Lágrimas de San Lorenzo.

 

A las dos de la madrugada.

 

Hoy tengo una cita a las dos de la madrugada

en un lugar extraño, lejos de luces urbanas,

para contemplar las estrellas

allí   tumbada.

 

Es un lugar apartado, una cumbre alejada,

sin el brillo de la luna propia del mes de agosto.

Su visibilidad  clara asombraba

por adecuada.

 

Estaba citada, en lo alto, con las Perseidas.

La constelación de Perseo, mi compañero indicó,

Tumbada y mirando atentamente el este…

Quedé extasiada.

 

Lágrimas de San Lorenzo chorreando sobre mí,

el exquisito silencio enloquecedor,

exhalando los verdaderos salmos de David…

Gemí embriagada.

 

Mi pensamiento rebosaba con el momento presente,

el Gran Creador del Universo se superó,

mi alma impaciente quería unirse al infinito…

Me agité asustada.

 

Silenciosamente sonreí; mi rostro sudaba

por haber contemplado tal esplendor.

Comenzaba el día, la noche se apagaba…

Lloré desconsolada.

 

                  Poema de Carmen Formoso Lapido

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