MISERERE.- Poema de Carmen Formoso Lapido

Él camina lento implorando auxilio

para no caer en la nada del vacío,

con la mirada ausente del momento,

buscando una señal de piedad, un milagro,

y pidiendo perdón por lo que nunca hizo,

espera un algo, sólo un punto de apoyo,

y, sin asomarse a la ventana ni agitar sábanas,

oculto entre filas de necesitados derrotados,

él sigue buscando solidaridad y comprensión

para aliviar sus cicatrices y postración

esperando la ansiada paz, sin lapidación,

dentro de su deliberada soledad.

 

Cenando en plena soledad y silencio,

aspiraba los efluvios eléctricos

dejados por la tempestad en la atmósfera,

y su corazón se dilataba deseando

absorber aquel ambiente abismado

que se desvanecía como humo,

causándole una extática somnolencia

con un rescate del pasado

y un fundido reencuentro de libertad,

y se le fueron abriendo los ojos

queriendo borrar el camino andado,

camino de nómada perdido en un desierto

y camino de forastero en todos los lugares,

sin anfitriones, valorado solo con su mente,

y no habiendo nunca abogado por causa injusta,

aumentaba su desconsuelo,

sabiendo que sus palabras nadie oye,

palabras que no son de manteca blanda,

y que salen de un corazón sin rencor

azotadas por vientos entumecidos

por aguas ocultadas y sombras alargadas,

barrera infranqueable por su oscurantismo.

 

Consternado y abatido

acampó para orar en un desierto

y llegado al alba seguía orando

hasta que a lo lejos divisó un monte extraño

por el fuego desolado…

Fuertemente atraído por su aspecto,

recogió sus bártulos y caminó ligero,

y vio los restos de un reciente incendio

y cubrió con ceniza su cabeza,

ceniza mezclada con el llanto,

y clamó al cielo culpándolo

por haber mezclado los Cinco Elementos.

 

Iniciaría su viaje de regreso

sin saber cómo ni a dónde regresar,

pues nunca se había detenido a pensarlo,

y al tratar de entender su regreso,

quedó atrapado en la confusión más enredada,

hasta conseguir  despertar sus cinco sentidos…

Y su mente cobró existencia

y su fuerza se volvió hacia dentro,

y no sabe cómo sucede eso…

 

Sabe que los pensamientos persisten o se van,

aquellos que persisten crean deseos,

aquellos que crean deseos complican la mente,

y como siempre hay algo que enloquece

comprende que no experimentará jamás la paz…

Y él sufrió siempre por falta de paz,

pero advirtió que es el precio por estar vivos,

y supo que la paz es la ausencia de energía,

y que eso es estar muerto…

Y si todos sus pensamientos,

revelaban su necesidad de paz,

entonces su respiración perdería ritmo
y se encontraría sin aliento y con paz.

 

Y por fin lo entendió…

Y sabiendo que la paz sale de su pensamiento,

con palabra y acción unificados,

inicia los Kýries, eléison,

y canta el “Gloria in excélsis deu”

por la paz

 

                      Poema de Carmen Formoso Lapido

 

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