Los orígenes de la crisis española, y por qué no saldremos de ella.

 

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Puede que el tiempo que voy a dedicar a escribir este resumen le sea útil a alguien. Para entender las causas de una crisis, hay que entender el modelo sobre el que se produce. Por tanto, parece fundamental facilitar esta comprensión a aquellos que no lo conozcan.

Concluiremos viendo por qué una reforma laboral que facilita el despido no creará empleo en España.

Economía

En un mundo capitalista globalizado, hablar de sectores económicos por orden de importancia carece de sentido. El sector primario (el que obtiene bienes materiales/tangibles desde la naturaleza: agricultura, ganadería, pesca, minería, etc) puede estar localizado en un país a miles de kilómetros de un país que basa su economía en el sector secundario (industria, energía, construcción).

El sector terciario, o servicios (transporte, comercio, sanidad, educación, administración, comunicaciones) depende en gran medida del buen funcionamiento de alguno de los dos primeros sectores. Únicamente son parcialmente independientes el turismo y las finanzas (que operan a escala global, así como también lo hacen sus beneficios).

Hasta aquí lo básico para comprender mejor lo siguiente.

España hasta la década de los ochenta era un país que basaba su economía en el sector primario, y que empezaba a tomar una buena posición global en el sector secundario, apoyada fuertemente por el turismo y las exportaciones. Fue aquella la época en la que –además del crecimiento de una incipiente industria local, y de otra ya consolidada–, se instalaron la mayoría de las multinacionales que aún operan en la península –ahora a base de subvenciones– atraídas por los bajos salarios (salarios que de puertas adentro permitían una vida digna y unas condiciones de seguridad laboral que ahora serían envidiables), las conexiones con Europa, unas aceptables condiciones en infraestructuras, y las facilidades para la concesión y uso de terrenos.

Y llegaron la CEE, el Acta Única y después Maastricht

Aunque hubo quien criticó duramente en su momento las muchas concesiones y los acuerdos asumidos para la integración del país en la UE por los gobernantes de turno, lo cierto es que a la mayoría nos vendieron como un premio unas condiciones draconianas que en esencia destruían al mismo tiempo el modelo económico y la capacidad de independencia del Estado.

¿Qué llevó a esos dirigentes a, además de mentirnos, aceptar un plan que para cualquier analista serio e independiente era una condena?

Queda lejos de ser una conjetura que fueran los compromisos contraídos con las mismas potencias extranjeras que habían conducido las últimas décadas de la dictadura y la propia Transición.

A comienzos de la década de los noventa se pusieron de manifiesto las carencias y consecuencias del modelo aceptado, pero en lugar de transformarlo, se optó por crear una pista de lanzamiento a un abismo. Ninguna lógica hubiera aconsejado potenciar artificialmente el sector de la construcción, y desde ahí crear una ilusión de riqueza en connivencia con la banca y el sector financiero.

Esa burbuja de liquidez hizo que en este país se construyeran durante años más viviendas que entre Francia y Alemania juntas. A remolque de esa orgía innecesaria, todos los sectores terciarios vivieron una edad de oro. Obviamente –y ahora lo sabemos–, todo eran castillos en el aire. España seguía sin un modelo económico sostenible. Unos pocos hicieron su agosto empeñando al país entero, e invirtiendo en otros mercados todo lo ganado antes de que cayeran los naipes.

Y así llegamos a la actual situación, con el mismo problema que habíamos aparcado en los noventa, pero además, con veinte años de retraso y una deuda privada casi incalculable que por arte de magia se está convirtiendo en deuda pública.

Por si esto no fuera suficiente, no disponemos de soberanía económica, ni por lo visto, política. Todas las medidas a adoptar vienen de los mismos que redactaron nuestra miseria años atrás, embaucando a mucho egoísta con subvenciones envenenadas que cegaban la visión de la realidad. Nos hicieron olvidar cómo se pesca regalándonos el pescado, hasta que los aparejos quedaron inservibles.

Con unos desmantelados sectores primario y secundario, sin libertad de maniobra monetaria, y con un Estado atado de pies y manos por dictamen constitucional ¿de dónde va a salir, y en qué cantidad, el necesario capital circulante? ¿Cómo se va a crear riqueza sin consumo en un modelo capitalista? ¿Sin mercado para la iniciativa privada, de dónde saldrá el empleo?

La única opción posible bajo estas circunstancias es aumentar la competitividad en salarios, esto es; ser más baratos que nuestros vecinos para atraer a las empresas extranjeras o mejorar la exportación de los propios productos. Pero esto tampoco es viable con competencias como las de China o India, que incluso con el hándicap de los costes de transporte añadidos, son inalcanzables. Pero incluso obviando esto, tampoco nos está permitido competir con nuestros compradores naturales, gracias a la regulación interna de la UE que atenaza a los productores locales.

En definitiva ¿a qué están jugando?

Supongo que muy poca gente lo sabe, y yo no soy uno de ellos, pero lo que se intuye es terrible. Sé que, con la realidad en la mano, no se puede hacer otra cosa que entrar en una espiral descendente. Sé que la economía real se abandonó hace mucho tiempo sustituyéndola por la virtual economía financiera. Sé que, si no se pueden pelear las condiciones estructurales en la UE, el sentido común dicta abandonarla, pero a día de hoy parece un sacrilegio nombrar esa posibilidad. El futuro no es incierto, nos van a hundir en una miseria todavía mayor ¿Es eso lo que queremos?

Si he logrado que algún “ortodoxo” al menos se cuestione el dogma, me doy por satisfecho.

Aclaración: esto es una crítica a la situación desde una perspectiva capitalista que no comparto. Hay modelos sostenibles posibles y convenientes que no basan su existencia en un imposible crecimiento infinito. Tampoco diré nunca aquello de “con Franco estábamos mejor” si con esto se entiende que fue su figura de truculento dictador la que propició ese estatus, y no una coyuntura con la que en democracia se hubiera avanzado más, mejor y sin crímenes.

Nota: aprovecho para pediros que, dada la situación insostenible en la que nos encontramos, y para ir sumando iniciativas, os paséis por la página y hagáis partícipes del movimiento Punto Marrón.

Paco Bello.

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Demonios municipales.

 

CAMILO JOSÉ CELA CONDE Madrid es el lugar del mundo que Satanás ha elegido para poner en marcha el final de los tiempos. Bueno; Madrid, lo que se dice Madrid, no. Se trata de Navalcarnero, uno de esos municipios inmensos que funcionan como apéndices de la capital del reino. Y Satanás, tampoco; es el Ayuntamiento de la ciudad-dormitorio de Madrid el que ha decidido que el armagedón comience llevando a cabo la recalificación de los terrenos que rodean a la villa: de rústicos, pasan ahora a ser industriales, o de servicios o urbanos. El negocio de las recalificaciones en los alrededores de Madrid no consiste en convertir los campos en solares para levantar apartamentos y hoteles sino en hacer que se vuelvan polígonos industriales a la mayor gloria de los mayoristas. El polígono más gigantesco de Europa se encuentra en Fuenlabrada, otro de los satélites madrileños, y pertenece en su casi totalidad a los empresarios chinos. Para entender el mundo de hoy hay que tener un mapa del infierno.
Recalificar terrenos era la esperanza de todos los advenedizos que se volvieron millonarios gracias al pelotazo urbanístico. Pero ahora, ¡ay!, los tiempos han cambiado. El Ayuntamiento de Navalcarnero ha dado con el bálsamo de fierabrás para sus arcas, maltrechas a causa del endeudamiento, la crisis, la corrupción y la estupidez gestora, por la vía de convertir las afueras del municipio en edificables. Eso significa que se podrán levantar allí todavía más barrios y polígonos pero, mientras eso sucede o no sucede, los propietarios de los campos tienen que pagar un Impuesto de Bienes Inmuebles IBI acorde con la nueva situación. La subida llega al 80.000% en el caso de los solares que son ahora urbanos y los afectados ya han echado cuentas: lo que costaba a los efectos del impuesto municipal unos pocos euros se convierte ahora en una verdadera fortuna.
Decía antes que Lucifer está detrás de la maniobra. Sólo un genio del mal puede dar tan deprisa -el Gobierno de la Alcaldía de Navalcarnero, como todos, ocupó sus cargos en la primavera última- con la fórmula capaz de pasarles las cargas municipales a cuatro payeses que ven convertidas sus ovejas en personajes de Mad Man. Imagino que, igual que en todas partes, quienes ganaron las elecciones en Navalcarnero hablaban en sus programas de eficacia pero se trata de odio. Se diría que la aversión proverbial de las autoridades hacia sus administrados, comprobable sin más que repasar historias como la de los carriles-bici, ha logrado alcanzar ya el estadio último. No contentos con las multas, las ordenanzas de ocupación de aceras, los reglamentos de las basuras y el abandono de las calles, los municipios han conseguido convertir el atraco a mano armada en un juego de niños si se compara con la que nos caerá encima a causa del IBI. Verdad es que el caso de Navalcarnero es, de momento, único. Pero no sé por qué pero sospecho que Belcebú dispone de planes de expansión.