Los cuatro votos

 

 

Que quién ganó en el debate cara a cara entre Rubalcaba y Rajoy, me preguntaban a la mañana siguiente del debate entre los candidatos a la presidencia del Gobierno español por el Partido Socialista y el Partido Popular respectivamente, “no sé quién ha ganado ni me importa, pero sé quién ha perdido, el pueblo llano y soberano” contesté.

La simple existencia del debate a dos era el peor síntoma de la enfermedad mortal que aqueja a esta símil-democracia. Su celebración con dinero público (con dinero de mucho, muchísimo público, que no votará ni a uno ni a otro), es la subida de la fiebre; y el discurso anodino y vergonzante de ambos supuso la entrada en crisis aguda de este enfermo sistema social en el que a duras penas subsistimos.

Los dos candidatos mayoritarios, es decir, los que mayoritariamente nos enchufan los medios, son prácticamente indistinguibles entre sí a la par que resultan temibles amenazas para la ya mal encarada salud social española.

Las propuestas (?) de ambos personajes no pasan de ser un cruce de amenazas barriobajeras sobre lo peor que lo hará la parte contratante de la segunda parte.

El candidato socialista Rubalcaba, sabe más de alarmar sobre el previsible empeoramiento de la crisis en las ineptas manos de Rajoy, que de dar soluciones; soluciones de las que él mismo nos ha privado durante su periodo en el desGobierno. Que Rubalcaba pida el voto con estos argumentos, a sabiendas y a “demostrandas” (permítaseme la licencia) de que lo único que sabe hacer con él es derivar fondos públicos a manos privadas, es algo más que un insulto que me tomo por lo personal.

Por su parte, Rajoy, dando claras muestras de que las amenazas de las que le hace protagonista Rubalcaba pueden quedarse en chistes infantiles comparadas con los desmanes de que es capaz, insiste en no decir nada cada vez que abre la boca. Nada. NA-DA. Tiene este Rajoy una asombrosa capacidad para demostrar su incapacidad, para quedar en evidencia. Aunque de una cosa estoy seguro, si sabe leer tan bien lo que sus asesores de campaña le escriben, estén ustedes tranquilos que si llega a cumplirse el desastre de que alcance el poder, sabrá leer muy bien lo que le escriban los mercados, incluso tal vez mejor que Rubalcaba, que ya es decir, con la de derechos sociales que ha menospreciado y pisoteado; y ahora prometido de nuevo el candidato “socialista”.

Algo de lo que, según interpretaciones, ha llegado a decir Rajoy, y que me hace temer lo peor, es su empeño en aumentar la ayuda a las personas jurídicas, mucho antes y muy por encima de las ayudas a las personas físicas. Digo más, lo hará a costa de las personas físicas. Y si ese es parte de su argumento comercial, mal empezamos, muy mal.

Sea como fuere y muy a pesar de lo que vaticinan las encuestas, estoy convencido de que finalmente estas elecciones se decidirán por cuatro votos.

Porque cuatro son los votos que estos dos impresentables nos están pidiendo a los ciudadanos, a saber:

Voto de silencio: en vista de cómo han tratado ambos a los ciudadanos descontentos e indignados con el expolio del bienestar social, permitido y auspiciado por ellos mismos y sus compañeros de partido, votar a cualquiera de los dos es hacer voto de silencio. No protestar por los robos, no protestar por los recortes sociales, no protestar por un despido cada vez más barato, no protestar por la eliminación de la ayuda a los parados, no protestar por las constantes privatizaciones-ganga, no protestar por el olvido premeditado, alevoso y malintencionado de las víctimas del franquismo, no protestar. NO PROTESTAR.

Voto de obediencia: al dar el voto a cualquiera de estos dos terroristas sociales el pueblo estará rindiendo obediencia y sumisión a los mercados financieros que nos metieron en su crisis, en la que nos están cocinando a fuego rápido. Obedecer la voluntad de las entidades financieras que tienen previsto quedarse con nuestra casa y nuestros préstamos pendientes. Obedecer a las entidades financieras cuando demandan ayudas públicas unidireccionales. Obedecer a las grandes compañías y sufrir en forma de precios excesivos la consentida falta de competencia real entre ellas. Obedecer las leyes que permiten a las empresas despedir a un número caprichoso de empleados aún contando con beneficios multimillonarios. Obedecer leyes estúpidas que permiten a las élites en el poder amasar riquezas sobre los lomos de los trabajadores explotados, mientras exigen yreciben ayudas públicas para el mantenimiento de sus exageradas posesiones (1). Obedecer a los empresarios que consideran 600 euros un salario digno para un trabajador (2). Votar a cualquiera de los dos es OBEDECER, es aceptar con sumisión nuestro más negro destino.

Voto de pobreza: el voto a cualquiera de estos dos estafadores significará ahondar en la pobreza que ya atenaza a gran parte de la población española. Significará aumentar el paro, la inestabilidad laboral y social, las fuentes de problemas económicos y sociales manarán a chorros. Hoy, uno de cada 3 españoles forma parte de un hogar vulnerable a la pobreza (3), para quien la renovación de la ropa de los hijos, o simplemente la compra diaria de comida constituye todo un drama, cuando no una tragedia.

Por último, si Rajoy es aupado por las masas malinformadas, mucho me temo que pretenda imponernos el cuarto voto, el voto de castidad, mediante el cuál los esfuerzos dedicados a conseguir tantos avances sociales por y para las distintas realidades sexuales y los tipos de familias habrán sido en vano. Los avances en materia de aborto sufrirán un efecto rebote de consecuencias incalculables. Es previsible que la moralina fascistoide vuelva a recortar libertades en España, se abrirá una ventana con vistas al pasado más rancio de la España del siglo XX, y claro está que no solo en este sentido.

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