No te aferres

 

Lo que todos buscamos y queremos es afecto. Y dados a querer, lo queremos todo, por todas partes, y lo absorbemos como esponjas secas, y nos volcamos en ese calor que brota de alguien, que recibimos, que tomamos y después invertimos sobre los que nos rodean, porque lo refleja nuestro rostro, y por ese pensamiento altruista tan humano de “ellos también lo necesitan”. Y como todos pueden testimoniar que recibimos ternura, nosotros lo exteriorizamos con orgullo. Es una rutina: tomar y dar; tener o no tener; amistad o amor; cariño y ternura… Unos se aferran a los cargos, otros a los privilegios y al poder, y a todo lo que consideren valioso o importante en su vida, y a la burbuja infantil tan lejana, hasta hay quien se aferra a los sillones, al ordenador, a la rutina, al pasado, a los recuerdos de un tiempo de amor y rosas, y viven esa vivencia una y otra vez porque la tienen atrapada en la memoria y es el elixir de su existencia… Hasta que algo insólito altera el equilibrio… Y entonces sentimos miedo porque hay que romper amarras y todo se derrumba de pronto, y es cuando nos aferramos a un clavo ardiendo.

                                                                               Carmen Formoso Lapido

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Las flores del mal.

(…)Tenemos, es verdad, naciones corrompidas,

De los antiguos pueblos, bellezas no sabidas;

Rostros roídos por llagas del corazón

Y bellezas que tienen lánguida sugestión.

Mas esas invenciones de unas musas tardías

No podrán impedir el correr de los días

Que las razas enfermas, decadentes, del mundo

A la juventud rindan homenaje profundo

A la juventud santa, simple, de dulce frente,

La de mirada límpida como clara corriente,

Y que va a todo dándose así, sencillamente,

Como el azul del cielo, las aves y las flores,

Sus perfumes, sus cantos y sus dulces calores.

 

                          C. Baudelaire


[c1] la juventud santa, simple, de dulce frente,