LAS INFRANQUEABLES MURALLAS DEL MERCADO POLÍTICO, por Eduard Punset

El mercado político tiene unas murallas que lo convierten en inaccesible a cualquier mente que no forme parte de la estructura interna y subvencionada por el Estado. En ese sentido no es justo que algunos políticos respondan a las críticas alegando que las reformas se tienen que impulsar únicamente desde dentro. La ciudadanía, la sociedad civil, el mundo empresarial, universitario e investigador suman mucho más que las personas aglutinadas en los partidos políticos y no es fácil que estos se hagan eco rápidamente de nuevos despertares.

 

A esos partidos, los colectivos mencionados otorgaron por circunstancias históricas la representación de todos, hasta prueba de lo contrario, es decir, hasta que aquellos a quienes se otorgó, democráticamente, la representación de todos se nieguen a escuchar las sugerencias e ideas de reformas que flotan en cónclaves dispares, escritos, discusiones, tesis doctorales, libros, comentarios, discusiones en plazas públicas o redes sociales, en definitiva, en la opinión pública. Se trata de nuevos consensos sociales que pueden interesar a la gran mayoría en proceso de formación, pero que pueden no interesar a las personas e intereses atrincherados en la política anterior.

¿Han cristalizado ya algunos de esos nuevos pensamientos que en un futuro no lejano formarán parte del nuevo estado de cosas –gusten o no gusten a los políticos de dentro y de fuera del establecimiento–? Para empezar, sería bueno fijarse únicamente en aquellas tesis comprobadas ya y que cuentan con el parecer mayoritario de los ciudadanos. Vale la pena apuntarlas.

Primero. No parece que guste a la mayoría o que conduzca a mejores horizontes la vieja división del país en derechas e izquierdas, que antaño condujo a la horrenda Guerra Civil. Es más importante contar y agruparse en torno a los que están por delante de los problemas más acuciantes –como los sistemas de representación democrática, la reforma educativa, el medio ambiente o la energía– que los que siguen detrás, defendiendo viejos mitos inservibles en el mundo moderno como el control del estamento jurídico por los partidos políticos. Por favor, la sociedad en pleno está irritada por el discurso político cuando es más ideológico que centrado en problemas concretos.

Segundo. Es de sabios aceptar que se cometió un error en la transición política extendiendo el poder de los partidos políticos para controlar a los estamentos judiciales. Se violó el principio sacrosanto de la separación de poderes para dar mayor peso a instrumentos como los partidos políticos, que apenas habían existido durante el franquismo. Fue un error descomunal de cuya importancia no se percataron los políticos procedentes del franquismo, pero que habían aceptado el objetivo de la restauración democrática.

Tercero. Nadie disiente de la necesidad de democratizar los partidos políticos y devolver el poder de elección a los ciudadanos. No es tolerable que las listas de los candidatos a las elecciones las confeccionen los estados mayores de los partidos sin que los ciudadanos tengan nada que decir. El sentir general está en contra de las listas cerradas. No se puede hacer oídos sordos a este clamor popular; por lo menos, todo el rato. Fue el sentimiento equivocado que imperó inmediatamente después del franquismo, de nuevo, de que había que dar mucho poder a los partidos políticos para que pudieran estructurarse.

Por último, los excesos del sector inmobiliario y las heridas infligidas al paisaje muestran claramente que nunca se debió haber permitido que el urbanismo financiara directa o indirectamente a los partidos políticos y entes municipales con el acuerdo de los dos. Es también urgente corregir esta situación.

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©EDUARD PUNSET, en su blog. 12 de junio de 2011.

Archivado en: TRIBUNA LIBRE — 12 June, 2011 @ 18:17

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