Más IRPF baja la recaudación

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Subir los impuestos indirectos parece un mejor instrumento, son menos distorsionadores

J. I. Conde-Ruiz / J. Rubio-Ramírez 18 MAR 2012 – 02:26 CET4 (El País)

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Bruselas exige al Gobierno un recorte adicional en el déficit de 5.000 millones de euros, que se suman a los 29.500 millones de euros anunciados unas semanas antes. Aún no tenemos precisión alguna de cómo se producirá el ajuste, pero todo parece indicar que se hará a través de una disminución del gasto y el aumento del ingreso.

Se ha hablado largo y tendido de los recortes del gasto, pero apenas de las medidas encaminadas al aumento de los ingresos. Las dos iniciativas más relevantes llevadas a cabo en el capítulo de ingresos son la subida del IRPF y la restitución de la deducción por vivienda. La primera aumenta los ingresos mientras que la segunda los disminuye.

En concreto, el pasado 30 de diciembre el Gobierno de Mariano Rajoy anunció un recargo de solidaridad estatal sobre el impuesto sobre la renta. En palabras de la vicepresidenta, el aumento impositivo afectará más a los “que más tienen” y será “temporal” con una duración de dos años. Para conseguir el deseado efecto de que paguen más los que más tienen, el tipo impositivo sube un 0,75% para el tramo de renta más bajo hasta el 7% en el nivel más elevado, a partir de 300.000 euros. Hasta aquí todo bien.

Casi al mismo tiempo, la vicepresidenta también anunció el retorno de las deducciones por compra de vivienda que habían sido abolidas para bases imponibles mayores de 24.000 euros por el Gobierno socialista saliente. Así, todos aquellos que hayan comprado una vivienda después del 1 de enero de 2011 y que tengan más de 24.000 euros en base imponible tendrá que hacer frente a dos cambios impositivos. El recargo de solidaridad y el retorno de la deducción. El primero aumenta los impuestos a pagar, el segundo los disminuye. Las preguntas que aquí nos hacemos son dos: ¿pagarán más los “que más tienen”? ¿Mejoran estas medidas la posición fiscal de las Administraciones públicas?

La respuesta a la primera pregunta es sorprendente. Según nuestros cálculos, una persona soltera y sin hijos que se haya comprado una vivienda después del 1 de enero de 2011 y con unos rendimientos brutos del trabajo de menos de 22.000 euros acabará pagando más impuestos, en concreto 100 euros. La razón es clara. Estas personas sufrirán el recargo sin beneficiarse del retorno de la deducción. Por el contrario, aquellos con rentas brutas del trabajo entre 22.000 y 65.000 euros pagarán menos impuestos. Unos 1.000 euros menos para aquellos con rentas brutas de 36.000 euros y unos 300 para aquellos que ganen 60.000 euros. Finalmente, aquellos que ganen más de 65.000 brutos al año, aun habiendo comprando una vivienda después del 1 de enero de 2011, pagaran más impuestos.

Así, es verdad que pagarán más los que más tienen, pero solo los que tienen mucho más y que en realidad son los menos. La combinación de ambas medidas puede ser hasta cierto punto regresiva. En concreto, como acabamos de ver, el tipo medio a pagar para aquellos que ganen 44.000 euros brutos y que se compren una vivienda será casi un dos puntos porcentuales menor. Pero aún hay más, nos queda responder a la segunda pregunta. Desde un punto de vista de sostenibilidad de las cuentas de nuestras Administraciones públicas, y olvidándonos por un segundo de los temas redistributivos arriba mencionados, la reforma es un sinsentido desde el punto de vista económico. Primero, aumenta el tipo impositivo marginal para casi todos los niveles de renta, mientras que baja el medio para la mayoría de ellos a través del renacer de la deducción más distorsionante de nuestro sistema fiscal. Recordemos que las distorsiones de un sistema impositivo se miden por sus tipos marginales y su capacidad de recaudación por su tipo medio. La reforma aumenta las distorsiones con la subida del tipo marginal y disminuye su capacidad recaudadora al bajar el medio. Además, la subida impositiva es temporal mientras que el retorno de las deducciones es permanente, así el Gobierno implementa una contracción fiscal en medio de una recesión empeorando, al mismo tiempo, el déficit estructural, que debe ser nuestro gran caballo de batalla.

Por tanto, creemos que esta reforma impositiva es contraproducente. Es verdad que para conseguir una consolidación fiscal exitosa será necesario subir impuestos —España presenta una de las presiones fiscales mas bajas de Europa—, pero la estrategia impositiva debe ser una que reduzca el déficit estructural. Los impuestos indirectos nos parecen mejor instrumento ya que por un lado son los menos distorsionantes y por otro, en nuestro país son inferiores a la media de la Unión Europea.

J. Ignacio Conde-Ruiz es profesor de la Universidad Complutense e investigador de FEDEA y Juan Rubio-Ramírez es profesor en Duke University y miembro de FEDEA.

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