Una medida trampa en un lenguaje trampa, por Paco Bello.

Una medida trampa en un lenguaje trampa.

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Sin apetecerme demasiado, voy a publicar mi opinión sobre la medida que nos van a imponer desde el gobierno tácito de concentración PPSOE. Y lo voy a hacer porque ya se empiezan a oír voces a favor, llevadas en unos casos por la buena voluntad o el idealismo, y en otros por una execrable tendencia manipuladora.

Debo aclarar también que no comparto la querencia de algunas buenas personas por algunas variantes capitalistas, porque no creo en un sistema basado en el crecimiento constante. Pero comprendo que, al menos en este momento, es necesario estar unidos y apostar por la regulación sensata, y por las medidas que partan por gravar a las rentas de capital y patrimonio, y especialmente en las que prime la protección social, aunque sea como medida coyuntural mientras se hace un esfuerzo en la pedagogía al respecto, para que todo el mundo entienda que hay que buscar la sostenibilidad y que hay que renunciar al inasumible modelo de consumo.

Dicho esto, parece que empieza a sonar bien eso de limitar la deuda, y ahora que lo escribo la verdad es que sí, caramba, que sí suena bien. ¿Qué es lo que hacemos en nuestra casa cuando no entran ingresos suficientes? Apretarnos el cinturón. ¿Y qué nos prometemos siempre? No volver a endeudarnos. Y hay que decir que parece muy lógico, y que probablemente lo sea.

Pero una casa no es un Estado, porque para empezar, en una casa no pagamos las deudas del vecino ¿verdad? Y menos si el vecino se ha arruinado sosteniendo las finanzas de otro vecino con nuestro dinero y sin consultarnos, y encima ese otro vecino sabemos que sigue ganando muchísimo dinero con negocios turbios (aunque esto es lo de menos). ¿Qué sería lo correcto si ese fuera el problema? Lo más pacífico sería decirle al vecino que no me consultó, que yo no pagaré su deuda ¿verdad?

Pero hay muchas más diferencias. Ahora resulta que queremos fijar un techo de deuda estricto, como familia (con una promesa firme y las manos unidas). Pero lo hacemos una vez debemos ingentes cantidades de dinero por las deudas que hemos contraído sin saberlo y sin que nos consulten (como por arte de magia). Eso supone que no nos podremos endeudar más para pagar poco a poco o para montar un negocio para trabajar 30 horas al día. Y significa que ganando lo mismo, pero siendo el coste de la vida cada vez más alto, pronto tendremos que empezar a prescindir de algunos lujos, como el papel del váter o el agua corriente. ¿Cuál sería la solución? La misma de antes.

Una familia, una casa, un individuo, no son un Estado, y mucho menos un Estado capitalista neoliberal. Es muy bonito eso de prometer (o jurar) no endeudarse ¡pero hazlo antes de haberte endeudado! Y sobre todo, ¡no firmes un reconocimiento de deuda! Como hicieron el día 19 de este mismo mes sin que nos enterásemos (ellos reconocen la deuda, su deuda, a nuestro nombre).

Grosso modo esto es lo que se puede deducir de todo lo que se está leyendo por ahí, tanto de medios de comunicación como incluso en algunos de los textos que hemos publicado en estas mismas páginas. Pero ¡ojo! que nos están haciendo la envolvente ¿por qué estamos hablando de deuda cuando lo que se va a fijar es el límite de déficit? ¿qué tienen que ver el culo y las témporas?

No es la deuda lo que se limita

Déficit, aunque seguro que todo el mundo lo sabe, es ingresar por debajo de lo que se gasta. Superávit es lo contrario. Pero eso no significa que no puedas endeudarte para controlar el déficit. Un préstamo es un ingreso, por mucho que después haya que devolverlo. Y de hecho puede equilibrar unos presupuestos, o incluso darles la vuelta.

Pero resulta que los Presupuestos del Estado se basan en la previsión de ingresos y gastos de un ejercicio. Desde ellos se destinan partidas a todos los Ministerios, y de ellos se nutren todos los organismos que conforman nuestro modelo de sociedad, y también desde ellos se paga la deuda.

Ahora van a limitar la cantidad que podremos destinar a todos esos servicios, que será la resultante de descontar aquello que debemos, y en base a unos ingresos cada día menores pues no hay de dónde sacar para impulsar proyectos que activen la economía.

¿Hasta qué limite se puede rebajar el presupuesto de las partidas dedicadas a sanidad, educación, salarios, etc? Hagan apuestas. La que es intocable es la dedicada al pago de la deuda: la única intocable.

El Estado Español perdió en favor del BCE y Bruselas la independencia económica (entre otras cosas). Esa independencia que permitiría emitir dinero aunque esa medida obligase a centrarse primordialmente en el autoabastecimiento y el turismo. Ahora (hasta que no digamos BASTA), nos quieren hacer ir a remolque de economías mucho más fuertes, pero negándonos la capacidad de reacción. Y lo último es lo que están exigiendo a sus marionetas PSOE y PP.

Resulta que no podremos gastar más de lo que recaudemos pero deberemos asumir el coste de la deuda más los intereses y todo ello con un erario público empobrecido por la falta de consumo interno (la gente pobre consume menos). Y así entramos en un círculo vicioso decadente, que conducirá si nadie lo remedia a un auténtico desastre.

Por tanto, que nadie se haga ilusiones confundiendo esta medida con lo que no es. Los únicos perjudicados por establecer como ortodoxia el equilibrio presupuestario sin poner un límite a la deuda (esto es lo que han hecho o van a hacer), seremos los de siempre, que tendremos que aguantar además que nos restrieguen la legitimidad de los recortes en virtud de la Constitución.

¿Cual será el límite de sorpresa y paciencia?

Que se den prisa y lo incluyan en la Constitución, no sea que nos dé por reflexionar previendo lo que nos espera y nuestra única salida sea darles salida a ellos de malas maneras.

– Paco Bello

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