Recuerdos del ayer.

Recuero que…

En Galicia había un día señalado para celebrar la fiesta del Árbol en los colegios públicos y privados. Y había un maestro en la provincia de A Coruña, humilde y muy especial, conocido sólo como D. Federico, que se encargaba de organizar a los centros públicos por Ayuntamientos para la celebración anual de la fiesta del árbol. Y conseguía reunirnos a todos (alumnos, profesores, directores y el representante de la administración estatal) en el lugar, día y hora señalado para plantar varios árboles por cada centro educativo. Recuerdo a Don Federico sonriendo feliz, lo que nos hacía sonreír a todos…

Ese era un día lleno de esperanza e ilusión, un día de salida del centro educativo y de reunión con colegios cercanos, un día maravilloso, donde se sentía plenamente el amor por la naturaleza al tiempo que se cantaba el himno al árbol con énfasis y a pleno pulmón, acompañado por gaiteiros del país; y gustaba ver como los alumnos usaban las palas para hacer el hoyo donde introducirían su arbolito con orgullo, como lo regaban cuidadosamente para que prendiese bien mientras coreaban la canción del himno al árbol:

 

Cantemos al árbol que voy a plantar,

¡Si dios lo protege del hombre y el viento,

salud y riqueza dará!.

Para el aire puro,

campestres aromas;

para el caminante,

regalada sombra,

templará los rayos de la luz del sol (…)

 

En nuestros colegios públicos se esperaba ese día con ilusión todos los años… Y también en los colegios de pago, y dicho sea de paso que por entonces no existía el chollo de “colegios concertados”; también en ellos se celebraba el día del árbol, y los plantaban los escolares en unos terrenos contiguos, y a cada árbol le ponían el nombre del alumno y la fecha en un cartel que clavaban delante del arbolillo; y ése alumno cuidaba de él en recreos y demás huecos libres, para, finalmente, trasplantarlos al montículo cercano…

¡Qué pena que no se haga así ahora…¡

O puede que se haga y que yo no lo sepa, puede.

 

A D. Federico todos le querían, tanto es así que, cuando falleció, nunca volvió a hacerse nada igual.

Falta D. Federico, se decía.

 

Y también se dice que cada persona tiene que hacer tres cosas antes de morir:

Plantar un árbol; tener un hijo; y escribir un libro.

 

Yo he cumplido, ¿y vosotros?

Amigos, un saludo afectuoso.

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