PIOLÍN Y LA LINDA GATITA.

A Piolín lo llevé en el avión desde Canarias a La Coruña hace un tiempo; me lo regalaron con el equipo entero (su jaula dorada, su manta de viaje y su ”billete” de avión en condiciones). Me dijeron:

—Te alegrará la vida con sus trinos. Llévatelo, mi niña, que no te pesará…

Y aquí, en La Coruña está, cantando que es la envidia del barrio, porque es un canario nacido en Canarias, un canario de verdad.

No tardó en conocerme, en quererme y en buscarme al entrar yo en su cuarto. Y, ladeando la cabeza alegre, se balanceaba en su columpio. Yo le acercaba un dedo y me lo picoteaba insistentemente, y de este juego él no se cansaba, me cansaba yo. Pasaba horas balanceándose en el columpio, azuzándolo con el cuerpo en busca de un balanceo más fuerte y, agarrado con una patita a la barra lateral, lo conseguía… Le puse un bañito amarillo de plástico dentro de la jaula y en él se bañaba cuando tenía calor; y al sacudirse mojaba todo su entorno… Pero era una maravilla cantando.

Cuando llegó Linda Gatita a casa, ya hacía cinco meses que tenía a Piolín. Linda Gatita tenía tres meses, era muy, muy pequeña, curioseaba por todas partes y se refregaba en cada rincón; no tardó en trepar por las paredes y los dinteles de las puertas, en meterse dentro de los armarios donde permanecía quieta, en silencio absoluto, con las orejas tiesas como antenas, hasta que yo volvía y le abría; se colgaba de las cortinas y las rajaba de arriba abajo, se metía en las bolsas y asomaba sus ojitos encantadores, cándidos y moviéndose como una diosa, meneaba su rabito… Pero me di cuenta de que Linda Gatita estaba practicando para poder saltar también sobre el inocente Piolín. Y entonces tuve que colgar la jaula más alta, donde Linda Gatita no pudiese llegar. Llegar no llegaba, pero sentada frente a él pasaba largas horas quieta observándolo, relamiéndose y a veces maullándole tímidamente…

Dice Adriano Bachella cosas preciosas de los gatos que acompaña con fotos perfectas y reales. Yo adoro a Linda Gatita porque es la gata más preciosa de todas, y cuando leo a Adriano la estoy viendo a ella. Y dice Adriano: un gatito no pide, coge… ¡Es cierto!…

Desde hace miles de años, el gato fascina a los escritores y roba el corazón de pensadores, filósofos, inventores, científicos… Todos quedan cautivados por sus movimientos sinuosos, elegantes y altivos, de ese cazador felino, que inspiró cuadros, versos, películas… Y desde Leonardo da Vinci, que escribió “hasta el felino más pequeño es una obra maestra”, hasta Doris Lessing, autora contemporánea de uno de los poemas más apasionados dedicados al gato:

(…) oh, gato; debería decir o rogar:

¡Maravilloso gato! ¡Delicioso gato!

¡Exquisito gato!

¡Gato como un suave búho,

gato de patas falenas,

precioso gato, ¡milagroso!

¡gato, gato, gato!

Y mi Linda Gatita no deja de asombrarme, de despertar mi ternura, mi admiración, mi… ¡devoción!… Linda Gatita me hipnotiza con su mirada…

(…) en esta suerte adversa

yo me confío a ti,

oh, hermoso gato

me parece tener frente a mi dos estrellas

y encontrar el viento del norte

en medio de la tempestad.

Torcuato Tasso

Muchos pensadores han sabido entrever en el gato miles de rasgos diferentes, y el papel de refuerzo moral en momentos de sufrimiento, como el gato Joffrey que ayudó al poeta Smart a superar el duro encierro en un hospital de enfermos mentales.

Mi Linda Gatita es delicada, cariñosa, tiene carácter, tiene gracia hasta para hacer lo que le de la gana; con una agilidad increíble juega con todo lo que llama su atención, salta desde no sé dónde a mis hombros, me despierta a la mañana subiéndose a mi cama, con un abrazo peludo de esos largos, largos, largos y caliente, y ronronea abrazada a mi cuello, esperando paciente a que yo haga el primer gesto de incorporarme…Y sobre mi hombro espera hasta que me muevo para preparar el desayuno, y mientras lo hago permanece sentada en una banqueta sin quitarme ojo, con una mirada cristalina, inocente, dulce y… ¡tan elegante!… Cuando Linda Gatita tiene frío es cuando más se acerca, busca el calor humano…

Es una esfinge que ha veces miente, a veces es fiera salvaje, ladrona, perezosa y oportunista, pero… Además es mi fantasma nocturno, el que ronronea y bufa a los de fuera antes de enseñar las uñas; la comprendo, porque he observado que ella siempre tiene un motivo muy oculto…

Nadie se puede resistir al encanto de un gatito, y Linda Gatita lo sabe bien… Sentada, imperturbable, con una mirada profunda, filosófica, rodeada por un aurea misteriosa, permanece horas enteras observándome desde un lugar estratégico y, si se le acercan, desparece y se esconde donde nadie pueda alcanzarla, porque sólo admite caricias de sus próximos… Y si más tarde no puede salir, me envía grititos lastimeros para que la ayude y después me come a lengüetazos… ¡Su sensibilidad es tan compleja!… ¡Es tan independiente!… Y sin embargo ¡es tan feliz entre nosotros!

Me pregunto cómo una criatura tan inteligente, llamémosla sabia, hermosa y refinada, limpísima por herencia genética, puede vivir tan independiente con seres como nosotros… Eso también se lo preguntaron los filósofos a través de los siglos, no es una reflexión espontánea nueva, no, no es mi reflexión, es una reflexión tan antigua como el pensamiento del hombre…

¿Qué más podría decir de ella? ¡Adoro a Linda Gatita!

Versos de un anónimo gatófilo:

Cuando Dios creó al gato

no siguió ninguna receta

pero sabía una cosa:

tenía que ser dulce,

entonces puso miel

y añadió un poco de hiel,

hizo de él un equilibrista,

con la gracia de un artista

los ojos grandes y curiosos

los cogió de los niños juguetones

… y adaptó su figurín

para que le cupieran como a un modelo

todos los anillos de su mantón.

Hemingway, en su casa de Cuba, Finca Vigía, tenía treinta gatos, a los que quería apasionadamente, y para los que construyó una casita con camitas y letrinas, porque, según decía, un gato tira de otro, es inevitable.

Ciertamente, el hombre puede domesticar a muchos animales, no al gato, pero sólo el gato puede domesticar al hombre.

                                     Carmen Formoso Lapido

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