Reflexiones y dudas en el trayecto a una “Nueva Constitución”

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Como ya os informamos el pasado lunes, hemos creado junto a otras personas con las que coincidimos en el parque de El Retiro dentro de las jornadas de asambleas del 24J del 15-M, un grupo de trabajo denominado “Nueva Constitución”. Y queremos reflexionar a vuelapluma y compartir con vosotros todas aquellas apreciaciones que nos van surgiendo, para que os impliquéis y nos echéis una mano en un asunto tan complejo como este.

No hay nada claro más allá de la sana intención de reivindicar un marco óptimo para construir una mejor sociedad. Pero esto requiere plantearse una ruta, en la que no sólo es complejo el acuerdo de mínimos sino también la vía para hacer efectiva la petición/exigencia.

En la asamblea del grupo de trabajo intervinieron compañeros que ya disponían de mucho trabajo adelantado por haber comenzado a preocuparse por este particular mucho antes de existir el movimiento 15-M como tal. También quienes no habiendo sido tan ambiciosos anteriormente, nos hemos visto seducidos por lo favorable de la coyuntura, y también hemos apostado, aunque en menor medida, por este proceso constituyente. Ahora empieza de verdad el proyecto, y habrá que debatir mucho y sobre infinidad de aspectos, pero queremos publicar previamente nuestras primeras inquietudes (aunque como ya decimos, dentro de todo un mar de dudas).

La primera es quizá el que acometer dicho proceso requiere la aprobación de una gran mayoría -sea éste asumido por los poderes públicos actuales o creado al margen de ellos con todos los riesgos que conlleva y deberíamos asumir como sociedad-. Creemos sinceramente que desde el 15-M no tenemos capacidad cuantitativa (de momento) para erigirnos en portavoces del pueblo, especialmente si no existe unanimidad en la exigencia, y si no toda la población tiene acceso a él.

La segunda inquietud versa sobre el modelo de Estado y las muchas diferencias que pueden surgir a la hora de establecer un texto en el que todos nos sintamos representados, y que sinceramente nos parece inalcanzable a corto plazo (y la situación apremia), máxime contando con el condicionamiento que los medios de comunicación pueden ejercer sobre un enorme porcentaje de la población y, que responde a los intereses de grandes corporaciones bajo el control de aquellos a los que no les interesan esos cambios.

Sin embargo, creemos que la petición unánime de todo el movimiento en torno a una “herramienta común” -y no en el desarrollo de un texto consensuado-, basada en la exigencia de la modificación mínima de la Ley Orgánica 3/1984 y la eliminación en el texto constitucional de la última frase del apartado 3 del artículo 87 con la modificación de la frase anterior para cambiar el límite de firmas, sería suficiente para concedernos a todos el derecho a la promoción de referendums para modificar paso a paso y de forma absolutamente democrática todo aquello que consideremos necesario, eliminando asimismo los vetos que nos impusieron en la transición en cuanto a la participación pública en los asuntos de Estado. Ya no habrían disputas siempre que se aceptara la voluntad popular democráticamente ejercida en las urnas, y daríamos acceso a todos aquellos que no tienen la posibilidad de participar en asambleas o que no tienen acceso a internet para formar parte activa en la toma de decisiones.

Queda mucho camino, pero creemos que si apostamos por una herramienta sencilla con una reivindicación todavía más simple, ahorraremos muchos quebraderos de cabeza, sumaremos a mucha más gente, evitaremos conflictos de intereses y facilitaremos la consecución de objetivos.

De momento a nosotros nos toca escuchar y valorar todo aquello que digan los compañeros del grupo de trabajo y vosotros, para hacernos una idea de si vamos por el camino correcto.

  1. #1 by De hombres y perros. Cinismo on 28 julio, 2011 – 10:59

    El artículo 57.1 de la Constitución española establece la preferencia del varón sobre la mujer. Es conocido el carácter de poder constituyente y simbólico de cualquier Constitución.
    Aquí la preferencia no solo establece la masculinidad como universal genérico o prototipo del ser humano ideal sino que instituye un criterio para tomar decisiones. Debido a ello, se generan situaciones de discriminación negativa efectiva para las mujeres. En este caso, se impide el acceso al trono de la primogénita y de su hermana, la segunda en orden de nacimiento, para discriminar positivamente al varón, el hermano pequeño. Acerca del cambio de ese artículo no se generó ningún debate a nivel de Estado aunque sí alguna de esas promesas electorales irrelevantes que proponían cambios en la Constitución que nunca llegaron a materializarse. Nos interesa señalar, sin embargo, que en el habla informal popular se rumoreaba que la primogénita tenía cierto retraso mental y que por eso se evitaba cambiar el artículo. Obviamente, la afirmación en este caso no se sostiene en nada razonable pues, por un lado, existe una tradición de monarcas poco inteligentes que prueba que no se necesita una inteligencia especial para un cargo meramente simbólico como la soberanía y, por otro, la siguiente en orden de nacimiento es otra mujer, quien popularmente ofrece la impresión de persona normalmente inteligente. Por otra parte, el argumento podría interpretarse como una demostración más del habitual recurso fácil a una supuesta incapacidad de las mujeres para desempeñar cargos con un alto reconocimiento social .
    A lo anterior se podría objetar que cuando se trata de la nobleza o de valores simbólicos, de tipo jerárquico, el sexo importa poco pues no estamos en el nivel de los discriminados, también se podía alegar que el hecho no es significativo pues en el actual momento histórico de mujeres emancipadas, la realeza ya no discrimina en función del sexo y el artículo es un mero vestigio del pasado sin mayor transcendencia. La respuesta, aparte de lo expuesto antes, podríamos encontrarla en Louise Weiss, combatiente a la vez por la idea de una Sociedad de Naciones y por los derechos de las mujeres. Rememorando sus viejos combates por el voto para las mujeres francesas, describe una situación desequilibrada, entre las ” convicciones y la formidable pusilanimidad del ejecutivo al que exigían las reformas” .
    El artículo de la constitución española que otorga la preferencia al varón se inscribe en un dispositivo, perteneciente a una problemática tradición europea que lleva el nombre “ley sálica” pero que no aparece como tal ley sino de modo muy tardío y que está relacionada con propuestas androcéntricas de filósofos contractualistas. El modo de conjurar la Inquietud hacia un posible poder de las mujeres se resuelve, en este caso, legislando constitucionalmente la Preferencia por el varón, lo cual no afecta solo a una institución como la Monarquía sino que, dado el poder simbólico de esta institución, establece un modelo de referencia general para las mujeres españolas como colectivo, modelo informal que establece que, tratándose de representaciones simbólicas, se elija preferentemente al varón sobre la mujer. De hcho, quienes ostentan cargos de reconocido prestigio histórico, social, económico y cultural son, muy mayoritariamente seres humanos sexuados como hombres.
    Es nuestra responsabilidad democrática, individual y colectiva, nombrar esta preferencia insidiosa por los hombres y su contrapartida en la violencia simbólica que se ejerce hacia las mujeres cada vez que, entre hombre y mujer, se elige a un hombre para representar lo universal humano. Esto puede parecer inocente pero el número de mujeres con obras interesantes pero ausentes de los libros de texto, de los premios y de las imágenes que despliega nuestro universo cultural, no es nada trivial. Las directrices europeas establecen para los sistemas educativos medio y universitario de los países europeos una “perspectiva de género” que, en España, se incumple sistemáticamente, valga como ejemplo el hecho de que en un temario de 24 siglos de filosofía no se mencione ni a una filósofa, algo similar ocurre con mujeres pintoras y, en general, con el olvido de las producciones y vivencias históricas del mundo de las mujeres. Son necesarios cambios constitucionales que fomenten la igualdad de sexos.
    Si para apreciar algunas discriminaciones, es necesario desentrañar supuestos no reconocibles a primera vista porque se relegan al capítulo de las circunstancias especiales, existen otras discriminaciones sutiles como la negación sistemática de la desigualdad, el resentimiento hacia formas de acción que compensen al colectivo de mujeres (caso de las críticas qeu reciben medidas de discriminación positiva, discriminación inversa o acción positiva) o el mero silencio que rodea muchas de las quejas que se producen en discriminaciones concretas. Lo distintivamente humano, los moldes en los que la humanidad vuelca sus experiencias y sus pensamientos son lenguajes y símbolos. Usamos el lenguaje y elegimos prototipos humanos que nos representan pero estas no son actividades inocentes. El lenguaje no solo pone nombres a nuestras percepciones objetivas, nombres de objetos, exteriores y arbitrarios, sino que es la herramienta que, al tiempo que construye un mundo de objetos y percepciones, esculpe y moldea nuestras intuiciones objetivas, las reviste de ideología, incluso. Las variedades lingüísticas son enormemente extensas y no se limitan a las palabras. De la misma manera que usamos signos orales, escritos o gestuales, también usamos los cuerpos físicos de las personas para representar a las cosas y sus estereotipos. Una de estas categorizaciones básicas, que podría no ser la única pero que en nuestra actualidad funciona de hecho como tan básica que se nos exige declararla en el DNI, es masculino/femenino, aparezca como cuerpo físico significante, como evocación o asociación de la palabra o directamente en el doble pronombre gramatical de la tercera persona, él/ella. La visión de un cuerpo masculino o femenino, la audición del pronombre él/ella, los colores rosa o azul, una corbata o unos tacones de aguja, los espacios público y privado, son otras tantos vehículos que transportan un sistema de clasificación y organización socio-cultural en dos sexos que llevan sus correspondientes valores asociados y donde lo masculino se considera valioso y positivo en comparación con lo femenino devaluado -como, históricamente, ha establecido una tradición de pensadores varones muchas veces criticados por mujeres que, sin embargo, no han pasado a la historia de nuestra cultura-. Cada vez que aparece una mujer o un hombre, el conglomerado simbólico se pone en marcha hasta llegar a sepultar bajo un estereotipo la condición humana de la persona individual. El hombre occidental sirve para representar lo humano, la mujer para una especificidad subalterna anexada a un hombre. El lenguaje no es neutro ni aséptico ni universal. La estructura simbólica de nuestra esfera lingüística occidental es algo sin la cual ninguna cosa humana es, en nuestra actualidad histórica, concebible ni pensable. Nada, pues, ningún lugar en el que aparezca una palabra o una imagen, sea un texto legal, científico o religioso, una valla publicitaria o la inscripción de una camiseta que nos cruzamos en la calle es inocente respecto al sexo, la raza, la etnia o la clase. El lenguaje encierra múltiples códigos que levantan nuestra confianza, nuestra tranquilidad reconfortante o nuestra inquietud, nuestros miedos y nuestras sospechas. Hay un molde básico: él/ella. Nuestro pasado nos ha puesto en contacto con universos concretos de organizaciones simbólicas, de signos que se remiten a esa dualidad, cada nueva palabra ha de acomodarse a uno de esos dos moldes y adquiere matices femeninos y/o masculinos. El yo no es nunca neutro: es sexuado, es un yo/él o yo/ella. Esa doblez, explícita en el pronombre de tercera persona, se refleja en muchas otras y quizás hubo un tiempo en que en nuestras lenguas occidentales ese pronombre no fuese tan manifiestamente doble sino triple, tal vez en esa época existió un tercer sexo y lo cierto es que hubo momentos en Europa en que no se clasificaba solo en dos sexos sino en tres pues el hermafrodita tenía reconocimiento legal.
    Como el lenguaje no es aséptico sino que cada palabra mueve nuestro mundo de emociones y despierta nuestras sensibilidades, como cada sonido levanta nuestra confianza o nuestra sospecha, la contrapartida de ello es que, por medio de las palabras, sería posible modificar lo que una persona piensa o siente. Una buena parte de la publicidad apela, de hecho, a nuestro sistema de filiaciones iconográficas y lingüísticas y su éxito o fracaso depende del hecho de que nuestra conducta es modificable en función de los vínculos que establecemos con las palabras y las cosas, no en tanto meros objetos materiales sino en tanto símbolos que nos provocan apego o desapego, afecto o repulsión. De nuevo, feminidad y masculinidad o aún, lo masculino como universal y lo femenino como subalterno, específico y dependiente son códigos o estructuras básicas de nuestro modo de organización social que exigen intervenciones de tipo legal y por supuesto, constitucional.
    En las reformas constitucionales llevadas a efecto en Europa en relación con el carácter cultural y social del sexo y derivadas de investigaciones universitarias que se materializaron en convenios internacionales, concurren dos elementos que no se dan en España. De una parte, la falta de una definición clara en el texto constitucional de la igualdad de sexos; de otra, la necesidad de afirmar constitucionalmente la igualdad sexual-cultural de mujeres y hombres, así como la necesidad de una democracia que no sea simbólicamente excluyente para las mujeres.

    Un saludo

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  2. #2 by Angel Antón on 28 julio, 2011 – 8:21

    Hace muchos años que estoy trabajando en este asunto y me he juntado en grupos diferentes que persiguen lo mismo. Tengo en mi disposición tanto propuestas como estrategias para conseguirlo en menos de 4 años. Una propuesta sin estrategia de poco sirve cuando sabemos que TODOS los poderes (…)

(…)

(seguir leyendo)

http://iniciativadebate.wordpress.com/2011/07/27/reflexiones-y-dudas-en-el-trayecto-a-una-%e2%80%9cnueva-constitucion%e2%80%9d/

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