¡Qué ilusión! ¡Otra subida!

 

Por: José María Izquierdo (El País)

Lo dicho. ¡Menos mal que nos lo suben todo! Qué felicidad. Les mostrábamos ayer la gran dicha que embargaba a nuestros cornetas cuando supieron que los jubilados tendrían que pagar las medicinas, amén de una subida generalizada. Así se hace, sí señora, le gritaban enardecidos a una Ana Mato que a estas alturas, casi cuarenta y ocho horas después, está intentando entender qué es lo que dijo, que entre balbuceos, dudas y equivocaciones, tuvo una intervención absolutamente incomprensible. A José Ignacio Wert se le entiende mucho mejor. Y más felicidad todavía: ¡También nos suben las tasas universitarias!, muestran su contento nuestros chicos. ¡Hurra!, exclaman eufóricos, porque además ha reducido las becas. A ambos, Mato y Wert, se les entiende de forma desigual, pero se equiparan en la desvergüenza de ofrecer unos planes de recortes de tal calibre en sanidad y educación –lo que no tocarían nunca, mintieron con desparpajo- sin un solo papel económico que respalde las cifras que tan alegremente venden cual representantes de crecepelos. En torno a mil millones de ahorro, pareció entenderse a la ministra de Sanidad. Hoy EL PAÍS nos dice que menos lobos: apenas 165. Vamos, cuatro cafés, que no sé de qué se quejan los pensionistas. Y Wert ni tan siquiera se ha molestado en hacer los cálculos pertinentes. Ni de traer una memoria económica, aunque fuera de pega. Así que si alguien quiere pensar que estas medidas se toman por motivos ideológicos, porque solucionar los problemas económicos se puede hacer de otra manera, sobre todo cuando no se sabe ni lo que nos estamos ahorrando, este catavenenos tendería a darle la razón.

Y les recuerdo que Rajoy desde Bogotá –birrete de doctor honoris causa con borla roja, que vaya día para desmochar la educación y especialmente la universitaria- ha dicho que hay previstos más recortes de aquí al verano. Así que cuando le dé la real gana contarlos, no será una improvisación, no. Será algo peor: es que se los calla por conveniencia política, ocultando sus planes. Mintió antes de las elecciones, ha mentido hasta ayer y piensa seguir mintiendo mañana, pasado y hasta el verano.

Sabemos científicamente que el arrepentimiento del Rey fue totalmente sincero, pero vamos, sincero, sincero, y además nos parece extraordinariamente bien que la mujer se libere quedándose en casa limpiando el culo a los niños. A los niños y a quien haga falta, que eso libera mucho.

Comencemos por el editorial de Abc, que ya me contarán si miento: “Wert plantea medidas sensatas que deben aplicarse con rigor y sin demora. Al igual que ocurre con el copago farmacéutico, el Ejecutivo debe hacer un esfuerzo en materia de comunicación, para explicar a la opinión pública los criterios que justifican esta racionalización del gasto educativo”. ¿Racionalización?, dice. ¿Utilizando qué datos? ¿Los erróneos como el abandono del 30% de los estudiantes o el número de universidades de California? ¿O quizá sea con el rigor de unas cifras que ni tan siquiera tienen elaboradas en su departamento? ¿Racionalidad, lógica, sensatez?  Como La Razón: “El ministro Wert se reunió ayer con los consejeros autonómicos para plantear, entre otros reajustes, una subida de las tasas universitarias de hasta un 50% en ciertos casos. Aunque el aumento pueda parecer elevado, debe tenerse en cuenta que el alumno suele pagar el 15% del coste. Educación tiene que hacer frente a dos grandes desafíos: encajar un ahorro de 3.000 millones y elevar la calidad educativa. Una ecuación muy difícil, pero no imposible. Y muy necesaria”. Pues nada: a cuadrar, amigos, a cuadrar. A ver si hay suerte y les salen las cuentas. Cuando las hagan.

Por si faltaba alguno en el alineamiento, un, dos, un, dos, aquí llega Pedro José Ramírez Codina. Esto dice el editorial, que se titula “Refundar la universidad con bases realistas”: “Aunque lo ideal es que se hubiera producido de manera más suave y escalonada [la subida de las tasas], en una situación tan dramática como la que atravesamos, parece bastante coherente esa subida de matrículas”. ¿Coherente con qué?, preguntamos. Sin duda alguna con una ideología que reniega de lo público y que cree que para estudiar es obligatorio tener una economía desahogada. Porque además -sin que nadie haya levantado la voz para protestar- se ha dado un buen hachazo a las becas. Y el inglés, el francés o el alemán, a estudiarlos en el colegio de Móstoles o de Villacañas,  que qué es eso de pedir becas para Edimburgo, Lyon o Bremen. Allí que vayan los que se pagan cursos en colegios de postín. Que a ver si vamos a querer compararnos.

Porque muy señores míos, ¿qué hemos hecho para tener que leer cosas como las que escribe José María Carrascal, tras asegurar que “hay margen de recorte incluso en esos capítulos que la izquierda ha declarado vacas sagradas”? Lean: “Ya de un modo general, hay  que decir que, si queremos salir del pozo en que nos encontramos, los españoles tenemos que aprender a vivir como los alemanes y no digo ya como los norteamericanos, porque si se lo digo se asustarían, ya que tendrían muchas menos vacaciones, ningún ‘puente’, más intensidad de trabajo, menos seguridad laboral, menos cobertura médica y, en general, una jornada mucho más dura que nosotros. Desde luego, nada de irse a tomar ‘el cafetito de media mañana’ o de quedarse en casa ‘por no sentirse bien”. De verdad que me gustaría saber qué vida laboral han tenido estos señores que afirman que los españoles –el resto de españoles, se supone -que ellos nunca han tomado un cafetito- para pensarse que aquí nos tocamos la barriga todo el día. ¿Quiere el señor Carrascal que le diga cuántas horas trabajaba este humildísimo bloguero mientras el distinguido marino mercante ejercía la corresponsalía para Abc desde Estados Unidos? ¿De qué me regaña? ¿Y qué régimen de trabajo cree que tienen los dependientes de los grandes almacenes, los trabajadores de Seat o de Gas Natural?  Por no hablar del andamio, la hostelería y un largo etcétera…

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