Obviedades

Obviedades

CAMILO JOSÉ CELA CONDE Oí en la radio uno de estos días en los que en las radios y en los periódicos no se habla de otra cosa -siempre que elija uno programas y secciones con arreglo a algún criterio sensato y se olvide de la televisión- a un tertuliano que reclamaba a las autoridades europeas que hagan algo. Que haya que sostener eso en el transcurso de un debate pone muy bien de manifiesto cómo está el patio. Por dos razones: porque se supone que las autoridades están para gobernar y porque es bastante obvio que las europeas o no saben cómo hacerlo o sí saben pero no quieren. De tal suerte, tenemos que perder el tiempo soltando obviedades en la esperanza -poca- de que alguna autoridad con mando en plaza nos haga caso. Pero para que no se diga que andan carentes de tal recurso, o tal vez a título de venganza, las autoridades nos devuelven el discurso de la trivialidad. Anteayer leí dos perlas a tal respecto que llegaban nada menos que de la presidencia de la Comisión Europea y del Banco de España. Ninguna de esas dos instituciones, por cierto, parecen tener un gran sentido hoy en día. La presidencia europea, porque aún queda por ver para qué sirve. El Banco de España, porque tras la entrada del reino en el euro está claro que no sirve para nada.
Tal vez porque saben sus carencias, las cabezas pensantes de los organismos prescindibles se esfuerzan en decir lo que ya todo el mundo sabe. El señor Durão Barroso, presidente de la CE, nos acaba de soltar su certeza de que la banca debe contribuir más para que superemos la crisis. Vaya novedad. La banca que, por cierto, está en el inicio de nuestros problemas económicos, no sólo debería poner su parte alícuota. sino que tendría que pedir perdón por lo sucedido. Pero, ¿quién le pone el cascabel a ese gato? O bien la Comisión Europea cuenta con los medios para obligar a los bancos a que arrimen el hombro -y los aplica- o lo que ha hecho Durão Barroso es un brindis al sol.
Lo del Banco de España tampoco está nada mal. En su último boletín asegura que la actividad económica española anda con el encefalograma plano. Bueno; no lo dice así: lo que sostiene el antiguo guardián de la salud de la peseta es que en términos económicos nuestro país pasa por una fase de atonía. Menos mal que nos lo dicen desde la institución que gobierna -es un decir- Fernández Ordóñez porque, en caso contrario, no nos habríamos enterado. Tanta es nuestra preocupación por la atonía económica, financiera y laboral de cada uno de nosotros que nos queda poco tiempo para lamentar las desgracias patrias. Debe ser por eso que las autoridades nos deleitan con la obviedad de turno para que nos riamos o nos enfademos un poco, dependiendo del carácter personal, y olvidemos por unos instantes que son esas gentes las que, en vez de soltar banalidades, habrían de aplicarse en sacarnos del marasmo.