Histórico.

 

Cuando Carlos V abandonó el más grande trono de la tierra y se retiró a la soledad del monasterio de Yuste, trató de distraer sus ocios intentando durante algunas semanas, poner acordes dos relojes, lo cual le costaba mucho trabajo. Se cuenta que un día, se volvió a un testigo presencial de sus esfuerzos y le dijo.

¡Pensar que yo he intentado imponer una misma fórmula a la razón y a la conciencia de millares de seres, y que no consigo poner de acuerdo a estos dos relojes!

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