Y diez años de paseo por los juzgados.Las largas luchas de…

Castaño sigue rigiendo la Fundación Cela pese a la entrada de la Xunta

En el décimo aniversario de la muerte del Nobel, la conversión en pública de la entidad que se acordó en mayo de 2010 no se ha llevado todavía a cabo

SILVIA R. PONTEVEDRA – Santiago – 08/01/2012

El próximo día 17 se cumplirán diez años desde la muerte de Camilo José Cela y el 20 rematarán los fastos organizados por su fundación, que lleva un año celebrando sus 25 de existencia; los últimos, de supervivencia. El programa concluirá con una lectura en Iria Flavia de Pascual Duarte, que vio la luz hace siete décadas. Coinciden muchas fechas señaladas en torno a la figura del escritor y a pesar de la caída en picado que experimentó en un lustro la fundación que acoge su legado, de la nefasta gestión y el agujero económico que obligaron a la Xunta a intervenir, su viuda, Marina Castaño, todavía sigue teniendo la última palabra en las Casas dos Coengos de Padrón. Hace ya más de año y medio, porque el acuerdo se tomó oficialmente el 26 de mayo de 2010, en una inusitada junta de patronos en la que entraron a formar parte el entonces conselleiro de Cultura, Roberto Varela, y el de Educación, Jesús Vázquez, que ahora aúna los dos departamentos, se aprobó transformar en pública la Fundación Camilo José Cela y relegar a Marina Castaño a un puesto simbólico como el que puede ocupar el Rey, en la figura de “presidenta de honor”, que no es lo mismo, ni parecido, que ser “presidenta”.

El Gobierno gallego aporta ahora “entre el 60% y el 70%” del presupuesto

Según la gerente, los cuadros bastarían para indemnizar al hijo del autor

Cuando se substancie el cambio en la institución, el mando supremo será del que entonces ocupe el cargo de conselleiro de Cultura y no de Castaño. Pero el proceso permanece varado en los lodos de la Administración, y la viuda sigue, sin fecha límite, en el puesto de siempre, decidiendo en último término las cuestiones mayores. El día a día lo lleva Covadonga Rodríguez, hija del histórico popular de Santiago Dositeo Rodríguez (patrono asimismo de la fundación), que entró en la institución en 2008, al comienzo del desastre contable, y fue pupila del gerente de siempre, Tomás Cavanna, defenestrado en la misma reunión de mayo de 2010.

Covadonga Rodríguez, señalada por el jefe para sucederle, fue nombrada entonces directora gerente en funciones, a la espera de la total asunción, por parte de la Xunta, de la entidad, que por ahora sigue siendo “privada sin ánimo de lucro”. La gerente temporal, que “con toda la lógica del mundo” cobra un sueldo considerablemente inferior al de Cavanna (fijado en tiempos de bonanza por el propio Cela y, según fuentes de la Consellería de Cultura, “muy, pero que muy superior al de un conselleiro”) asegura que consulta las cuestiones con la viuda, que “las decisiones siguen pasando por ella” y que “viene [a Iria] cuando se le pide”.

Rodríguez, no obstante, quiere transmitir un mensaje de tranquilidad porque “la situación es estable, la entidad está saneada, sigue viva, organizando muchas actividades, con el aire fresco que aporta una plantilla renovada [y reducida a la mitad, hasta las ocho personas en los últimos años], de una media de 40 años, aunque el proceso de transición se esté alargando más de lo normal”.

El personal, que vivió momentos tensos cuando llegó a los tribunales el caso de varios empleados despedidos que, por sucesivas sentencias judiciales, la fundación se vio obligada a reincorporar, mantiene ahora una relación con la gerencia que casi se podría calificar de cordial. Mientras, Covadonga Rodríguez no tiene más que palabras de agradecimiento hacia Roberto Varela y la Xunta, aunque asegura “pelear” todos los días “para que no se olviden” de la Fundación Cela.

La directora en funciones asegura que se las arreglan con “lo mínimo” para mantenerse y conservar el vasto legado del novelista. El presupuesto anual, más corto que antes, es de 450.000 euros. Actualmente, la entidad, que perdió ya con Cavanna los patrocinios privados pero conserva el de Novagalicia Banco, depende económicamente en un 90% de las Administraciones: las cuatro diputaciones, el Ayuntamiento de Padrón, y sobre todo, la Xunta, que aporta “entre el 60% y el 70%”. Además, el Gobierno central da fondos para publicar la revista El Extramundi, que ahora edita el periodista Ernesto Sánchez Pombo y antes de la intervención de la Xunta llegó a ser usado por el gerente para que algún libro escrito por él viese la luz. Como no llegaban a distribuirse, los ejemplares, que había que imprimir para cumplir con el ministerio, se quemaban en el jardín.

Los trabajadores, a la espera de una aún hipotética reforma de la sede de Padrón en casa museo al estilo de la de Rosalía, continúan catalogando y clasificando material, entre otras cosas recortes de prensa que formarían parte del archivo documental de postguerra que siempre quiso sacar adelante Cela y que, según Rodríguez, serán trasladados con este fin a la Cidade da Cultura. Además, “ya se están preparando, para que queden expuestos en Padrón, los facsímiles de los manuscritos” que según el acuerdo de 2010 se custodiarán en el futuro en la “cámara acorazada” del Gaiás. El Gobierno local, ahora del PP, siempre fue contrario a la marcha, en calidad de “cedida en comodato”, de la joya de Padrón, de un valor incalculable, con la que también se irán primeras ediciones y una buena parte de los 45.000 volúmenes que formaban la biblioteca de Cela.

“Yo creo que los acuerdos nos abren un campo de acción muy grande en cuanto a difusión del legado”, comenta la gerente, “Padrón es Padrón y Santiago es Santiago”. El traslado de la parte del legado que más interesa a los investigadores no empezará a materializarse hasta que la Xunta convoque una nueva junta de los 25 patronos, que entonces cambiará de estructura y que el personal de la casa aguarda en vilo desde hace más de un año. Pero bastantes libros, las pinturas y otras colecciones y enseres personales del autor permanecerán en las Casas dos Coengos, al menos mientras no sea definitiva la sentencia, ahora recurrida, que obliga a la fundación a indemnizar al hijo de Cela con más de 1,1 millones de euros. “Si al final hay que hacer frente al pago, se hará”, afirma Rodríguez. Para ello “hay suficientes fondos de pinacoteca”.

Diez años de paseo por los juzgados

Los juicios y los recursos marcaron la década transcurrida desde la muerte de Cela. Desde la trabajadora que denunció a la fundación por mobbing hasta la larga lucha de María del Carmen Formoso, que ya denunció al Nobel en vida, por que se reconociese que La cruz de San Andrés era un plagio. Desde la demanda por despido improcedente de varios empleados de Iria Flavia, hasta el pleito del hijo, Camilo José Cela Conde, contra Marina Castaño y la fundación, por el reparto de la herencia.

En enero de 2010, cuando ex empleados de la institución ya habían sacado a la luz en este diario los supuestos abusos y el despilfarro a cargo de la fundación de la viuda y el gerente, cuando arreciaban las críticas por el desastre contable, un juzgado de Madrid condenaba a una sociedad creada por Castaño a pagar 3,9 millones de euros y a la entidad que dirigía Cavanna, más de 1,1 al hijo del Nobel gallego.

La sentencia fue recurrida y, según informa Covadonga Rodríguez, los demandados agotarán “todas las vías judiciales” antes de llegar a indemnizar. Mientras corre el tiempo de un “pleito largo”, la sucesora de Cavanna prefiere hablar de la probable restauración, este año, de las locomotoras de Cela, o del primer concurso de microrrelatos que “atrajo más de 200 participantes de todo el mundo”.

Las relaciones con el hijo de Cela solo existen por vía judicial. En realidad están rotas desde siempre. Rodríguez dice que se enteró por la prensa de que Cela Conde mantiene conversaciones con diferentes Administraciones y entidades gallegas para estudiar la posibilidad de trasladar a Galicia el legado mallorquín del autor de La Colmena y su primera mujer, Rosario Conde. Estas Navidades, el Diario de Mallorca publicaba declaraciones en este sentido del hijo del escritor, cansado de esperar el ofrecimiento de una sede por parte de los políticos y las instituciones baleares.

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