¿Una memoria grande o menos grande?… Según…

(…) y la Reina dijo con severidad: ¿Quién es ésta? Se lo dijo a la Sota de Corazones que se limitó a inclinarse y a sonreír por toda respuesta. ¡Idiota! dijo la Reina agitando su cabeza y muy impaciente; y volviéndose hacia Alicia, agregó: ¿Cómo te llamas, niña?

LEWIS CARROLL

Alice’s Adventures in wonderland

   Me preparé para ir al hospital. Conduje sin prestar atención al tráfico y me encontré pensando en lo extraño de acudir al médico precisamente hoy, el día de mi cumpleaños. Mi salud no parecía tener problemas, pero discurrí sobre la posibilidad de tener que enfrentarme a una desagradable noticia porque quizás en estos momentos no estaba en la lista de los afortunados.

      Aparqué cerca de urgencias y entré por el sitio más próximo. Cuando llegué a consultas externas recordé que siempre que acudía a un hospital lo único que deseaba era marcharme rápidamente… En la sala casi vacía, impersonal y fría, esperé a que me llamase la enfermera. Cuando lo hizo, me levanté al instante y me encontré frente a un joven médico, muy bronceado, con aspecto deportista y desaliñada bata blanca, que sonriéndome revisaba mi historial. Comentó que estaba sustituyendo al titular. La enfermera me acompañó a la camilla y me indicó que me tumbase y el doctor comenzó las exploraciones. Al poco tiempo, despidiendo humanitarismo por todos y cada uno de los poros de su piel, dijo:

      —Hay que hacer una pequeña intervención quirúrgica… —el tono suave que usó me alarmó y di un brinco— Sólo por prevención. Cuando regrese su ginecólogo determinará la fecha. Deberá ser en…

      —¡Primavera!… Verá. Yo siempre en primavera… ¡Hasta para quitarme una muela!…

      —Todo es preocupante, pero no mucho. Hable con su doctor cuando regrese. Ahora pídale cita a la enfermera.

      Caminando hacia el coche no dejé de repetirme que no era alarmante… Y no sé porqué las palabras del médico resonaban en mi cabeza.

      En el contestador del teléfono encontré varios mensajes de mis amigas. Quería saber si contaban conmigo. Llamé y puse la disculpa de que estaba con gripe, que venía del médico. De mi problema no dije nada. Pasaría aquella noche sola en mi casa pensando en lo injusto de las enfermedades, en si existirán los milagros o no, en la grandeza y la pequeñez de las personas, en el Dios juez, que, con información y poder, vi siempre como una fusión de la CIA y la KGB, que lo ve todo, el pasado, el presente y el futuro, hasta los más íntimos pensamientos…  Y podría ser que ajustase sus cuentas conmigo ahora, en el momento más tranquilo de mi vida. Pero un diagnóstico de un joven recién salido del MIR, estrenando especialidad médica, no era como para amargarme. Tendré que esperar a que regrese mi médico y él me dirá que no es nada grave, lisa y llanamente.

     Mis hijos no habían perdido la ocasión de decirme que ellos tenían sus propias vidas, que me aprovechase para disfrutar y que, si los necesitaba, contase con ellos, como ellos contaban conmigo, y lo decían con aspecto tan inocente que creerlo sería confundir el culo con las témporas…  Ya lo dice el proverbio: lo que está escrito, escrito está y no se borra nunca, y a lo que no está escrito no hay que temerle”. Pues eso… Me acordé de los que mandan mensajes subliminales contra la incomunicación de que es víctima la familia, y culpan a los padres de los males de los hijos en base a que en los hogares no se habla con los jóvenes. Desde luego mis progenitores no lo hicieron conmigo, eran otros tiempos… Y sé que yo pequé de todo lo contrario con mis propios hijos, pero son los hijos los que no quieren hablar con los padres… Los sicólogos afirman que la generación anterior empuja a la nueva hacia el desvío… Realmente  yo soy y he sido siempre la víctima que padres e hijos convirtieron en su coartada…

      Sí. Algún día contaré  mi historia, la que conservo en mis recuerdos, sabiendo que hablar sobre el pasado  es meterse en una reconciliación contigo misma y no quisiera que ello me impusiese amnesia, falsificación o justificación de los hechos. Sé que es un terreno lleno de trampas. Ver el pasado es tan difícil como ver el futuro y cuando yo me meto en él tengo la sensación de que los fantasmas del ayer siguen vivos… Y si es cierto que se suelen embellecer nuestros buenos recuerdos y afear los malos, también es cierto que es mucho más cómodo sentirse víctima que verdugo y que ahí escondemos las injusticias que cometimos pero tenemos a mano las que sufrimos… Además al recordar desenterramos cadáveres para  librarnos de conflictos antes de enterrarlos definitivamente…

       Me pregunto: ¿puede la mente imaginar algo honesto sobre nuestros propios demonios? …

      La afectividad es necesaria desde la más tierna edad, porque es la que maneja los filtros y controles naturales que hacen que la inteligencia aproveche la fuerza de los sentimientos y los convierta en voluntad, pero no funciona cuando quieres ser feliz… ¡Querer ser feliz!… Yo supe pronto que se puede ser feliz a veces y sólo si tienes suerte. Eso creo yo…

Carmen Formoso Lapido

 

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