¿Y si la crisis financiera no fuese sino otra estafa?

 

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JOSE F. MERLADET

Analista de política internacional

La palabra griega krisis suponía que algo se rompía y por ello había que analizarlo. La crisis como separación o rompimiento supone un instante crucial que puede ser fortuito o causado. Pensemos en la siguiente maniobra: los grandes capitalistas internacionales han prestado dinero fácil a gentes y Estados más o menos solventes. Confiados en ese maná aparentemente inagotable, los receptores fueron estimulados a pedir cada vez más préstamos y a derrochar alegremente (entonces las famosas agencias de calificación, hoy tan veneradas, no decían nada). Como me contaba un irlandés, algún granjero pobretón pudo hipotecarse para comprar un castillo. Muchos políticos, con tal de ser reelegidos, derramaron prestaciones sociales y, de paso, se autoconcedieron prebendas hasta entonces inverosímiles. Se fomentó el endeudamiento de empresas y familias por encima de sus posibilidades.

Las deudas públicas se pagaban con nuevos créditos baratos y el déficit de varios Estados llegó a sobrepasar toda su producción anual. Al final, se llegó a tener que pagar los intereses de la deuda pidiendo nuevos créditos hasta caer en una espiral autoalimentada e insostenible. De repente, el flujo de dinero se interrumpió, muchos Estados que ya no tenían capacidad de emisión monetaria tuvieron que pagar las deudas devenidas sacrosantas (incluso con reformas constitucionales de por medio) y pidieron nuevos créditos esta vez con una prima de riesgo -término ahora célebre- exorbitada. El dinero ha pasado a ser deuda. Los mismos grandes capitalistas han vuelto a prestar cada vez más a regañadientes y con más beneficios. El gran lucro de unos cuantos se ha apoyado sobre el empobrecimiento de muchos y la historia no ha hecho más que empezar.

Parecería que la situación es irreversible y para ponerle coto no habría otro remedio que aherrojar a la mayoría silenciosa y sacrificar temporalmente la democracia. De ahí a acudir al dictador salvador, como hacía en tiempos de crisis el Senado de Roma, no hay más que un paso. Lo malo es que hoy el dictador podría ser global y tendería naturalmente a autoperpetuarse en el poder.

Un conocido economista chileno que fue ministro de Economía en su país decía hace poco en Bilbao que no entendía cómo podía estar pasando lo que ocurre en Europa, dada la gran potencia económica y la sólida base industrial del continente. Si los líderes de la UE tomaran decisiones rápidas y contundentes, la crisis debería ser controlable y pasajera. Pero si se siguen políticas incomprensiblemente erráticas y destructivas, al final nadie se libra de caer en el pozo al albur de lo que dictan los mercados para ganancia leonina de unos pocos especuladores y usureros. Pero los gobernantes no hacen sino repetir como papagayos fórmulas huecas que les susurran sus expertos, que las escuchan de los gurús económicos a quienes a su vez se las dictan los plutócratas que controlan los medios y la gran banca. Nadie, salvo aquellos calificados como “extremos” o “subversivos”, sugiere la creación de un tesoro que emita directamente moneda y no que, como ocurre actualmente, ésta “se inyecte” del BCE a los bancos y de estos vaya a los Estados mediante desembolso obviamente de un eterno interés que pagamos todos para delicia de los grandes financieros.

Para ser serios habría que comenzar por hacer una reflexión sobre el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, sobre lo que significaba entregar la política monetaria al Banco Central Europeo (BCE); sobre la última evolución de la UE y su toma de decisiones, sobre la transposición de directivas al ámbito nacional y el poder apenas simbólico del Parlamento, sobre el Tratado de Lisboa y el doble referéndum en Irlanda en 2009 y sobre los rescates financieros de 2009-11. Lo que ocurre es consecuencia de todo aquello y podríamos temernos que la crisis de la deuda, que es solucionable, no la va a arreglar nadie ni en el corto ni en el medio plazo:

Porque varios agentes con ello van a obtener enormes beneficios y, sobre todo, poder y control. Porque el sistema financiero mundial debería haber declarado bancarrota hace varios años y los dirigentes no sólo se niegan a hacerlo sino que se les permite convertir en pública su deuda privada. Porque dicho sistema financiero internacional no es más que un esquema Ponzi (que tanto popularizó la caída de Madoff) al borde del descalabro debido a su propia codicia. Porque sirve de excelente excusa para robar al ciudadano mediante medidas de austeridad y subidas de impuestos (nos acusan: “habéis estado viviendo por encima de vuestras posibilidades” sin mencionar quién lo propició). Porque ninguna de las medidas que han tomado y van a tomar sirven para reducir la deuda; es más, lo que están haciendo es que la bola crezca cada vez mas rápido (por ejemplo, la deuda de Grecia ha aumentado en un 40% desde que empezaron aayudarle). Porque no se trata tan solo de la deuda soberana. Se está utilizando a los países como meros intermediarios en la transferencia de riqueza de las personas de a pie a las élites, que juegan el doble papel de banco bueno y banco malo mientras lanzan sus apuestas indiscriminadamente con dinero que no existe. Porque mediante miedo y amenazas se les está permitiendo avanzar en la destrucción de la democracia y del estado de bienestar y restringir cada vez más las libertades y derechos ciudadanos, y aproximarse a esa financierocracia y tecnocracia que tanto ansían. Porque hemos visto algo parecido, no hace mucho, en países del tercer mundo cuando el FMI y el Banco Mundial decidieron sacarles de sus crisis.

Para entender un poco más la situación hagamos el simple ejercicio de conocer brevemente a tres actores recientes que han surgido en el reparto:

– La nueva directora del FMI: expresidenta de una consultora internacional con peso específico, abogado laboralista (pero en el sentido de destrozar sindicatos y uniones de trabajadores), parte de un think-tank formado por padrinos del anterior presidente americano para privatizaciones polacas antes de su entrada en el euro. Es decir, alguien que mantuvo muy viva la política neocon (neoconservadora estilo USA). Ahora no cesa de proclamar a todos los vientos un día sí y al otro también que estamos cayendo en una gran depresión peor que la del 29, lo que no parece muy sensato en alguien de su responsabilidad.

– El primer ministro de Grecia, Lukas Papadimos: exministro posiblemente responsable del fraude junto con un banco de inversiones americano en 1999-2000 para engañar a todos los griegos lo que combinado con el rescate de bancos del 2008 está en la base de la sima actual en la que se encuentra el pueblo que creó la democracia. Para colmo, no ha sido elegido por el pueblo (recordemos que nada mas proponer Papandreu un referéndum en una semana estaba de patitas en la calle y sustituido por el susodicho), lo que supone algo así como meter al lobo a cuidar de las gallinas.

– El nuevo PM de Italia: consejero del mismo banco de inversiones y presidente para Europa de una de esas reuniones anuales de trillonarios. Por supuesto, depuesto el anterior, este fue impuesto sin ninguna votación popular mediante aquello de “es momento de tomar decisiones”. Entre las medidas del reciente paquete llamado “salvar Italia” se ha llegado a la inquietante aberración de que para combatir la evasión fiscal el Gobierno reduce a 1,000 euros el tope que se puede pagar en efectivo. Pero, ¿por qué hemos de considerar que el dinero que la gente ha guardado en sus colchones por temor a un corralito ha de tener el color negro y no el verde de la poca esperanza que nos queda?

El siguiente paso de estas mentes preclaras será seguramente meter a la aun solvente Alemania en el saco a través del fondo europeo de rescate, eurobonos o lo que se les ocurra. Luego preconizar una hacienda común (nada más peligroso, más destructor de nuestras viejas libertades y más lejos de la solución); o una Europa de dos velocidades integrando Alemania y Francia, y dejando caer otros países; o incluso contemplar el caso extremo de disolver el euro. Mientras tanto, el BCE y el FMI harán préstamos cada vez mayores. Y, a la vez, BCE, FMI, grandes bancos e inversores privados, irán comprando la deuda de todos estos países (valga de referencia el caso de Grecia que en 2010 acordó con el FMI y la UE que si necesitaba más préstamos solo se los podría pedir a ellos y, que si no podía pagar, podrían confiscar cuantos activos del país considerasen oportunos como pago).

Y esto sin mencionar otras variables del gran tablero internacional como:

a) El creciente intervencionismo del poder central, que ya no conoce cortapisas. La llamadadoctrina Estrada, la no intervención antes sagrada para el Derecho Internacional que dio lugar al principio de no injerencia en los asuntos internos de otro Estado reflejado en la Carta de Naciones Unidas, se ha ido desvaneciendo de forma acelerada y con ella todo atisbo de soberanía de las naciones. Primero fue la intervención militar, aparentemente justificada, para derrocar Jefes de Estado narco-delincuentes como Noriega; después la guerra para acabar con dictadores sanguinarios como Hussein o Gadafi. A continuación, se ha defenestrado de forma más sutil pero no menos expeditiva a líderes corruptos o incompetentes pero elegidos democráticamente como Berlusconi, los griegos o hasta Zapatero. Al cabo, podrá justificarse el remplazo de cualquiera y la democracia quedará en papel mojado sustituida por un complejo tecno-central.

b) EE.UU. y su guerra de divisas contra toda moneda que se precie y su amenaza de guerra comercial con China. Europa, en vez de reforzarse, se disgrega, da bandazos y no es ahora el modelo que el mundo espera de ella.

c) Lo que está ocurriendo hoy en el norte de África y en zonas de Oriente Medio y mañana tal vez en Irán. La verdad es que, pese a todo, nadie podrá decir que 2011 ha sido un año aburrido: el terremoto que tuvo su epicentro en la primavera árabe y que está produciendo sacudidas deindignados por todo el planeta, que no sabemos quién promueve realmente ni adónde nos van a llevar, podría tener secuelas de alcance insospechado a nivel mundial, desde Rusia y China hasta los propios EE.UU.

d) El aumento del precio de las materias primas y del petróleo: es cuestión de tiempo que este último entre en juego y su impacto será demoledor.

En otros momentos del siglo pasado ha habido crisis financieras internacionales de gran impacto y largos periodos de depresión. Es curioso cómo la mayoría de ellos se han solucionado con grandes conflictos bélicos. Roguemos para que esta vez no sea ese el caso.

Suceda lo que suceda, lo que sí parece inevitable es que veremos pasar una apisonadora global por encima de nuestros pueblos. El nuevo credo de la globalización podría suponer una uniformización destructora controlada por un Gobierno universal controlado por “los más sabios e inteligentes”. La aspiración de algunos de estos pensadores planetarios sería eliminar toda aspiración a la diferencia y la libertad nacional

Vivimos en una permanente manipulación y engaño a través de la oposición ficticia de grandes bloques antagónicos que, en el fondo, no tienen nada de opuestos. Mientras que a lo que tenemos que aspirar es, no solo a una mutación del sistema económico hacia otro más justo y menos ávido e insolidario, sino también al fin de cualesquiera poderes fácticos no electos que lo controlen. Ese será el verdadero cambio que todos necesitamos.

Fuente: Deia

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