacional. Actualmente, lo que ocurra en Francia o Alemania, nos afecta directamente incluso por encima de lo que decidamos de “puertas adentro” en el resto de países. Dicho de otra forma, es mucho más importante para nosotros lo que ocurra hoy en Francia que lo que ocurrió hace escasas fechas aquí, en el Estado español.

Pero para entender bien lo que ocurre en Francia, hay que comprender también su sistema electoral.

La República Francesa se rige por un modelo de Estado semipresidencialista. Los franceses son llamados quinquenalmente a dos tipos de elecciones: legislativas y presidenciales.

Lo que se está decidiendo en Francia, o mejor dicho se decidirá el próximo 6 de mayo en segunda vuelta es, quién dirigirá el país y lo que es más importante, especialmente con qué ideología se afrontará la política exterior. Las políticas interiores quedan para el Parlamento francés (Asamblea Nacional y Senado), con un poder mermado desde la reforma de 1962, y cuya composición se decidirá también en fechas próximas mediante elección legislativa.

Aquí puede que nos cueste entender el sistema a dos vueltas, y más la elección de un presidente al que nosotros no tenemos acceso (A cambio de un maravilloso sistema cerrado, absolutamente antidemocrático de herencia machista de sangre). El hecho de pasar un filtro (primera vuelta), pudiera parecer injusto, pero hay que entender que en el caso de la Presidenciales se elige a una persona, a un líder (que aunque por norma esté adscrito a un partido, no es conditio sine qua non). Es por tanto lógico que se busquen mayorías absolutas y por ello descartes para legitimar al que marcará los designios del país.

Dicho esto, hasta ayer existían esperanzas de encontrar un cambio de tendencia en el que por historia reciente es el país más luchador y comprometido con la democracia de toda Europa. Y digo hasta ayer, porque vistos los resultados el cambio de tendencia ha sido justo el contrario al esperado por muchos.

Francia sí ha girado, pero hacia la derecha más radical y xenófoba. Parece mentira leer hoy titulares como los de Público o El País, cuyos redactores parecen poseídos por algún hechizo que haga perder el contacto con la realidad, o quizá es que están en un periodo de enajenación mental “transitorio”. Con los datos en la mano (y esto es lo que vale, y no nuestra idílica visión de la realidad), con una participación del 83% del electorado… La derecha (Le Pen, Sarkozy, Bayrou), ha logrado un 54,22% de los votos.

Izquierda, en lo que se dice izquierda, solo tenía alguna posibilidad la candidatura de Mélenchon, (sobre la que se habían creado demasiadas expectativas), porque Hollande no deja de ser otro títere, o el equivalente a “nuestros” Felipe, Zapatero, Rubalcaba, etc. Individuos siempre dispuestos a obedecer a los mercados (banqueros). En cualquier caso, poniéndonos la venda y haciendo pasar a este candidato como de izquierda, no han llegado ni al 40% (Los verdes en Francia no tienen una ideología marcada).

Ahora llega el turno de los apoyos, porque aunque se dirima la presidencia entre los dos candidatos más votados, el resto puede decidir el voto animando o no a sus seguidores por alguno de ellos. Y es aquí donde el asunto se pone interesante, porque si alguna conclusión se puede extraer de estas elecciones, es que el pueblo francés ha dejado claro (a pesar del control de los medios de comunicación), que no quieren más Europa de los mercados y los recortes, e incluso simplemente más “Europa”.

A Sarkozy su sumisión a Merkel le ha costado el castigo que ahora recibe y esa es la insatisfacción que ha cosechado Le Pen en forma de adhesiones a su programa “antisistema” de ultraderecha. Por su parte, en el otro extremo Mélenchon también abogaba por una confrontación directa a las políticas de Merkozy. ¿Les habrá llegado el mensaje a los bufones de los mercados Sarko-Hollande? Lo sabremos en los debates televisados de estas dos semanas. El que recoja con mayor acierto las “radicalidades comunes” de izquierda-derecha será el vencedor. La lástima es que poco se puede esperar de estas serpientes, que con un lenguaje adecuado a la situación harán parecer que dicen lo que no dicen, para hacer lo que después quieran (como aquí).

Otra posible conclusión a estudiar es cómo se vuelve a repetir lo que tantas veces ha ocurrido ya. Europa se está radicalizando a consecuencia de las políticas de la codicia y la destrucción de lo social, y como siempre, e incomprensiblemente; hacia la derecha. Lo que es preocupante es que ya se vean estos efectos contando con que la extensión de esta corrupción progresiva apenas ha tocado a Francia, ¿qué ocurrirá cuando empiecen a notarse de verdad sus efectos en la tierra del gallo?

Veremos. Pero que nadie se haga demasiadas ilusiones en este “lo que pudo ser y no fue”. Que Robespierre reparta suerte.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros.