11 del 11 del 11

 
CAMILO JOSÉ CELA CONDE No sé si fueron los mayas, los templarios, los cabalistas o los gabinetes de oraculología de Nostradamus y Merlín quienes pronosticaron el fin del mundo para hoy. Pero si puede usted leer esta cuartilla es bastante probable que los augures se hayan equivocado. La más modesta prudencia aconsejaba, en cualquier caso, no viajar en esa fecha porque las meigas, ya se sabe, no existen pero haberlas, haylas. Sin embargo, un cálculo simple pone de manifiesto que la magia -o el mal fario- de los números es cuestión harto compleja y movible a causa de los cambios del calendario. El gregoriano, que es el que seguimos hoy, trastornó no poco la numeración de los días, los meses y los años, así que es difìcil que los mayas -si fueron ellos- pudiesen saber cuándo sería el 2015 o, ya que estamos, el 11 del 11 de 2011 (que fue y cayó en el día de anteayer). Así que el jueves y el viernes me subí a un avión con las probabilidades muy a mi favor. Reconfortado, además, por lo que el doctor Federico Sbert nos había dicho en el club DM del fin del mundo al contestar a la pregunta planteada por Miguel Borras para ese día: ¿Por qué la gente cree cosas raras?
Flores de Bach, Alienamiento Cuántico, Curación espiritual, Proyecciología, Sanergia, Terapia piramidal, Aura Soma, Breema, Cuencos de cuarzo o tibetanos… Se trata de las llamadas terapias alternativas, a las que se recurre cuando la salud flaquea y se duda acerca de que los médicos vayan a acertar lo bastante para poder recuperarla. El 94% de los españoles conoce y, en ocasiones, practica alguna de esas curaciones mágicas. Sucediendo tal cosa, ¿por qué no tendríamos que creer que el fin del mundo llegará en un par de días? Aunque, si es así, ¿qué más dará que le sorprenda a uno a bordo de un avión o tomando una pastilla para los nervios en la T4?
La seguridad absoluta de que el fin del mundo se acerca y, con toda certeza, estaba veinticuatro horas más cerca el jueves que el miércoles -o, dicho de otro modo, los oráculos se habían acercado un poco más al acierto garantizado-, me llevó a entender que todo es cuestión de paciencia. El vidente que profetizaba cada 1º de enero que la madre de la reina de Inglaterra iba a morirse ese año terminó por acertar; se trata, pues, de no desfallecer en el empeño. El fin del mundo no habrá sido el 11 del 11 del 11 pero tal vez llegue el 12 del 12 del 12. A partir de ahí, habrá que improvisar porque, a causa de las vueltas que dan el sol y la luna, no tenemos trece meses al alcance del año. Será cosa, pues, de hacer magia alternativa, con los números esta vez, recurriendo al cálculo no-tibetano. El 13 del 13 del 13 suma 39, que es múltiplo de 3 y de 13. El 13, pues, aparece al principio y al final. ¡Cuánta verdad y cuánto misterio! El 13 del 3 del 13 caerá en un miércoles y ¿puede ser eso casual? Porque el miércoles es el día que sigue al martes y, respecto del martes 13, sea cual sea la semana, el mes y el año en que se presente, cabe tentarse las carnes.
Los asistentes a la conferencia del doctor Sbert interrumpieron varias veces su discurso defendiendo las terapias de estilo pirámido-teológicas que uno de ellos confesó que ya se había comprado. Con lo que es obvio que el fin del mundo les cogerá a algunos con recursos suficientes al alcance de la mano. Lo malo es que nadie sabe para qué habrán de servirnos cuando las cosas se pongan chungas de verdad.

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