Nuevo contrato social…

                                                

Nuevo contrato social

El hombre ha nacido libre, y sin embargo, vive en todas partes entre cadenas. El mismo que se considera amo, no deja por eso de ser menos esclavo que los demás. ¿Cómo se ha operado esta transformación? Lo ignoro. ¿Qué puede imprimirle el sello de legitimidad?

Así comienza un texto conocido como “El contrato social” en 1762. En resumen este texto nos relata que para vivir en sociedad, los seres humanos acordamos un contrato social implícito, que nos otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad de la que dispondrían en estado de naturaleza. Siendo así, los derechos y deberes de los individuos constituyen las cláusulas del contrato social, en tanto que el Estado es la entidad que creamos para hacer cumplir el contrato. Todos los miembros del grupo debemos estar de acuerdo por voluntad propia con el contrato social, en virtud de lo cual admitimos la existencia de una autoridad, de unas normas morales y leyes, a las que nos sometemos.

El año que viene cumplirá 250 años y a pesar de eso, su actualidad es sorprendente. ¿Ha pensado usted en el contrato que ha firmado, el contrato social que está vigente? ¿Ha leído usted sus cláusulas, su letra pequeña? ¿Actualizó los términos cuando cambió de opinión, cuando descubrió que no quería seguir firmando estos acuerdos?

Cuando descubrió que el mundo era así gracias entre otras cosas a que usted firmaba sin rechistar cada mañana ese contrato que le ponían delante, entre anuncio de coches y de colonia, entre la Navidad y la semana blanca…en cualquiera de esos momentos en los que usted no tiene tiempo, que bastante hace ya con trabajar, con sacar adelante su casa, a su familia, en ser buena gente y en no perder su trabajo, que no está el tema para hacer tonterías.

Tiene usted razón, y también en estar cansado en que, al final, sólo se trate de eso, de terminar el día, la semana, el trienio o su tiempo, habiendo comido o trabajado lo suficiente. Quizá usted pensó que esto era más, lo soñó, seguro, que esto no tenía que ser una jungla, que colaborar era mejor que enfrentar, que entre todos teníamos alguna posibilidad de dejarle el patio limpio a los chiquillos. Seguro que algún día pensó que eso era posible, o al menos que sería hermoso. Y tampoco se acuerda del día que se olvidó y firmó el contrato que le pusieron delante. El contrato en el que renuncia a tanto que no lo quiere ni pensar, ni releer.

http://nuevocontratosocial.wordpress.com/

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