HOJAS DE HIERBA: CANTO A MÍ MISMO (Walt Whitman)

 

POEMA

 

 

He oído lo que los parlanchines decían… el discurso

Sobre el principio y el fin,

Pero yo no hablo ni del principio ni del fin.

 

Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora,

Ni más juventud ni vejez que la que hay ahora;

Y nunca habrá más perfección que la que hay ahora,

Ni más cielo ni infierno que el que hay ahora.

 

Impulso, impulso, impulso,

Siempre el impulso procreador del mundo.

De la penumbra avanzan antitéticos iguales… Siempre

La sustancia y la multiplicación,

Siempre la síntesis de una identidad… siempre la

Diferencia… siempre la creación de vida.

De nada sirve elaborar… los doctos y los ignorantes  lo

Saben.

 

Seguros como la certidumbre más segura… a plomo los

Montantes, bien cimentados, trabados a las vigas,

Fuertes como un caballo, afectuosos, soberbios, eléctricos,

Aquí estamos yo y este misterio.

 

Clara y tierna es mi alma… claro y tierno todo lo que no

Es mi alma.

Falta uno y faltan ambos… y lo invisible se prueba por

Lo visible,

Hasta que éste se hace invisible y es probado a su vez

 

Al mostrar lo mejor y separarlo de lo peor, una generación

Humilla a la otra,

Al conocer la perfecta armonía y ecuanimidad de las cosas,

Mientras discuten, callo y después voy a bañarme y a

Admirarme.

 

Estoy satisfecho… veo, bailo, río, canto;

Como Dios viene mi amoroso compañero y duerme a mí

Lado toda la noche, se pega a mí al despuntar el día,

Y me deja canastos cubiertos con lienzos blancos que llenan

La casa con su abundancia,

¿habré de demorar mi aceptación y mi realización, habré de

Gritarles a mis ojos,

Que dejen de escrutar el camino,

Y que me descifren sin dilación y me demuestren al

Céntimo,

El valor exacto de uno y el valor exacto del otro, y cuál de los

Dos vale más?

 

HOJAS DE HIERBA: CANTO A MÍ MISMO

 

(Walt Whitman)

 

Anuncios

A Torre Vixía : Parte de Europa se apunta a un bombardeo´.

Estados Unidos y algunos países de Europa (Francia, Italia y España especialmente) acaban de apuntarse a un bombardeo. El objetivo de este bombardeo es destruir las armas y defensas que le hemos vendido al dictador y que este, contra todo pronóstico, utiliza para mantenerse en el poder. Nosotros creíamos que compraba carros de combate para arar los desiertos, y cazabombarderos para fumigar los cultivos, y explosivos para abrir carreteras y hacer embalses de agua dulce. Pero el bobo de Gadafi, que no está civilizado, empezó a usar las ametralladoras y los carros de combate para matar gente, y los aviones para bombardear. Y nosotros, que somos los buenos, tenemos que ir a defender al pueblo que pagó las armas que nosotros exportábamos.

Desde la perspectiva militar lo hicimos tarde. Pero hay que comprender que no se puede bombardear el frente de batalla hasta tener claro qué bando nos conviene más. También pudimos tomar las decisiones de otra manera, pero Sarkozy -cada día más fulero, y muy cabreado porque le llamaron payaso y le descubrieron las donaciones electorales- adelantó la jugada e impidió que la guerra se iniciase, como le gusta a la gente, con todos los protocolos. Porque en cosas de insultar y de intervenir arbitrariamente solo Occidente es soberano, y solo a la OTAN le es lícito hacer demostraciones de autoridad, al estilo Lalín, «con razón ou sen ela».

Podríamos atacar con un criterio -contra las dictaduras, por ejemplo- pero eso pondría en riesgo a nuestros amigos de Bahréin, Arabia Saudí, Kuwait y Pakistán. También podríamos intervenir para estructurar las naciones de forma democrática y de acuerdo con los derechos humanos. Pero eso nos obligaría a llamar a capítulo a Israel, Marruecos, Siria, Irak, a toda África y a media Asia. Y podríamos justificar nuestra intervención con un discurso democrático y jurídico sin fisuras, pero ese discurso ofendería a China y a Rusia. Y por eso es mejor la arbitrariedad, el bote pronto y el «daquela maneira», sin que se sepa por qué aquí sí y allá no, ni qué plan tenemos para Libia, ni quiénes son los rebeldes a los que vamos a ayudar, ni si nuestros bombardeos van a causar cien veces más muertes -así sucedió en Afganistán y en Irak- de las que pueden evitar.

Lo más probable es que Libia degenere en una interminable guerra de baja intensidad, con Gadafi o el gadafismo en uno de los polos, o en una masacre como la de Irak. Y lo absolutamente seguro es que Libia se encamina a un Gobierno de títeres que van a simular la democracia al servicio de Occidente. Porque, aunque la idea de defender la libertad de los pueblos es genéricamente indiscutible, las intervenciones de Occidente siempre se organizan desde una mentalidad conspirativa y carroñera. Y por eso el mundo es cada vez más violento y más injusto.

                                                                       La Voz de Galicia.es

                                                                    (0pinión: A Torre Vixía)