HOJAS DE HIERBA: CANTO A MÍ MISMO. (Walt Whitman)

 

He oído lo que los parlanchines decían… el discurso

Sobre el principio y el fin,

Pero yo no hablo ni del principio ni del fin.

Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora,

Ni más juventud ni vejez que la que hay ahora;

Y nunca habrá más perfección que la que hay ahora,

Ni más cielo ni infierno que el que hay ahora.

Impulso, impulso, impulso,

Siempre el impulso procreador del mundo.

De la penumbra avanzan antitéticos iguales… Siempre

La sustancia y la multiplicación,

Siempre la síntesis de una identidad… siempre la

Diferencia… siempre la creación de vida.

De nada sirve elaborar… los doctos y los ignorantes lo

Saben.

Seguros como la certidumbre más segura… a plomo los

Montantes, bien cimentados, trabados a las vigas,

Fuertes como un caballo, afectuosos, soberbios, eléctricos,

Aquí estamos yo y este misterio.

Clara y tierna es mi alma… claro y tierno todo lo que no

Es mi alma.

Falta uno y faltan ambos… y lo invisible se prueba por

Lo visible,

Hasta que éste se hace invisible y es probado a su vez

Al mostrar lo mejor y separarlo de lo peor, una generación

Humilla a la otra,

Al conocer la perfecta armonía y ecuanimidad de las cosas,

Mientras discuten, callo y después voy a bañarme y a

Admirarme.

Estoy satisfecho… veo, bailo, río, canto;

Como Dios viene mi amoroso compañero y duerme a mí

Lado toda la noche, se pega a mí al despuntar el día,

Y me deja canastos cubiertos con lienzos blancos que llenan

La casa con su abundancia,

¿habré de demorar mi aceptación y mi realización, habré de

Gritarles a mis ojos,

Que dejen de escrutar el camino,

Y que me descifren sin dilación y me demuestren al

Céntimo,

El valor exacto de uno y el valor exacto del otro, y cuál de los

Dos vale más?

(Walt Whitman)

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