Pero puede no serlo tanto como aparenta…

 

CAMILO JOSÉ CELA CONDE La noticia de que el déficit de esta comunidad autónoma se ha contenido de momento, constatación que cabe hacer sin más que comprobar que los datos macroeconómicos de marzo y septiembre de este año indican un mismo porcentaje, parece buena. Pero puede no serlo tanto como aparenta. El que se haya logrado reducir en 262 millones de euros los gastos públicos sería un indicio de que el Govern ha hecho los deberes si el resultado correspondiese a eso, a una tarea de gobierno. Sin embargo, basta con repasar lo que los diarios han ido publicando desde que comenzó la nueva legislatura para entender que estamos muy lejos de esa situación deseable.
Lo que el Govern del presidente Bauzá ha llevado a cabo hasta el día de hoy no es gobernar; es cuadrar las cuentas. Estaba obligado a equilibrar cuanto antes el balance de gastos e ingresos y bueno es que lo haya logrado pero, a partir de ahí, cabe exigir al presidente y a sus consellers un programa de gobierno que no se limite a la queja permanente ante la situación heredada. Cuadrar las cuentas es lo que hace cualquier familia cuando pintan bastos, obligada como se ve por la inexistencia de alternativa alguna. Esa cuenta de la vieja es la única salida viable ante las situaciones tremendas que se están viviendo en muchísimos hogares pero se supone que el dinero que pagamos a través de nuestros impuestos ha de servir para situarnos un paso más allá de los equilibrios contables. En cualquier país serio, los aspirantes a gobernar presentan un programa que incluye la traducción a los presupuestos de una determinada postura ideológica. Por poner un ejemplo, el Tea Party estadounidense apuesta por la desaparición de la mayor parte de los recursos públicos destinados a lo que se podría llamar el Estado del bienestar, opción tan legítima en principio como cualquier otra. Pero lo que no tiene sentido es decir, como tantas veces han hecho los consellers y el presidente Bauzá, que no se recortarán los servicios ni en sanidad ni en educación a la vez que se procede a hacerlo por medio de un presupuesto realizado a toda prisa después de que el vicepresidente que tiene esas competencias dijese que no se presentaría de momento.

Los ciudadanos de esta comunidad autónoma tienen derecho a saber cuál es el programa de gobierno que se va a seguir durante la legislatura más allá del ya anunciado objetivo de contención del déficit. Para ello, hay que indicar dónde se aplicarán los recortes –que ya han comenzado–, incluyendo los de la sanidad y de la educación, en términos no voluntaristas sino reales: qué servicios se dejarán de atender, qué ventajas desaparecerán y qué beneficios resultarán inasumibles. Sostener que no se va a perder ninguna prestación es un insulto para la inteligencia de cualquiera que se interese por el uso de los dineros públicos. Así que una de dos: o se detalla la política a seguir o se dice a las claras que se carece de ella. Ampararse en un simple mecanismo contable no justifica las esperanzas puestas en el cambio de gobierno.

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